lunes, 24 de abril de 2017

Zona de confort



Sé que lo que sigue quizás escueza. Pero esta columna no se levanta cada lunes para hacer amigos. Ni para navegar siempre a barlovento. Verán, en medio de tanta festivalización de la política del cambio, de tanta exaltación del buenrrollismo, echo en falta la disidencia, la protesta, la manifestación,  la movilización. Gestos de una época que movían los  latidos de esta ciudad pionera en resistencias. Sin embargo, hoy hay una inflación de entidades, colectivos, asociaciones y grupos que gesticulan de manera similar, que se mueven en la misma dirección resultando inofensivos para las agendas políticas oficiales.  Solo el movimiento okupa juega a la contra y crea contradicciones.
Y es que pareciera que  el virus del mucipalismo participado hubiera desactivado lo que en tiempos fue arte y parte de esta Iruña disidente. Como si los movimientos y asociaciones vecinales, los colectivos, los grupos de presión, hubieran olvidado la protesta y la crítica radical  acomodándose en esa zona de confort que nos ofrece la  participación institucionalizada. Y no, no estoy en contra de ella. Me parece que es la única forma de control democrático. Pero me  preocupa esta deriva hacia el silencio cómodo, la autocensura, la mirada para otro lado, la uniformidad de palabra obra y omisión o  la renuncia. Y me dirán que las luchas ya de por sí están desactivadas. O que hay una sobreabundancia de actos de revuelta individual.  Pero creo que no es la debilidad de las luchas lo que explica el abandono de toda perspectiva crítica o  revolucionaria. Porque se puede seguir hablando así, ¿ o no?. Es la ausencia de toda perspectiva radical lo que explica la debilidad de las luchas. O la ausencia de ellas. Y sí, pese a todo, hay razones envueltas en cuerpos y realidades que nos reclaman. Por encima de las lógicas participativas.   


Artículo publicado el día 24 de abril en Noticias de Navarra, día en que una de las máximas responsables del PP, Esperanza Aguirre, dimite. No por convicción, sino por pura presión de un partido enfangado en la ciénaga.