lunes, 26 de junio de 2017

"Heminguay" no vendría


Desde hace años dedico una columna a los Sanfermines. Siempre quiero que sea la ultima. Porque es muy ingrato ser un aguafiestas. Y porque en el ADN pamplonés está escrita la inmunidad del santo. Y es que, de esta fiesta colaboracionista y despolitizada solo quedan los restos del despiece y una memoria de saldo. Los Sanfermines son, hoy por hoy, con la colaboración de todos: colectivos, peñas, ayuntamientos de derecha e izquierda, instituciones, grupos de presión, hostelería, medios de comunicación y otros agentes tangibles e intangibles, una fiesta capitalista de primer orden. Y  en ella no hay  presunción de culpa alguna. Así que de una fiesta sin igual hemos pasado a una marca sin igual. Y todos batiendo palmas. Pero el precio es la precarización de miles trabajadores al servicio de la fiesta, la exclusión de muchos ciudadanos de la misma y  el exilio forzoso de miles de ellos. Además de generar un terrorismo inmobiliario y una gentrificación homeopática  del casco viejo sin compasión. Eso sin contar la insostenibilidad ecológica ni la incómoda contradicción que genera la intocable fiesta taurina. Por no hablar del “todo vale” del que hoy renegamos pero del que todos hemos participado en nombre de la exaltación de la amistad, el buenrrollismo y el guayismo sin compasión. Son las cosas que el santo no ve.  Y  es que como alguien ha comentado, pareciera que nadie se atreve a matar a la gallina de los huevos de oro. Porque los Sanfermines son eso, cuestión de huevos y de oro. Porque este modelo festivo sirve a muchos intereses, comerciales e ideológicos. Y porque sin el escenario sanferminero, muchos perderían grados de influencia simbólica. Y otros muchos su cuenta de resultados. Los Sanfermines no requieren otra gestión diferente, sino abordar un modelo diferente de fiesta. Y dudo que queramos hacerlo. Así las cosas uno se pregunta si Hemingway volvería a Casa Marceliano.

Artículo publicado en Noticias de Navarra el día 26 de junio de 2017 



lunes, 19 de junio de 2017

Para echarse a temblar


Según fuentes de la Dirección General de Trafico, en una semana, la Guardia Civil de Tráfico ha detectado más de 2000 positivos en alcohol y drogas. En una semana. Eso quiere decir que, en un mes la cifra alcanzaría 8500. En un mes. Y en un año, según estas cifras y progresiones,  llegaríamos a los 92.500 positivos en alcohol y drogas. Esto teniendo en cuenta que la Guardia  Civil puede detectar, en el mejor de los casos, a un tercio de los potenciales infractores. A esa gente que va puesta hasta las trancas.  Un tercio. Y ya es mucho pillar. Según esta estimación, que me corrija la Guardia Civil, en un año pueden circular por las carreteras españolas casi 276.000 personas puestas hasta arriba  de alcohol y drogas. Muchos y muchas, verdaderos asesinos de la carretera y suicidas renegados del presente. Esta es la realidad de un país a la deriva. No por el consumo. Allá cada cual cómo juega con su vida. Sino por las causas que nos llevan a esta locura que genera miles de muertos en las carreteras. En un país de amplias mayorías que viven en la precariedad y la pobreza, el desempleo y el maltrabajo, la soledad, la inseguridad, la locura,  la mala salud, física y mental, el abandono, la violencia, la insatisfacción y la virtualidad de una vida en la que no hay nada a la vuelta de la esquina. Solo un caos de satisfacción bastarda renegada del futuro. Entonces solo queda  beber o ponerse hasta las trancas de cualquier cosa. Para retarle a Mariano y su buena marcha del negocio España.

lunes, 12 de junio de 2017

Turismo por decreto



Cuando unas ciudades se han dado cuenta del  impacto del turismo de masas, la nuestra declarará al Casco Viejo Zona de Gran Influencia Turística. Con dos. Y nadie dice nada. Todo dios contento. Como si hubiera que aceptar hasta los errores equivocados. Como si a falta de la urgente revisión de la deriva de este barrio, este ayuntamiento  quisiera firmar su epitafio. Dicen que lo hacen  obligados por una normativa estatal. Cierto. Pamplona pasa de 600.000 pernoctaciones anuales y ello nos obliga a crear esta figura. Es verdad. También lo es que podíamos objetar, o negarle  a Madrid su norma. O buscarle la vuelta. O decidir de otra manera. Por ejemplo, y solo como ejemplo argumental, podíamos declarar ZGAT a Etxabakoitz, ese  vergonzante yermo urbano donde el impacto sería simbólico. Pero no. Este ayuntamiento elige el Casco Viejo porque así la afección será mínima. Porque los comercios  no van a ampliar su horario, eso  dicen. Esto me suena a equilibrismo argumental  y a cortoplacismo estratégico. No sabemos qué perspectivas hay con algunos edificios  del Casco Viejo pendientes de compra: el histórico Unzu, o Euskalpiel,  en la calle Zapatería. Pero hay más. Ha sido una bandera de ciertos políticos negar la libertad de horarios. Por las consecuencias que trae. Y ahora, para salvar el marrón, echamos mano del Casco Viejo donde todo cabe. Hasta lo imprevisible. Y para no romper el equilibrio del resto de la ciudad, seguimos rompiendo nuestro barrio, donde el espacio se ha convertido en una mercancía más, donde hay procesos de invasión, atomización de actos, segregación y escasez de zonas verdes, defunción del comercio tradicional, terciarización selectiva, muchas viviendas vacías, problemas de aparcamiento, polución y contaminación acústica y una hostelería extractiva dueña del espacio público. Y en medio de este pantanal, declaramos al barrio epicentro turístico. Joder, un poco de cordura.

Artículo publicado el día 12 de junio de 2017 en Noticias de Navarra

jueves, 8 de junio de 2017

Prostitucionismo



Dicen que es el oficio más antiguo del mundo. Pero servidor cree que es la dominación más antigua conocida. Y es que últimamente es habitual admitirla como un hecho incuestionable, como si fuera una viga maestra que sustenta las relaciones entre hombres y mujeres. Como si esta práctica de opresión patriarcal hubiera cambiado de acera o le hubiéramos dado la vuelta para mirarla de otra manera, más amable. Pero ha sido el feminismo el que nos ha enseñado y demostrado que la prostitución no es solo un mordisco feroz en las carnes de la historia. La prostitución es un mecanismo de dominio y subyugación de las mujeres. La prostitución fue la patente de corso del patriarcalismo protocapitalista y lo sigue siendo con el tardocapitalismo neoliberal. 
Y hasta la fecha nadie, o casi nadie, cuestionaba esto: que la prostitución es una transacción siniestra del poder machista que perpetua una sumisión patriarcal a través de la dominación del cuerpo y el deseo. Y esta definición, primero feminista y después marxista en sus versiones más radicales, siempre ha sido admitida por el movimiento feminista. Otra cosa es que ahora se cuestione. Que ahora se venda que la prostitución es libertad y de paso, feminista. Y aquí interesa analizar esa deriva, sus efectos y sus consecuencias para las mujeres: el por qué hoy ir de putas ya no es cuestionable, el por qué el coño de las mujeres es un instrumento de trabajo, el por qué la prostituta ya no es una víctima, sino una mujer libre y además empoderada a través de su cuerpo en venta, el por qué una trabajadora sexual se presenta casi como una heroína que destroza las expectativas de los anticuados comportamientos femeninos, el por qué los hombres están ausentes de esta historia. Y es que hoy pareciera que la prostitución se define más por quien vende que por quien compra. 
Qué ha pasado para que la prostitución pueda ser considerada un nuevo derecho de pernada, pero democráticamente regulado. Y aquí sí que hay un salto. Y además mortal, porque ningún grupo de mujeres, al margen de su profesión o situación de vida, tiene una tasa de mortalidad tan elevada como las prostitutas. Alguien dirá que regulando se protege mejor. En Ámsterdam, donde la prostitución está legalizada, sigue habiendo asesinatos de mujeres prostitutas todos los años.
Entonces uno se pregunta qué ha ocurrido en el seno de ciertos feminismos para que se incorpore en el discurso legitimador el consumo de coños a cambio de dinero. Y que no pase nada. Y no solo no pase nada, sino que la posición abolicionista sea considera no solo conservadora, sino además hostil contra las mujeres prostitutas.
Y es que hoy, en pleno retroceso de libertades públicas, de los recortes sociales, de los discursos segregacionistas, en medio de la lacerante violencia de género, la cual ignora como víctimas a las prostitutas muertas por sus proxenetas, en medio del reblandecimiento de las izquierdas estéticas biempensantes; los nuevos discursos reglamentistas del mercado sexual están pidiendo paso para colocarse en la pole position del novísimo discurso liberador de los cuerpos para campear libres de victimismos.
Uno cree que seguir leyendo 

lunes, 5 de junio de 2017

El circo de Lodosa


Hay muertos que no buscan a sus asesinos. Ni siquiera se buscan a sí mismos. Solo quieren saber si queda alguien que les eche en falta. Porque hay muertos que no son de nadie. Son los más amargos. Porque siguen sin morir del todo.
Ocurrió en Lodosa. En La Plazuela. Eran la seis de la tarde del 18 de julio de 1936. La plaza olía a circo. Pero también a sangre y a moscas. Algunos ya sabían que el futuro se acababa allí. A esa hora. Otros prefirieron buscar dónde matar el calor de una tarde sangrienta. Y allí estaba el circo para sonreírle a un verano bastardo: el Circo Anastasini. Un circo procedente de Ceuta regentado por un italiano, Aristide Anastasini. En el circo había un elefante viejo y caballos y payasos,  y una niña amazona llamada Joana que cabalgaba un corcel blanco que giraba alrededor de un destino negro. Y había moros y negros y malabaristas de Madrid y payasos italianos y magos y funambulistas franceses del protectorado español de Marruecos. Cincuenta enamorados de una vida sin fronteras. Pero algunos de estos artistas que actuaron en Lodosa tenían los días contados. Solo por sonreír ante una banda de pistoleros alcoholizados de camisa azul y alma negra.
Al llegar la noche de ese fatídico día, los artistas huyeron de Lodosa ante la amenaza de un tiempo de muerte. Y en Lodosa se quedó el circo vacío, esperando que el tiempo estornudara. Años después, Eliseo Larrañegi, fallecido hace poco en Larraga, asistió al final de aquella función. Y es que, en el término de San Gil, entre Larraga y Lerín, se encontraron varios esqueletos y cráneos aún con pelo de adultos y niños. Los vio Eliseo en 1948 cuando iba buscando nidos en un yeco recién arado. Alguien dijo que eran los del circo de Lodosa. Pero, qué ocurrió. Por qué esa matanza franquista que hasta los demonios enloquecieron.
Alguien espera, desde el otro lado del tiempo, que la memoria descongele esta página negra. La de un circo que apagó sus luces bailando con la muerte.

Este artículo se publicó en Diario de Noticias de Navarra el día 5 de junio de 2017. Ayer mismo seguían apareciendo muertos sin nombre en una fosa en Urtasun, pueblo navarro donde fueron fusilados al menos cinco fugados del Fuerte de san Cristobal.