lunes, 29 de mayo de 2017

Más libros

El viejo Borges había llegado a Pamplona para  la inauguración de la 16ª edición de la Feria del Libro. Borges llegó con la idea de presentar su ultimo libro, El Aleph, un cuento que previamente había leído por teléfono a Marcela Abarzuza, responsable de una de las casetas de la Feria. Borges apenas firmó cuatro ejemplares de ese libro que contiene todos los libros en medio de un calor sanferminero. Calor que soportaba  el mexicano Juan Rulfo en la caseta de Gómez. Rulfo había llegado para promocionar una obra menor, Pedro Páramo. Y de paso evitar, si las ventas iban bien, el  cierre de esa librería emblemática. Los radicales libres  de Katakrak habían llamado a Jack Kerouac para que presentara su ultima novela, En la carretera, un libro que no hablaba de la vida, porque era pura vida. Henry Thoreau llegó con retraso a la caseta de la librería Walden. Se extrañó de ver su propio libro  ya editado por este último mohicano de la ciudad. En la caseta de Elkar, un tal Saizarbitoria hablaba con Roberto Bolaño. Ambos presentaban sus últimos productos, Ehun Metro y Los detectives salvajes. Saizarbitoria le preguntó a Bolaño el por qué de ese  título; porque salvaje es todo lo que nos salva, contestó el chileno. Esa respuesta despertó a Carson McCullers, que iba por el quinto Martini mientras promocionaba  en la caseta de Arista un texto raro: El corazón es un cazador solitario, un libro que según Marguerite Duras,  invitada por la gente de Auzolan, nos ayuda  a aceptar nuestras rarezas en medio de tanta incertidumbre.

 Al caer la noche, David Foster Wallace apestaba a hierba de primera. Se acercó a Borges y le presentó tambaleante unos garabatos de La broma infinita. Pero Borges ya estaba durmiendo. Entonces las casetas cerraron,  como esta columna que solo pide más libros y menos resacas. A no ser de buena literatura. 

Artículo publicado el 29 de mayo de 2017 en Diario de Noticias de Navarra. Pamplona vivía la 16ª Feria del Libro y un servidor había acabado de leer El año del pensamiento mágico, de Joan Didion. Supe, al acabar, que este libro nos pone delante de los abismos de la vida, de los imprevistos. Y nos destroza las certezas.Una de ellas, la más mortífera de todas, la seguridad de creernos libres de toda sospecha sobre nuestros cuerpos. 

lunes, 22 de mayo de 2017

Urgencias

Llegué a un lugar llamado Urgencias a las cinco de la tarde. A esa hora en que  uno quisiera naufragar sin salvavidas.  Llegué confundido, como quien descubre un sofisma envenenado. Como quien, de pronto, descubre la debilidad de sus miserias enganchadas a un cuerpo hecho jirones. Y es que cuando llegas a ese lugar inmaculado  nada evitará sobrecogerte. Fuera luce el sol, pero la luz espuria de Urgencias te anuncia que nada te pertenece, ni tu propia palabra inflamada. Y nada evitará que sientas que la vida es un antojo de la materia. Porque,  a no ser que tengas práctica en la disección de este territorio, entrarás en un estado de ansiedad negra.
Urgencias es un como un no lugar que diría Marc Augé. Por allí circulan toneladas de neutrones que sostienen cuerpos ulcerados. Pero también bi, el tiempo pasa de largo, como  como el de sa de largo buscando la ertenece, ni tu propia palabra inflamada. rvado por el peso llones de partículas en busca de la luz. Si detienes tu mirada en esa mujer con la cadera fracturada o en ese hombre infartado y encorvado por el peso de sus renuncias, verás que todo lo explica el vértigo o el miedo. O un calvario de soledades y  silencios. Lo verás también en tu ropa guardada en esa bolsa que contiene parte del día que has consumido. Esto indica  que allí el tiempo se ha atascado en un bucle de plata. Como el de esos relojes oxidados por la sonrisa de una momia. Porque en esa camilla en que ahora tu vida se agiganta o enmudece, el tiempo pasa buscando la complicidad de una risa o un gemido. Ese que oyes al otro lado de tu box, como llaman ahora a ese espacio glacial en que te alojan. Y es que uno entra en Urgencias sabiendo que el miedo y la angustia conjugan esos momentos interminables. Y solo esperas que todo acabe. Salir de allí para  volver a la certidumbre  con la que cada mañana te despiertas. Para todos y todas las que trabajan en Urgencias. Porque saben, como diría Cioran, que la vida es una combinación de química y estupor.
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Artículo publicado el día 22 de mayo en Noticias de Navarra. Un tal Pedro Sánchez creía  que había girado a un PSOE a la izquierda, pero servidor piensa que esto es solo es un fuego de artificio. Porque  los barones de rosa amarilla esperan, como las hienas huelen la carroña. 

lunes, 15 de mayo de 2017

El coño neoliberal


El pasado miércoles,  el Área de Igualdad  del ayuntamiento organizó un debate sobre la prostitución. Bienvenido. Se pretendía así visibilizar a las putas que quieren serlo,  justificar su trabajo y desestigmatizar sus identidades.
Estuve en el debate. Pero no me pareció tal. Porque el gran debate que arrastra el feminismo desde hace treinta años, entre partidarias de la regulación y la abolición, ni se olió. Allí solo se defendió la prostitución donde los compradores de sexo ahora no son puteros, sino bondadosos hombres faltos de comprensión que encuentran un coño libre de cargas emocionales y sin prejuicios ideológicos neoliberales. 
Me declaro abolicionista. Pero no he llegado hasta aquí  tirando de moral.  Ni victimizo a quien usa su coño como herramienta de trabajo. La prostitución, como dice Kajsa Ekis Ekman, no es otra cosa que sexo, a veces puro y a veces duro, y otras veces ni eso, que se da entre dos personas. Una que quiere y otra que no. Pero el deseo está ausente en esa relación. Ese deseo es el que se compra. Y esa transacción  sexual es la que genera y avala relaciones de desigualdad.  
Pero en el debate flotaba una idea trampa: hay quien libremente prefiere ser puta  a ser  cajera, limpiadora de oficinas o bombera. Que alguien prefiera ser puta a otra cosa, es solo culpa del capitalismo neoliberal que ha mitificado la libre elección de nuestras voluntades y mercantilizando hasta el último suspiro.
Ser puta puede ser una elección privada. Y solo así se explicará. Pero desde esa privacidad no se puede construir un discurso político de socialización sexual de los cuerpos. Así es como se está construyendo la nueva revolución sexual patriarcal. Y es que el nuevo prostitucionalismo  no libera los cuerpos de las mujeres, sanciona la dominación más antigua del mundo, la prostitución.

Articulo publicado el 15 de mayo de 2017, en Diario de Noticias de Navarra





lunes, 8 de mayo de 2017

Haciendo memoria

Campo de Gurs/Josu Chueca/ Archivo departamental de los Pirineos Atlánticos


Hay lugares que cuando llegas, sientes que han sufrido una cirugía demoniaca. Gurs es uno de ellos; un antiguo campo de refugiados entre 1939 y 1945 ubicado en el pueblo francés de Gurs, en los Pirineos Atlánticos. En 1939, tras el golpe fascista, muchos combatientes vascos tuvieron que cruzar la frontera buscando refugio. El estado francés construyó este campo que empezó siendo de refugiados y acabó siendo de concentración. En Gurs malvivieron y algunos murieron. Sabemos que en Gurs había 456 navarros y navarras. Y lo sabemos porque otro navarro empeñado en desentrañar esta historia lo cuenta en un libro de una intensidad y generosidad brutal: “Gurs, el campo vasco”. Josu Chueca es  historiador y dice que al finalizar la Segunda Guerra mundial, 60.000 personas habían pasado por allí. Y es que Gurs fue un eslabón más del universo represivo nazi. Un cementerio recuerda aquella tragedia iniciada con 2.745 vascos. Y varias placas memorialísticas que  distintas  comunidades autónomas han puesto para honrar a sus paisanos. A este recuerdo se ha sumado el Gobierno de Navarra. Lo hizo el pasado 30 de abril. Allí mismo, en Gurs. La consejera Ollo dijo en el acto de reconocimiento que era “una oportunidad para que el Gobierno de Navarra fortalezca su compromiso con la Memoria Histórica”.
Pero Vicenç Navarro nos decía hace poco que con la actual Ley de Memoria, es imposible recuperar la memoria histórica. Estoy con él. Porque hay una gran resistencia política a la rehabilitación y homenaje a las víctimas del régimen franquista. Porque las fuerzas ultraconservadoras que controlan hoy casi todos los escenarios de poder real en el reino de España son herederas directas del fascismo. Su argumento es que la memoria abre heridas. No. La memoria desentierra el pasado ocultado. Y eso escuece. Como la negligencia de los pornógrafos de la historia.

Artículo publicado el 8 de mayo de 2017 en Noticias de Navarra. Y para saber más: Josu Chueca








lunes, 1 de mayo de 2017

Paso cambiado


Hoy es fiesta. Y quizás usted, obrero de la Volkswagen, se haya ido de puente a La Rioja. Nada que objetar. Pero para muchos este es un lunes más al sol. Unos cuatro millones de personas que sobreviven con poco más de cuatrocientos  euros al mes. Gente que vive con el tiempo prestado en medio de una polvareda de impotencias.
En tiempos, hoy era uno de los días grandes del obrerismo de clase. Y sí, sigue habiendo obreros. Como Nora, una peruana que cobra dos euros por cada habitación que limpia en un hotel de aquí al lado. Como Ranjit,  que con  trece años trabaja en un taller textil de  Gujarat (India) y cobra 20 euros al mes por trabajar doce horas diarias. Como Luisa, que cobra 2 euros por la limpieza de cada portal. Ellas son otra clase. Pero este obrerío que hoy recorre dividido las calles de Iruña, juega en una liga muy diferente a las obreras de Sri Lanka o Marruecos. Además, las luchas ya no se dan entre patronos y currelas, sino entre gente con buen trabajo y obreros con contrato de una semana. Entre desempleados que cobran paro y quienes han agotado todas las prestaciones. O entre quienes cobran ayudas sociales y quienes no. Esas son las clases fragilizadas y enfrentadas entre sí. Nuevas clases ultraprecarizadas e invisibilizadas. Gentes que no están en las manifestaciones de hoy. ¿Que  por qué no están? Unos dirán  que porque no quieren. O porque no tienen “conciencia de clase” dirán otros.  No. No están porque pese al griterío, nadie les representa. Porque no tienen ningún sentimiento de pertenencia comunitaria. Porque no encuentran solidaridades de clase. Porque sus necesidades descuadran las agendas sindicales. Son la infraclase individualizada y condenada a la gestión de su propia miseria. Hoy es primero de Mayo pero uno siente que a  esta  fiesta le sobran banderas y le faltan abanderados. Y también un hilo rojo que volver a enhebrar.

Artículo publicado el 1 de mayo de 2017 en Diario de Noticias de Navarra. Este día toda España apestaba a corrupción. Todo estaba envilecido y pareciera que iba a desmoronarse en medio de un Estado de esterilidad política. Pero en medio de tanta decepción,  lo único que se confirmaba día a día era la madurez de tanto cinismo impune.