jueves, 30 de marzo de 2017

Huesos y piedras


En aquel solar aún resuenan las proclamas de una clase obrera que se sintió imbatible. Allí se troquelaron sindicalistas de raza, obreras de acero y proletarios que creyeron posible cambiar el mundo. Allí se levantaron las barricadas de una época que hizo de Navarra una cantera de utopías. Pero hoy, en la vieja fábrica de Súper Ser se escuchan otros latidos. Allí reposan, poca gente lo sabe, los vestigios más antiguos de nuestra prehistoria. Miles de objetos recuperados de entre los agujeros de la historia juegan al escondite con el tiempo:  utensilios de caza, adornos, vestidos, lanzas, collares, anillos, tumbas, estelas, mosaicos, abalorios, arcos, flechas, monedas, dientes, herramientas de sílex, miliarios, esqueletos y hasta las almas de nuestros ancestros pululan por este almacén que, desde 1996 se conoce como los fondos de Arqueología de Navarra. Y están ahí, donde Ikea, esa multinacional del bricolaje estético low cost, quiere instalarse. Eso se dice. Si así fuera, esos miles de objetos deberían encontrar un mejor retiro.

Les propongo lo siguiente. Ya que no sabemos qué hacer con el nonato Reyno de Navarra Arena, ese faraónico proyecto digno de cualquier dictador megalómano que costó 60 millones de euros; por qué no lo convertimos en el gran Museo Arqueológico de Navarra. No solo podría ser un lugar mucho más digno para ubicar y visualizar ese patrimonio absolutamente desconocido por el gran público, sino también una oportunidad para agrupar todas las colecciones museísticas repartidas por los numerosos lugares por donde la memoria de esta tierra se pierde reclamando cierta unidad narrativa. Y sí, puede que escriba al dictado emocionado del instante.  Y que el Navarra Arena esté empantanado en un bucle ciego. Pero tanto hueso y tanta piedra reclaman templos y altares más dignos.
Artículo publicado el 27 de marzo en Noticias de Navarra

Sangre en las venas



En aquel reino, las alcantarillas de desagüe estaban anegadas. Durante años, siglos quizás, la clase política había infectado los sumideros por donde políticos corruptos, periodistas de pesebre asegurado y usureros de misa diaria, ocultaban sus patrióticas golferías. Aquel reino en bancarrota navegaba a la deriva desde hacía tiempo. Pero a nadie parecía importarle salvo a los ahogados en las aguas de la pobreza. Y eran casi trece millones los que perdían la vida en el cáñamo de la fatalidad. Pero daba igual. Porque allí la verdad yacía muerta en los tribunales de Justicia convertidos en barracas de feria. Allí, la precariedad se había convertido en el mejor antídoto para gobernar a esa turba confesada por cardenales negros. Allí, las palabras dormían mudas. Sonaban a hueco. Vaciadas de sentido giraban  muertas de risa alrededor de un acantilado de renuncias. Allí, llamar a las cosas por su nombre, nominar a los corruptos y cantar las cuarenta a la Corona, se había convertido en un pasatiempo que aburría más que sublevaba a la gente. Aquel reino se mexicanizaba poco a poco sin que nadie, salvo una izquierda biempensante y polimorfa que dominaba en algunos califatos, se inmutase. Pareciera que la gente hubiera huido ante aquel espectáculo bochornoso. Y sí, se sabía que  aquello tenía que reventar, pero la gente desconfiaba de una nueva victoria. Porque aquellos desmanes les parecían tan venerables como la fantasiosa evocación que producían. Así las cosas, nadie entendía por qué no se asaltaba La Moncloa. Entonces un profeta dijo que a la gente ya no le corría sangre por las venas. Que toda se había licuado en las hogueras de la sumisión. Entonces, un relámpago recordó que se cumplían cien años de aquella revolución que quiso romper los pilares del mundo.


Artículo publicado en Noticias de Navarra

sábado, 18 de marzo de 2017

Las cenizas de ETA



"Lo más fácil sería decir que ETA no ha sido más que "terrorismo", que no tuvo nada que ver con la sociedad vasca como tal, y punto. Pero, desde un principio y hasta hoy mismo, ETA ha sido nuestra, de toda la sociedad vasca. Que tras el alto el fuego ETA diga adiós definitivamente es, en cierta medida, también responsabilidad de toda la sociedad. ¿Qué hacer ahora para que la disolución de ETA sea completa y definitiva?"
Esto se escribía hace justamente diez años, en 2007. Su autoría pertenece a Joseba Zulaika (Itziar 1948)  y se atrevió a ello en el imprescindible  texto Polvo de ETA (Ed Alberdania-astiro). 
Quizás merezca la pena una relectura de este libro. No por confirmar ni negar nada. Ni siquiera por revisar una historia que se ha prestado y se prestará a múltiples traiciones. Polvo de ETA se adelantó en su día al día de ayer, pero los acontecimientos quisieron que ese polvo esperará mansamente hasta convertirse en las cenizas definitivas de ETA.
No obstante, uno cree que todavía muchos comen caliente del pecado que condenan. Pero  ETA es ya un pecado difícil de rentabilizar y de expiar. Salvo  que algunos psicópatas se empeñen en lo contrario. Toca esperar a que se exija ahora, no solo entregar las armas, sino arrepentirse de rodillas haciendo un tirabuzón de espaldas al cielo con genuflexión lateral, exigir la autoinculpación, estar dispuesto a la inmolación social, maldecir del día que uno nació, encomendarse a la Constitución,  renegar del nombre, de la maldición escrita en el rostro, estar dispuesto a penitencia perpetua y suplicar clemencia por los siglos de los siglos. Al tiempo.  

Miquel Martí i Pol


Mañana 19 de marzo, Miquel Martí i Pol hubiera cumplido 88 años. Martí i Pol fue una de las voces emblemáticas de la poesía catalana y un referente imprescindible de la identidad catalana.  Un escritor de enorme carga emocional, un hombre que construía versos con los que se jugaba la vida en cada instante. Un obrero de toda la vida que empezó a trabajar a los catorce años en una fábrica de Roda de Ter pero que tuvo que abandonar por problemas de salud. Condenado a vivir en una silla de ruedas debido a una esclerosis múltiple, se plantó ante el mundo armado de la sensibilidad y la reflexión más intimista  para trasmitir poemas que susurran  cosas de la vida. Esas que a veces nos cuesta reconocer. Del  amor, de la soledad, de la rebeldía, de la muerte, del miedo al destino;  de eso que tememos cuando calla el ruido de los días. Entonces el veneno de su belleza penetra en nuestra sangre. De eso iba  su canto.  Su obra desde Paraules al vent hasta Haikus en temps de guerra y Després de tot ha servido para construir un universo de sensaciones del que se han servido cantautores como Rafael Subirachs, María del Mar Bonet y,  sobre todo Lluís Llach, quien tenía tanta amistad con él, que sus fisonomías eran ya más que coincidentes. Ahora mismo, imagino a Llach llorando ante su tumba y recitando uno de los poemas más dramáticos y combativos que escribió y que el músico de Porrera bordó con una música ascética. Un poema (Ara Mateix), en el que el arco de la sensibilidad se tensó al máximo para perforar la trama del destino: “ Estamos donde estamos ; más vale saberlo y decirlo y fijar los pies en la tierra y proclamarnos herederos de un tiempo de dudas y de renuncias en que los ruidos ahogan las palabras y la vida en espejos deformados (...) Pongámonos en pie de nuevo y que se oiga la voz de todos, solemnemente y clara. Gritemos quien somos y que todos lo escuchen. Y al final, que cada uno se vista como buenamente le plazca, y ¡ a la calle! Que todo está por hacer y todo es posible”.  Así de claro. 

lunes, 13 de marzo de 2017

Stoner, una obra maestra

John Willians (1922-1994)

En medio de tanto fango, de tanta insolencia liberada por los sicarios del cinismo; cuando la verdad ha sido vampirizada y la Justicia se inmola en una barraca de feria, un libro te puede librar de todo este estercolero. Y hasta limpiarte el alma de tanta inmundicia. Un libro que, al leerlo, uno puede reconocer su propia biografía. Porque “Stoner” de John Willians (1922-1994) nos habla de todas las renuncias y saldos pendientes con la vida. Un libro donde resuena el fracaso, pero su eco provoca una inmensa lucidez. Como las aguas curvadas por la nieve. Y me dirán que los tiempos ya son lo suficientemente negros como para rebozarnos  en lecturas que nos ponen contra las cuerdas. Que la vida hay que vivirla, que son tres días y dos lloviendo. Les digo, por mucho empeño que pongan en ver la botella medio llena; como dice Juan Tallón, da igual qué hayas hecho con tu vida, es tu creación y tienes que hacerte cargo de ella sin aflojar la corbata para respirar. “Stoner” es la historia de un profesor universitario que conjuga una vida de empeño con múltiples decepciones. Alguien cuya vida es pura chatarra acumulada a golpe de honestidad. Un experto en decadencias que sabe que el dolor de la renuncia es su salvavidas diario.

Este tiempo desutopizado y ligero no soporta ni la decepción ni la renuncia. No haré aquí apología de ello, pero me gusta oír a Scott Fitzgerald cuando dice: “Hemingway habla con la autoridad que le da el éxito. Yo hablo con la autoridad que me da el fracaso”. Y es que convivir con el fracaso te puede convertir en un neto triunfador. En medio tanta comodidad, indiferencia y relajación interior, leer a John Willians nos pone los pelos de punta. Pero en él encontramos un oasis de felicidad.  Una serena placidez para sobrevivir al naufragio de cada mañana.

Artículo publicado en Noticias de Navarra el 13 de marzo de 2017

jueves, 9 de marzo de 2017

8M, ¿más de lo mismo?


Ayer  8 de marzo,  se conmemoró el Día Internacional de la Mujer. Creo que la rememoración histórica de ciertos hechos no tiene sentido si no es como revulsivo  práctico y emocional para reconquistar espacios negados a quienes se recuerda, si no es sentido en su plenitud por el imaginario social como elemento de combate dinamizador y si el colectivo evocado permanece ninguneado ante las posibilidades reales de cambio y protagonismo histórico que le corresponden. Creo que esta fecha  se ha reconvertido en un icono estético de la reverberación ideológica feminista. Este Día, con mayúsculas, se ha transmutado en una plataforma, apenas  evocadora del pasado histórico de las mujeres y en un reclamo publicitario de la folclorización anual de la memoria feminista.  Poco más. Porque la factoría ideológica liberal-poscapitalista se ha tragado literalmente su significado y sentido histórico. Lo digo porque los hechos son demoledores. Y conste que reconozco el avance, a veces sangriento, que ha supuesto para las mujeres de todo el mundo  conquistar las plataformas sociolaborales y culturales de sus respectivos países. Como sería absurdo no reconocer la  evolución que ha supuesto el éxodo íntimo y personal que las mujeres han realizado para llegar a conquistar  espacios libres de opresiones feudalistas. Obviamente no se puede validar  esta afirmación en aquellos lugares donde ser mujer, todavía es un delito. 
Esta fecha viene a recordar, básicamente, que las mujeres, con su esfuerzo, movimientos asociativos y carga ideológica propia, el feminismo, están donde están, gracias a su inclemente y resistente lucha por su libertad personal, social, laboral  y política. Ahora bien, esta fecha debe de servir para evaluar, y no en tono triunfalista como viene siendo habitual por algunas instituciones y personalidades seudo feministas  más conformistas, el proceso liberador de las mujeres. Este proceso tiene, a mi parecer, dos enormes dificultades que salvar. Y tienen que ver con la permanente esclavitud y sometimiento de las mujeres a un orden sociopolítico que les niega libertad y autonomía real respecto al imaginario y práctico masculino. Es decir, respecto al patriarcalismo. Si, ya sé que son palabras que suenan mal, que están desgastadas y que, incluso su añeja resonancia provoca gastritis intelectual en algunos y algunas analistas. Es decir, no hay igualdad de género. Porque las mujeres no han accedido aún al poder real, al poder de decisión, de gestión, de reconversión de las estrategias creativas, ya sean personales, familiares, laborales, sociales o políticas. Éstas siguen estando en manos de los hombres a través de un sistema de apropiación del poder y gestión del mismo avalado por, lo digo de nuevo, el neopatriarcalismo poscapitalista. Tiempos, cuerpos y mentes femeninas siguen estando, todavía, en manos masculinas. Mientras las mujeres no accedan en igualdad de condiciones al poder que detentan los hombres, mientras las dinámicas de poder, las estrategias de decisión, las claves de relación y las pautas de socialización no tengan elementos de definición feministas, las mujeres seguirán siendo ciudadanas de segunda. Y son más de la mitad de la población mundial.
Otro aspecto, menos ideológico pero más dramático. El genocidio contra las mujeres en el mundo es un gravísimo problema estructural de las sociedades, más o menos desarrolladas. Cada año, entre 1,5 y 3 millones de mujeres y niñas pierden la vida como consecuencia del abandono o la violencia contra ellas. Solo por ser mujeres. Y esto no provoca ninguna revolución social ni política. En ciertos países, las mujeres entre 15 y 44 años tienen más probabilidades de ser asesinadas por sus maridos o parientes masculinos, que de morir de cáncer, a causa de la guerra o por enfermedades infecciosas. Existen en el mundo entre 113 y 200 millones de mujeres desaparecidas. Y ya entre nosotros. Para sumar estadísticas. Esta vez escalofriantes. Cada cuatro días muere una mujer en España a manos de quien decía amarla porque era suya. Hoy mismo puede ser el día D de muchas víctimas.  Un día cualquiera en la existencia de muchas mujeres que solo merece ser vivida por las delicias que florecen sobre sus ruinas. ¿Cómo podemos seguir nuestras vidas, preocuparnos por lo que nos preocupamos, discutir de lo que discutimos, pelearnos por lo que nos peleamos, reivindicar lo que reivindicamos, matarnos por lo que nos matamos y justificarlo o explicarlo sin pudor alguno sin que se nos mueva el músculo que agita la vergüenza?  La violencia contra las mujeres no ocupa un lugar destacado entre las preocupaciones de la ciudadanía. Se ignora. Y se ignora porque está íntimamente soldada a la estructura familiar y relacional en la que nos hemos construido biográficamente. Como si esta pesadilla fuera la única forma de lucidez. Y esa violencia, aunque se evidencia, está invisibilizada como referente público y político. Se publicita, pero no se interviene en el fondo de las estructuras que la mantienen e incluso la alientan. 

Este Día Internacional de la Mujer cotiza en la bolsa mundial de las ideas  limpias y sostenibles, pero su valor se ha minorizado. Es más, su valor de combate ha sido vampirizado por el capital patriarcalizado. ¿Cómo acabar siendo optimista? No es fácil. Porque es complejo. Desde hace más de doscientos años, el movimiento feminista viene ofreciendo ciertas claves. Estas pasan por la observación valiente y arriesgada de la sociedad, por la disección de las relaciones entre hombres y mujeres y por la reconstrucción de los componentes culturales e ideológicos que las sustentan. Difícil, pero no imposible. De lo contrario, las duras palabras de Cioran  evidenciarán nuestra indiferencia: el mal muere únicamente cuando agota su vitalidad.

lunes, 6 de marzo de 2017

¿Nadie dice nada?


Si la izquierda tiene una obligación, esa es pensar mejor que la derecha. Innovar más allá de la proclama. Atreverse a retorcer el pensamiento sin miedo a la tumoración cerebral.  Verán, este ayuntamiento pretende hacer un aparcamiento en el solar de Santo Domingo. Justo ahora que la ciudad apuesta por proyectos de movilidad sostenible y hasta con un área de Ecología Urbana. Pareciera que aquella izquierda que peleó por frenar una de las mayores perversiones urbanísticas de la ciudad, el aparcamiento de la Plaza del Castillo, se haya olvidado de sí misma. De conjugarse con los prefijos eco y anti. Aquella lucha por liberar a la vieja Pompelo fue una rebelión popular contra una manera de hacer o destruir la ciudad. Pero quizás, los rastros de esa lucha se hayan ido por el sumidero del olvido. Y pareciera que esta izquierda, más que un aparcamiento quisiera levantar una escombrera de renuncias. Me dirán que se ha consultado a la ciudadanía, un gesto que blinda casi todo. Ya les digo, saldrá que sí. Porque todo dios quiere el coche al lado de su casa. Confirmando así nuestro individualismo posesivo, nuestras prácticas de consumo tan poco sostenible. Me pregunto si no cabría plantearse la municipalización de los aparcamientos del centro y su reversión pública. Me pregunto si el nuevo aparcamiento será equitativo cuando una plaza en propiedad costará 15.000 euros. Sepan que hay un 13,4% de población del Casco Viejo en situación de pobreza que por defecto queda excluida de muchos equipamientos. Y con esto reproducimos exclusión de lo común. Y me pregunto por qué seguimos agujereando la ciudad como un queso gruyère, como si no hubiéramos aprendido nada después de tantas luchas ecológicas de las que tanto presumimos. Pues eso, que a la izquierda hay que distinguirla por sus actos, no por sus discursos.

Artículo publicado el 6 de marzo de 2017 en Noticias de Navarra