lunes, 27 de febrero de 2017

Caprabas

Foto: Navarra elespañol

Oigo que las currelas de Capabro le han plantado cara a la Dirección de este súper, y me he venido arriba. De repente la clase obrera, aunque sea disociada y episódica,  es noticia. Y es que un grupo de trabajadoras se planta ante el despido de dieciocho compañeras. Un acto de otro siglo frente al obrerismo desclasado y el sindicalismo desnortado.
Suelo comprar en Caprabo cuando no lo hago en las tiendas del barrio. Este sitio me cae bien. Y me jode que lo cierren debido a presiones de otros tiburones de la especulación mayorista. O quizás porque nuestro consumo irresponsable, comprando merluzas a tres euros, rompe la cadena de sostenibilidad del mercado justo. Y eso influye, aunque usted no lo vea, sobre las relaciones laborales por la grieta más débil: la mano de obra precarizada y necesaria para sostener  precios y salarios basura.
Imagino además que entre las socias cooperativistas y los currelas a pie de nómina, no será fácil coincidir en intereses y voluntades. Así son las nuevas divisiones de clase. Los que cobran paro contra los que no cobran, los fijos contra los eventuales, los que no perciben ayudas sociales contra quienes sí lo hacen, los de dentro contra los de fuera. Aunque a ambos nos explote el mismo trilero.  Pero a lo que iba. Que les animo a demostrar la solidaridad y el buen rollo del que tanto presumimos. Porque estas mujeres, si esto no se arregla, irán a la huelga indefinida. Y aunque sean pocas, dicen que son bravas frente a quienes quieren ahogarlas en las aguas de la precariedad. Y aunque nos vendan la moto de la recuperación, acuérdense de los costes olvidados. Acuérdense Faurecia, de TRW, de los 2.483 trabajadores regulados en Navarra y de los 521 despedidos del pasado año. Acuérdense de esto aunque el carnaval  disfrace la realidad. Porque la decencia común no puede ser un remoto recuerdo.

Artículo publicado en Noticias de Navarra el 27 de febrero de 2017

martes, 21 de febrero de 2017

Hubo un tiempo


En que las cosas estaban claras. O cuando menos en su sitio. Las cosas de la vida,  la muerte, del amor y del día a día; las creencias, las utopías y hasta  el lugar que uno ocupaba en el mundo. Todo estaba en su sitio. Sabíamos a qué atenernos. Usted sabía las reglas del juego. Uno militaba y amaba y sabía porqué y para qué. Uno tenía fe, el que la tenía, y le servía para interpretar los designios del pasado, del presente y hasta del futuro. Porque el destino no era un juego trucado y el presente sucedía al pasado. En definitiva, estábamos armados de un yo fuerte y sin fisuras. Y si éramos rehenes, sabíamos el precio del rescate.
Pero  ese yo  fuerte y cartesiano se ha fragmentado en mil pedazos. Ya  nadie sabe a qué atenerse. Su vida, la de usted y la mía,  es un itinerario a la deriva que puede recalar en varios puertos, reconstruirse decenas de veces y reinventarse en sucesivos yoes edificados sobre los restos de no pocos naufragios  amorosos o sobre los numerosos  saldos vitales de nuestra existencia.
Y es que ya no hay certezas, cómo si éstas  estuviesen reñidas con la verdad, esa verdad que parece  prescindible en cada uno de nuestros actos y opiniones. Esa verdad que la posmodernidad desterró de nuestras creencias y prácticas vitales. Como si el engaño, la trampa o el artificio fueran los referentes morales de nuestra época. Pregúnteselo a un tal Urdangarin.  Por eso, frente a los deseos cumplidos de nuestros abuelos, de su autocomplacencia sincera con su vida, hoy sucumbimos ante los deseos de porvenir hipotecado.  Y  frente a aquel yo fuerte,  una mitad de nosotros mismos  no se aguanta y la otra se desmorona en busca de aliados con los que pactar la insoportable incertidumbre. Asfrente o,  n tal Urdangarin. orque eí que lean “El fin del homo sovieticus” de Sveltana Aleksiévich. Llorarán sí,  pero encontraran consuelo entre tanto Apocalipsis.

Articulo publicado en Noticias de Navarra








           


lunes, 13 de febrero de 2017

Podemos o Pudimos


Oigo a Iglesias o a Errejón y, qué quieren que les diga, me cansan. Hilvanan tanto sus argumentos, los retuercen con tanta explosividad argumental, que ya no se si quieren seguir asaltando los cielos o huir del fuego cruzado de la realidad. Sus ejercicios de retórica son muy acústicos. Porque están compuestos para refutarse con brillantez sonora. Hasta ahí todo bien. Pero llega un momento en que esa inflación argumental se desparrama por el vacío. Por la nada inocua. Les oyes y desconectas porque sabes de antemano que nada nuevo va a ocurrir tras  ese cruce de megalómanas disquisiciones que se han ido alejando de las vidas reales de la gente. Porque esas gentes a las que ambos aluden no esperaban esta rehabilitación general de las herejías. Solo creyeron que Podemos podía redimir su desactivada manera de soportar esta perra vida.
                  Que qué ha pasado en Podemos para llegar a esto. Hay gente en Podemos que lo sabe. Porque no andan escasos de cerebros. El problema es no haber sabido gestionar el conflicto a que toda organización se expone cuando delega todo su poder en el asamblearismo en tiempos de ligereza, inmediatez y sobreabundancia de egos necesitados de expansión. Por no hablar del asunto más complejo: el camino para  asaltar los cielos o cómo conquistamos al poder.
La mayoría de líderes de Podemos ha estudiado a Gramsci (1891-1937). Y supongo que de este marxista inclemente aprendieron que la historia no se repite pero fabrica constantes. Pero ignoro si han sido capaces de aplicarse algo que este pensador desarrolló en su obra “Revolución Pasiva” cuando decía que: ”antes de cambiar las cabezas hay que cambiar lo que hay dentro de las cabezas”. Y este es el asunto compañeros. Que en ocasiones nos vemos obligados a elegir entre los individuos que pueblan nuestro yo y el que se lo disputan.

Artículo publicado en Noticias de Navarra el 13 de febrero de 2017





martes, 7 de febrero de 2017

El lanzallamas


Estoy hasta ahí mismo de Paulo Coelho, Eduard Punset  y Jorge Bucay, gurús de la autoayuda que nos venden sin garantía alguna que todos los problemas tienen solución cuando sabemos que muchos no la tienen, que todo pasa, que sea usted mismo y que se joda el mundo, que deje de desesperarse por estar en paro, que haga de esto, de estar en paro, separado, gordo o enfermo terminal una oportunidad de cambio, que sonría por decreto a una vida de mierda, que positivice esa vida que no es vida porque hasta un demonio enloquecería de tristeza, que le de la vuelta a su depresión, que coma sano porque le hará mejor persona, que afronte la semana como si cada día fuera viernes por la noche, que busque en su interior hasta encontrar un trébol de treinta hojas, que usted es un triunfador de serie y que si naufraga haga suya la frase de Samuel Beckett que decía: “fracasa otra vez, fracasa mejor” Y una mierda. La felicidad no se impone por decreto.

            Así que si están enganchados a estos funambulistas del optimismo, allá ustedes. Yo hace tiempo que dejé de envenenarme con este falso ilusionismo que me llevaba directamente al vertedero. Verán, los nuevos tiempos han conseguido que el sujeto se desafilie de los problemas. Dicen que estamos en aprietos, desamparados, solos, que vivimos al límite y sin red, que no nos queda nada, ni siquieraOdos.  estos tipos y nos venden esta moto no nos queda nada, ni siquiera ideolog le aprietan el cogote. de  de las exigencias de ideologías decentes en las que confiar. Entonces vienen estos mercachifles y nos venden esta profilaxis individual contra la adversidad. Solo les aconsejo una cosa: frente a este  ilusionismo capitalista que declama como un mantra infalible el “tú puedes” lo mejor es  llevar preparado un lanzallamas debajo del abrigo. Ya ven, hoy me he levantado pesimista, como el viejo Cioran cuando decía: “la vida es etérea y fúnebre como el suicidio de una mariposa. Ustedes me perdonen.



Artículo publicado en Noticias de Navarra