martes, 26 de abril de 2016

Es lo que hay


Un análisis racional nos dice que el socialismo español se enfangó en la ciénaga del Ciudadanos, que no pudo o no quiso salir de ella, pero tampoco quiso romper la cadena que los barones impusieron sobre el referéndum en Cataluña. Eso bloqueó el pacto con Podemos y el resto de izquierdas periféricas. Pero un análisis emocional busca culpables en todos los partidos sin excepción. El resultado es que gana la antipolítica y la antidemocracia, porque la abstención se avecina llamando a la puerta y la desconfianza en lo política gana adeptos más allá del populismo. Ambas estrategias son las que presionan en el panorama a corto plazo generadas por el cansancio, el aburrimiento y la poca lucidez de los discursos, salvo raras excepciones. Y ese escenario, cansado y aburrido, hay que levantarlo a pulso en un teatro político en el que las previsiones -ante las próximas elecciones- no auguran mejores posiciones de negociación entre aquellos que podrían optar por sacar al país del drama en que vive    

San Fermín, una marca insostenible


Por fin esta ciudad se encara con el mito y la tradición. Con el santo y seña de su identidad. Con la fiesta de las fiestas sin igual. Con el “todos queremos más”. Con el exceso predeterminado por defecto. Con el lábel del jatorrismo ahogado en alcohol por vena. Con la catarsis pamplonauta que compite con los carnavales de Río aunque acabemos en una cloaca. Por fin. Por fin esta ciudad se cuestiona los sanfermines.
Este fin de semana, la  asociación municipalista  Pamplona Orain ha querido ponerle el cascabel al santo. A ver qué pasa. Porque los sanfermines, a falta de otras socializaciones más reconfortantes, son nuestro consuelo, esa gatera por donde nos tuneamos durante 204 horas al año. Esa tradición usurpada como bien común y convertida en marca. De la fiesta alcohólica sin fin. Eso sí, bendecida y avalada  por una ética y  estética tradicionalista que nos pone los pelos como escarpias.
El reto adquiere categoría épica. Porque cuestionar el modelo de fiesta, de ocio, de socialización sexista, de consumo, de sostenibilidad, de producción y reproducción de roles, de uniformización y de expulsión,  segregación y  exclusión social festiva; es un ejercicio intelectual de altura para una ciudad que ahora presume de roja.
Y es que, parece que ahora nos atrevemos a meterle mano al  santo. A ese santo intocable que funciona como tótem unificador de  identidades colectivas soldadas en falso. A ese santo-marca del nuevo capitalismo estético-sanferminero al servicio del mercado y  un modelo de fiesta insostenible.
La derecha ha tenido arte y parte en esta deriva, sí. Era lo suyo. Pero la izquierda, sin herramientas analíticas,  no ha sabido cuestionar este modelo. Así que,  bienvenida esta operación reflexiva sobre nuestro karma y que el santo nos pille confesados. 
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