lunes, 22 de febrero de 2016

No nos lo creemos


Cuando el lenguaje se convierte en un arma de combate, en una estrategia de dominación donde no se usan  las armas, ni corre  la sangre por tus venas,  ni la guerra te pilla por sorpresa. Cuando el lenguaje es usado como relación de poder, de engaño, de perversión, como un estado lingüístico de excepción. Y la palabra se hace cuerpo y sangre sobre las poblaciones desposeídas incluso del propio relato. Cuando el lenguaje es un hijo bastardo de la corrupción, la mentira y el poder. Cuando el lenguaje se convierte en un divertimento, una excusa, una distración de la vida pública y política, cuando el lenguaje nos culpa, nos entroniza en la individualidad. Cuando el lenguaje es solo una omertá mediática. Este libro va de eso. Párense un par de horas en él.