jueves, 4 de febrero de 2016

Las entrañas del poder


Hay libros cuyo título quisieran anunciarte que el devenir es como una agonía sin desenlace. Este es uno de ellos. Hay que meterse por los agujeros negros de sus páginas para obligarse a pensar más allá de cada frase. ¿Qué de qué va esto? De algo escondido en nuestras vidas cotidianas secuestradas por un poder diluido en ácido sulfúrico. De cómo nuestras biografías, nuestros más íntimos y expuestos deseos están enmarcados sobre un  fondo  de armario que pareciera obra  de El Bosco. Dicho así no sé como les sonará. A mí mal. Como los sonidos de esos espíritus que florecen sobre las ruinas de la vida.
 Clara Valverde, la autora de este librito se declara pensadora en clave biopolítica. Algo que un tipo llamado Foucault inventó gracias a que supo poner el ojo donde el poder ponía las balas de las dominación. Pues eso, si pueden échenle una ojeada para descubrir, si es que no han hecho ya,  por donde se avecinan los nuevos clamores de la dominación más intima y segura, la que nos amarra a los pasatiempos de ese  poder actual sin nombre, sin rostro que secuestra no ya cuerpos, sino voluntades.

Más estado



Alfredo Sáenz, un banquero engominado, aprendió desde muy joven a pegar dentelladas en los despachos bancarios. Él es uno de los tiburones con los dientes más afilados  del Banco Santander. Este depredador neoliberal  gana una pasta gansa:  120 millones de las antiguas pesetas al año, primas y seguros blindados aparte. Imagínenselo.  El otro día, sin cortarse un pelo,  dijo que había que desmontar el Estado de Bienestar. ¿ qué es eso? La posibilidad de que usted vaya al centro de salud  sin pagar nada a cambio, que sus hijos tengan derecho a una  educación pública y gratuita, poder disfrutar de una pensión digna, sea hombre o mujer,  cobrar el paro cuando se quede sin trabajo, que a su madre, a su padre, o a usted mismo, le cuiden cuando no pueda ya garrear por este perro mundo,  que sus hijos pequeños  puedan estar en  buenas manos mientras usted trabaja o que,   a los miles de discapacitados alguien les proteja y trate de hacerles la vida más fácil. Esto, señores y señoras es el Estado de Bienestar. Un pacto entre el Estado y la ciudadanía. Una forma de entender la sociedad basada en los derechos colectivos y no en la buena  o  mala  suerte de la gente. Este tipo, y otros como él, forman parte de la acorazada contra los derechos sociales  de la ciudadanía. Su objetivo es claro:  convencer a los políticos para que no inviertan en el Estado ni en el sector  público. Con ello lograrán que  este sector se desintegre y el mercado tenga las puertas abiertas para entrar a saco. Entonces, la salud, la educación, las pensiones, la atención a los mayores  o  el subsidio por desempleo, dejarán de ser derechos para convertirse en productos  para quienes puedan pagárselos. El resultado de esa operación de cirugía social será una contrarrevolución. Una vuelta a la meritocracia,  al tiempo de una sociedad fragmentada en la que los individuos sólo son mercancías. Esta es la hoja de ruta de  la ultraderecha neoliberal, la madre de todas las ideologías exhibidas en las grandes superficies comerciales del espíritu.  Ustedes mismos. 



Posdata: Este artículo se publicó  en Diario de Noticias de Navarra en noviembre de 2004, hace doce años. Pareciera que por aquel entonces las profecías cotizaran a la baja, o al alza, según se mire y cómo se mire. Lo que se parece cierto, desde la distancia, es comprobar como aquellos tiburones que ya apuntaban maneras en los océanos de la codicia, empezaron a darle las primeras dentelladas al este ya decapitado Estado de Malestar social que hoy padecemos