miércoles, 27 de abril de 2016

El camino de los difuntos (inexistentes)


Tardé en leerlo 45 minutos. Ni uno más. Me dejó clavado al sillón. Sobre todo cuando leí que al protagonista de la novela ficcionada Javier Ibarrategui, militante de ETA, lo habían matado debajo de mi casa,  en Pamplona en la década de los 80. Yo no lo sabía. Y por edad debía saberlo. Me puse a bucear en la red y no encontré nada. Nadie hablaba de ello, ningún medio. Nadie decía conocer a Javier Ibarrategui. No aparecía su rastro por ningún sitio. Ni siquiera en el periódico de Pamplona al que casi nunca se le pasa nada que pueda ser objeto de compra-venta ideológica. Pensé que quizás se trataba de un efecto Carrere. Y entonces encontré   esto  y  ya no supe que pensar.
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martes, 26 de abril de 2016

Es lo que hay


Un análisis racional nos dice que el socialismo español se enfangó en la ciénaga del Ciudadanos, que no pudo o no quiso salir de ella, pero tampoco quiso romper la cadena que los barones impusieron sobre el referéndum en Cataluña. Eso bloqueó el pacto con Podemos y el resto de izquierdas periféricas. Pero un análisis emocional busca culpables en todos los partidos sin excepción. El resultado es que gana la antipolítica y la antidemocracia, porque la abstención se avecina llamando a la puerta y la desconfianza en lo política gana adeptos más allá del populismo. Ambas estrategias son las que presionan en el panorama a corto plazo generadas por el cansancio, el aburrimiento y la poca lucidez de los discursos, salvo raras excepciones. Y ese escenario, cansado y aburrido, hay que levantarlo a pulso en un teatro político en el que las previsiones -ante las próximas elecciones- no auguran mejores posiciones de negociación entre aquellos que podrían optar por sacar al país del drama en que vive    

San Fermín, una marca insostenible


Por fin esta ciudad se encara con el mito y la tradición. Con el santo y seña de su identidad. Con la fiesta de las fiestas sin igual. Con el “todos queremos más”. Con el exceso predeterminado por defecto. Con el lábel del jatorrismo ahogado en alcohol por vena. Con la catarsis pamplonauta que compite con los carnavales de Río aunque acabemos en una cloaca. Por fin. Por fin esta ciudad se cuestiona los sanfermines.
Este fin de semana, la  asociación municipalista  Pamplona Orain ha querido ponerle el cascabel al santo. A ver qué pasa. Porque los sanfermines, a falta de otras socializaciones más reconfortantes, son nuestro consuelo, esa gatera por donde nos tuneamos durante 204 horas al año. Esa tradición usurpada como bien común y convertida en marca. De la fiesta alcohólica sin fin. Eso sí, bendecida y avalada  por una ética y  estética tradicionalista que nos pone los pelos como escarpias.
El reto adquiere categoría épica. Porque cuestionar el modelo de fiesta, de ocio, de socialización sexista, de consumo, de sostenibilidad, de producción y reproducción de roles, de uniformización y de expulsión,  segregación y  exclusión social festiva; es un ejercicio intelectual de altura para una ciudad que ahora presume de roja.
Y es que, parece que ahora nos atrevemos a meterle mano al  santo. A ese santo intocable que funciona como tótem unificador de  identidades colectivas soldadas en falso. A ese santo-marca del nuevo capitalismo estético-sanferminero al servicio del mercado y  un modelo de fiesta insostenible.
La derecha ha tenido arte y parte en esta deriva, sí. Era lo suyo. Pero la izquierda, sin herramientas analíticas,  no ha sabido cuestionar este modelo. Así que,  bienvenida esta operación reflexiva sobre nuestro karma y que el santo nos pille confesados. 
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martes, 19 de abril de 2016

Maravillas del 36



Maravillas Lamberto Yoldi tiene 94 años y aún conserva en su retina el brillo negro de una tarde de agosto del 36. Esa tarde, los fascistas de su pueblo, Larraga, jaleados por el vino peleón y el calentón bastardo de su hombría fascista,  la violaron en el mismo ayuntamiento. Después, para no dejar rastro, la asesinaron. No contentos con la carnicería, dejaron su cuerpo mancillado y roto a merced de los perros que aullaban por Yerri.
Ya muerta, Maravillas recuerda todavía esa tarde tórrida y feroz. Y se preguntaba el otro día en los pasillos del Parlamento, donde se exhibe la exposición “Navarra 1936”, por qué alguien no ajeno a su  tierra  se avergonzaba de aquellos lienzos sangrientos. De unos lienzos que retrataban, no solo la verdad, sino algo más horroroso, la perversión de la verdad. Alguien que la reconoció, le preguntó qué hacía allí: “buscando el relato de mi muerte”, eso dijo.
Dicen que esto llegó a oídos de Javier Esparza, presidente de UPN y que estos días anda lenguaraz y bucanero a cuenta de ese montaje ficcionado de una realidad que muerde un tiempo corrompido y silenciado. Y que Esparza se sobresaltó cuando se dio de bruces con Maravillas quien le dijo: “Javier, tu mismo has dicho que la democracia no se combate, se promueve;   pues bien, todavía estoy esperando desde el otro lado del tiempo que tus palabras se conjuguen con  mis huesos”. Acto seguido, Maravillas murió más tranquila.
 UPN PP no soportan ciertas ficciones. Sin embargo, comulgan a diario  con realidades  sangrantes sin que la cara se les tuerza de vergüenza. Con la memoria les pasa algo parecido. Que la usan solo hasta anteayer. Más allá, volatizan los nombres,  el tiempo, el pensamiento y hasta su propio escepticismo. Suele pasar con los crímenes del olvido. Como estos, que saciaron a las hienas que llevaban dentro.
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martes, 12 de abril de 2016

Rodolfo Walsh y "Operación Masacre"




Este año se cumplen 60 años de una masacre El 9 de junio de 1956, militares peronistas intentaron una revuelta sin éxito contra la Revolución Libertadora en Argentina. Con la ley marcial en la mano, el estado se pasó cuatro pueblos y fusiló a muchos, entre ellos un grupo de civiles de la localidad de Florida. Al parecer cinco fueron asesinados pero siete escaparon a las balas. Uno de los que sobrevivieron se llamaba Juan Carlos Livraga quien denunció el intento de asesinato meses después.
Rodolfo Walsh se enteró de esto y quiso hacer de ello periodismo de alta densidad. E hizo un libro memorable. Se titula Operación Masacre. Este libro podía haber sido escrito de mil maneras. Pero Walsh hizo del asesinato algo más que un relato plano; reprodujo la vida y la muerte de esos infelices al compás de un testimonio que le sirvió para incorporar al periodismo un plus narrativo que lo convertiría en un ficcionador de la realidad sin ribetes. Y contó lo que uno quisiera haber visto antes de que esos asesinados fueran acribillados. Y hasta cómo fluía bel aire contaminado que se dejaba traspasar por las balas asesinas. Y eso, dicen, es periodismo narrativo de alta calidad. O como diría Martín Caparros: "La crónica es el periodismo que sí dice yo"

Foros, foros, foros


Sé que lo que sigue quizás no guste a la izquierda franciscana que nos gobierna. Pero esta columna no se levanta cada semana para hacer amigos. A lo sumo,  servidor comparte ideas para no carcomerse  a diario con sus contradicciones. Yo no sé ustedes, pero uno siente que esta ciudad está enloquecida con los foros y procesos participativos. De repente la ciudad entera es un foro a cielo abierto en busca de la esencia democrática. Les cuento. No me gusta esta tendencia a consensuar todo entre todos. No me gusta este buenismo minimalista. Ni este buenrollismo participativo que necesita avalar y validar  todo lo que nos ocurre a diario en nuestra vida pública y política.  Creo que este uso y abuso de la participación es un mal síntoma. Porque esa intensa promoción vertical de la participación, aparte de no ser siempre un plus democrático, ni una plusvalía ideológica, puede incurrir en manipulaciones personales y colectivas  para legitimar  el nuevo orden político. Porque esos foros de barrio, por ejemplo, reemplazan los recorridos horizontales de la población y su protagonismo social, por una consulta ritual de decisiones  generando un activismo desordenado  e incauto. Tengo la sensación, entre tanto proceso participativo,  que alguien nos está robando los espacios históricos de reflexión. Y que siempre hay gente despolitizada que se queda fuera, que no es llamada a este festín. Más aún,  que esta dinámica participativa se enmarca en la antropología política neoliberal al buscar,  como la vieja política, la marca, el producto  y la inmediatez. Esta inflación participativa me preocupa porque sustituye el análisis de los conflictos sociales por una política ciudadanista que  solo aspira a socializar  intenciones colectivas.  Y ese ideologismo también  disfraza la realidad social.
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lunes, 11 de abril de 2016

La exposición que incomoda


Dice algún periódico desmemoriado pero que se atribuye toda la "Razón", que el Parlamento navarro se burla de la Corona y de la Iglesia con esta exposición. Ayer estuve en Gurs, (Departamento Pirineos Atlánticos- País Vasco Francés) ese lugar donde justo por estos días hace 77 años, se inauguraba  un campo denominado de acogida y acabó siendo de concentración. Allí 456 navarros fueron recluidos tras huir de una guerra infame. Lo que vi ayer me lo enseñó Iosu Chueca , ese historiador que no ha llegado a ser profeta en su tierra. Como esos navarros aún sin ser reconocidos por ningún gobierno navarro en democracia. 
Que UPN diga de esta exposición lo que dice, que viene a coincidir con esos periódicos sin memoria, es un atentado a la memoria, a la historia y a las víctimas. Esa exposición refleja la realidad, caricaturizada, pero realidad de un tiempo de sangre y muerte. Un tiempo sin reconocimiento que todavía sangra sin cicatrizar. Porque aquí no hubo un proceso de Núremberg que recompensara a las víctimas y sentenciara a los culpables. Esa guerra no se cerró. Sigue latente y recordarla, aunque duela, es un deber de quienes no renuncian al honor ni la verdad