miércoles, 23 de marzo de 2016

Abrir sin miedo


El otro día recibí una carta. Elige90 se titulaba. Pensé que se trataba de un plan dietético. Pero no. Abrí la carta y  me asusté. Osasunbidea me invitaba a hacerme una prueba para prevenir el cáncer de colon. Sentí a la altura del diafragma el eco de un epitafio. Ya sé. Los tíos somos unos falsos. Pero he oído que el susurro del cáncer enloquece. Algunas veces, a esa hora de la noche en que la vida se retuerce por todos los costados, pienso en ese momento en que te dicen que lo tienes. En qué sucede tras ese segundo después del diagnóstico.
Ese día, por razones profesionales, escuché un relato. Decía así: “Hacía tiempo que me sentía cansado, sin rasmia para la vida.  Sentía dolores en el cuello. Una mañana me levanté con un gran bulto en el costado derecho. Un poco preocupado, me fui a urgencias. Esperé mientras la gente me miraba. Me vieron y de inmediato me ingresaron. No me preocupé mucho. Ya lo intuía. Toda mi puta vida ha sido una desgracia. Una más no importaba. Tras días de ingreso y pruebas  me detectaron un cáncer. Hígado, me dijeron”
-       Que tal estás, le pregunté.
-       Bien, aquí estoy después de días de oyendo la radio y la quimio. O al revés. No recuerdo que me dieron primero.
Me miró. Pero hay miradas tras las que uno ya es incapaz de decir nada.
Me lo contó con la tranquilidad de los desposeídos. De los vencidos antes de tiempo. Pero con el aplomo de quien siente que el cuerpo ya no le pertenece y se atreve con todo. Me avergonzó mi desasosiego. Y es que entre usted yo;  quien me hablaba hacía tiempo que había muerto. Así que la muerte real apenas le importaba. Yo lo sabía y  sentí que una luz me helaba la sangre.
Volví a casa y abrí de nuevo la carta de Osasunbidea. En una esquina alguien había escrito:  “si no se tiene miedo al desenlace, se está sano”. Y me hice la prueba.
http://www.noticiasdenavarra.com/2016/03/21/opinion/columnistas/a-pie-de-obra/abrir-sin-miedo












sábado, 19 de marzo de 2016

Boyero contra la aporofobia



Boyero, ese crítico de cine que parece un sociólogo de la degradación, apunta al corazón del mal en este brutal artículo. La aporofobia, o el odio a los pobres, convertida en espectáculo por una banda de bastardos, borrachos hasta las trancas. Y todo bajo la también bastarda mirada de gentes como usted y como yo. Y también de la policía que miró para otro lado. Indiferentes. Gentes todas que han aprendido a escamotear el sufrimiento con la diplomacia de una sonrisa envenenada.

http://cultura.elpais.com/cultura/2016/03/18/television/1458327624_996937.html

miércoles, 16 de marzo de 2016

¡¡¡ Quememos las banderas de Europa !!!



A veces con un poco de imaginación generas un estado de opinión. Más aún, un estado de ánimo. Y a mi, el ayuntamiento del valles de  Egüés (Navarra) me ha reconfortado con la esperanza. Quizás hasta con la utopía. Este consistorio ha decidido algo que debería ser viral: ha retirado la bandera de Europa del Consistorio y de las diferentes instalaciones municipales como "acto simbólico de repulsa y protesta ante el acuerdo que pretende establecer la Unión Europea con Turquía para la expulsión de refugiados sirios". Ya ven, en este carnaval desprovisto de máscaras, alguien, con un pequeño  gesto cargado de simbolismo, te activa la neurona que genera la esperanza. Yo iría más allá. No porque me parezca baladí esta propuesta. Quememos esta bandera estrellada, las miles de banderas europeas que ondean como hijas bastardas del cinismo. Y lo haría en una multitudinaria hoguera-concentración de repulsa. Porque mientras Europa se recrea en el delirio de la norma, la razón, las fronteras y los cupos, sus aguas comienzan a tener  el color de los ahogados.

Los pobres de Pomés



Julio Pomés ha escrito en Diario de Navarra un artículo titulado Fabricar más pobres Un título frívolo que si lo lees a fondo, sientes una luz que te hiela la sangre. No parece firmado por quien preside un grupo de civismo, sino por un populista que acaba de cenar con Le Pen. Pomés desconfía del Estado Social y  lo disimula con  una poética ulcerada. Él va de socorrista  de pobres con pedigrí. Con los que se lo curran. Por eso cree que un sistema de protección social es muy costoso. Porque no cree que haya  pobres, sino vagos de solemnidad. Y a esa gente ni agua. Porque quieren vivir de los impuestos de las clases medias expoliadas por este gobierno de filoradicales. Pomés exalta a Cáritas. Para él, esa organización y sus voluntarios  son la sal de la tierra. No así  los servicios públicos protectores de los parias sin futuro. Esos que Laparra, ese vicepresidente yonki de la igualdad, quiere que vivan sin dar palo al agua a cambio de un “sueldo de por vida”. Pero Pomés ignora con alevosía a los bastardos del crimen social. A esos que sangran a los pobres que él socorrería con una mano y con la otra expulsaría de Navarra. Lo digo por el “efecto llamada” de la Renta Garantizada que denuncia como un anatema apocalíptico. Pomés es un populista venido arriba. Porque mientras la crisis ha creado miles de pobres en Navarra, él ha callado como un muerto. Pero ahora resucita como un profeta del miedo. Dice que  mucha gente vivirá  a costa de los altos impuestos sobre la industria navarra. Que esa riqueza asustada  emigrará dejando un reguero de paro y decadencia. Curioso este hechicero que trampea cuentas, datos e ideas. Pomés: los pobres no se fabrican. Son el resultado de una economía segredadora  de la cual usted es arte y parte. Y ellos son rentistas, sí. Pero del heroísmo. Ver artículo en Diario de Noticias

lunes, 14 de marzo de 2016

Holocausto sirio


Foto EFE

Te veo desde este lado del tiempo, el tiempo muerto que tu vives a diario. Y me conmueve hasta el extremo de encontrar una lágrima helada carcomiéndome el alma, insensible a costa de tanta muerte. Y te veo casi como si fueras mi hija. Y no encuentro razón alguna para no levantarme en armas. Y empezar a disparar ya. Contra el cielo, el infierno y ese rincón donde se fragua tu sufrimiento. Y me digo a mi mismo por qué no lo hago. Por qué no me alejo de tanta razón, explicación y tanta intimidad con el sentido común de esta Europa envilecida. Te veo, te he visto y no he podido contenerme. A mi alrededor miles de corazones mueren de daltonismo y tu sonrisa me duele como el llanto de un demonio en vela. Quisiera hacer algo pero me digo a mi mismo que este deseo está contaminado de satisfacción. Que tengo ese extraño privilegio de conmoverme viéndote. Y me duele, como el llanto de un demonio a punto de sonreír a la muerte.