lunes, 29 de febrero de 2016

El quejas


Un viejo conocido me espetó amablemente  el otro día que mis columnas  rezumaban amargura. Que escribía como un yonqui de la queja, como si solo leyera a Cioran. ¿Acaso la vida no te ofrece ni siquiera una tregua? ¿ Acaso disfrutas mirando trabajar a los enterradores? Joder, pareciera que chapuceas a diario en un estercolero. Como un diplomático del gemido. Eso me dijo. No supe qué contestarle. De repente me hizo sentir como un experto en decadencias. Pero sinceramente,  no soy un tipo que crea en el porvenir del cianuro. Salvo en contadas ocasiones y si se prescribe con nombres y apellidos. Así que  me dio por pensar en una columna amable. Ahora que los tiempos prometen un paraíso, aunque sea en llamas. Y pensé en escribir una sobre el próximo Congreso de la Vida Buena en Tudela, otra sobre la ultima victoria de Osasuna en Córdoba, quizás una sobre el repunte del turismo en Navarra o el imparable buenrollismo de los políticos harekrishna  de esta  ciudad llamando a la participación, mesas ciudadanas y  procesos comunitarios para llegar al nirvana social. Y así me iban saliendo unas cuantas. En esas estaba cuando oí por la radio que el cine Carlos III cerraba el próximo 3 de marzo. Justo el día que se cumplen cuarenta  años de los asesinatos de cinco obreros en Vitoria por atentar contra aquella  realidad. Hoy la crisis, el mercado o lo que sea,  elije ese día para cargarse al  ultimo cine del centro de Pamplona. Ignoro la razón del crimen aunque me la imagino. Ese cine llevaba cincuenta y dos años atentando contra la realidad, esa de la que huimos para soportar mejor el peso de las verdades. Y eso se paga caro. Pero ya ven,  me estoy  envolviendo otra vez en el bucle de la queja. Y no quisiera. Que vuelva el cine.
Artículo publicado en Diario de Noticias de Navarra el 29 de febrero de 2016








martes, 23 de febrero de 2016

La trampa


Si usted cree que Podemos será el culpable de unas nuevas elecciones por su arrogancia, indolencia y falta de realidad, está en su derecho. Pero sepa que ha caído en una  trampa.  Le pongo el ejemplo de Podemos, pero le puedo poner la “inminente asimilación de Navarra por el nacionalismo vasco”. Lo dijo Savater el sábado en su columna Navarra,  en  El País.
            Siguiendo con Podemos. El referéndum en Catalunya es la línea roja que han puesto PSOE, PP y Ciudadanos para negociar cualquier cosa. Si los que fabrican las ideas, esos medios capitalizados por el IBEX 35, dijeran que el referéndum no es estar a favor de la independencia, sino de poder elegir una forma de gobierno, las cosas cambiarían. Ocurre lo mismo con la conquista de Navarra por los cruzados del nacionalismo vasco o el “sectarismo de los programas educativos y lingüísticos” de nuestro gobierno navarro. Es el lenguaje y su manipulación lo que está moviendo las emociones de un lado a otro. Porque las voces hoy no claman más que himnos de fango.

            Podemos será culpabilizado por no facilitar las cosas. Pero no se dirá que la verdadera  línea roja es su política económica. Porque esa política es un misil al estómago encogido del neoliberalismo económico del PSOE, PP y Ciudadanos, la versión light del  PP. El referéndum es la excusa para ocultar la verdad. Y esa verdad que no se dice es la forma de entender la riqueza, el trabajo, la fiscalidad, el cuerpo, las relaciones, el género o el poder y cómo gestionarlo. Fabricar ideas fuerzas y edulcorarlas o envenenarlas en contra de algo o alguien es  la nueva dominación libre de sangre, cadenas o armas. Hitler ya lo ensayó. Léanse “La lengua del Tercer Reich” de Víctor Klemperer. O mejor aun, vean la serie danesa Borgen. El poder bramando en todo su esplendor.
http://www.noticiasdenavarra.com/2016/02/22/opinion/columnistas/a-pie-de-obra/la-trampa

lunes, 22 de febrero de 2016

No nos lo creemos


Cuando el lenguaje se convierte en un arma de combate, en una estrategia de dominación donde no se usan  las armas, ni corre  la sangre por tus venas,  ni la guerra te pilla por sorpresa. Cuando el lenguaje es usado como relación de poder, de engaño, de perversión, como un estado lingüístico de excepción. Y la palabra se hace cuerpo y sangre sobre las poblaciones desposeídas incluso del propio relato. Cuando el lenguaje es un hijo bastardo de la corrupción, la mentira y el poder. Cuando el lenguaje se convierte en un divertimento, una excusa, una distración de la vida pública y política, cuando el lenguaje nos culpa, nos entroniza en la individualidad. Cuando el lenguaje es solo una omertá mediática. Este libro va de eso. Párense un par de horas en él.

martes, 16 de febrero de 2016

Drama


Susan Aldworth. Cogito ergo Sum

El amor es una agonía permanente. Tal vez por esa razón, Vicente, un anciano de 83 años, cansado de ver sufrir a su esposa en estado terminal  y ausente del mundo, decidió poner fin a una vida vacía de ilusión y de sentido. Manuela padecía Alzheimer,  un extravío de la mente hacia la nada, un trastorno caótico de los sentidos.  Tras asfixiarla, confesó a la policía que “ no podía seguir viéndola sufrir” y, que sólo se arrepentía  de no haber tenido  fuerzas suficientes  para suicidarse a continuación. Y es que cuando uno muere para el mundo,  abandona su noviazgo con la vida.

Vicente mató por pasión o por puro amor. Al menos eso es lo que quiero pensar. Tal vez este hombre  estaba convencido de que el alborozo hay que sentirlo con alguien y cuando no tenemos a ese alguien al lado, nos acercamos a las cimas del infierno. La pareja vivía ya  en un cementerio de ilusiones, en las cavernas de la dignidad, allí  donde estallaba a diario la muerte. Vicente contemplaba en los ojos de su esposa el destrozo que producía la agonía, el mortal torbellino de una enfermedad que día a día rompía el frágil puente que unía su vida con Manuela. Este hombre debió pensar que ningún dios ni demonio podía condenar su acto porque lo único que quiso fue paliar las convulsiones de un cuerpo ofrendado a la aniquilación.

Y es que Manuela ya no podía ni con su cuerpo ni con su alma. Hacia años que la habían abandonado.  Su familia quería ingresarla en una residencia, en uno de esos espacios neutrales donde la luz apaga definitivamente la mirada cansada de los viejos. Vicente nunca quiso separase de quien fue  bálsamo de sus horas más amargas. Por eso, después del parricidio, Vicente aspiró la última lágrima de su amada, transparente e infinita. Y se  quedó dormido, interpretando la melodía oculta del dolor. A continuación, se entregó a la policía pensando que, basta con sufrir amargamente para comprender la mortificante imposibilidad de vivir. 

Posdata: Este artículo se publicó en abril de 2002, en Diario de Noticias de Navarra. El Alzheimer debería ser declarada una enfermedad prioritaria entre la agenda pública y política del Estado. Pero no lo es, porque siendo una tortura para las familias es también un negocio farmacéutico. Según un informe publicado en 2010 por la organización Alzheimer´ Disease International, 35 millones de personas están afectadas por esta enfermedad. En 2060 se prevén 66 millones. En Francia en 2010 los gastos médico- sociales generados por esta enfermedad ascendieron a 10.000 millones de euros.   Para el año 2020 se prevén unos 20.000 millones de euros. Detrás de todo ello está la gran industria farmacéutica que, de  momento, no ha logrado avances sustanciales. Y lo que sí está claro es la gran coalición entre los negocios y la investigación. Porque las políticas públicas, de momento, están privilegiando el apoyo a la industria farmacéutica frente a la investigación generando una dependencia de esta con respecto a las grandes  farmacéuticas y sus intereses.





lunes, 15 de febrero de 2016

¿Merece la pena?




A Rajoy el paraíso en llamas le estalló a la altura de la albufera valenciana.  Y es que la marca  PP  más pareciera  un  matarratas mientras  su gobierno se hunde en  una  ciénaga de aguas corrompidas.  Esto apesta. Desde la E inicial, pasando por la ñ  intermedia,  hasta la a final. Apesta como un cadáver sin levantar tras un año ignorado. Porque nada te enerva tanto como comprobar  que vives en un país gobernado por  bastardos aforados de doble moral y triple fondo bancario. Gentes que además alardean de impunidad porque otros funcionarios del infierno han blindado su alma envenenada.  Que han hecho de la codicia una carrera hacia el abismo. Entonces llega un momento en que la reiteración continuada del  mal, de la perversión,  del chanchullo, de  la corrupción y de la mierda en que este puto país se ha convertido, te provoca una arcada que estalla como un apocalipsis enfurecido. Y aunque creas que la sinceridad se ha hecho imposible, piensas si merece la pena seguir insistiendo en lo mismo. Si tanta reiteración sobre esta deriva y su rescate  no logra sino banalizar  lo denunciado. Y servidor se pregunta qué hace escribiendo día sí día también sobre esto. Si uno no colabora así en la   trivialización de esta cloaca política y social. En lo  que este país en bancarrota ética, moral, política e institucional se ha convertido.  Si tanta tinta sobre este pantanal no logrará los efectos contrarios. Y entonces uno, con sus dudas, quiere hablar de algo con sentido más allá de lo vivido a diario por decreto. Algo que a usted le mueva y le conmueva al levantarse. Porque  uno intuye que el infierno empieza donde nosotros callamos. Pero solo encuentra unos versos balsámicos en un libro de Juan Tallón:  ¿Cómo no me extraigo las venas/y hago con ellas una escala/para huir al otro lado de la noche?

Artículo publicado en Noticias de Navarra el día 15 de febrero de 2016

domingo, 14 de febrero de 2016

Juan Tallón


Juan Tallón podría ser mi hijo. Pero también podría ser mi padre. De hecho casi lo he adoptado como tal. Dos textos suyos me han tallonizado hasta dudar de mi identidad. Con este tipo me he quitado de encima un falso prejuicio al sospechar de la solidez de ciertos escritores jóvenes. Al menos más jóvenes que yo,  que ni soy escritor ni me lo propongo. 
A Tallón lo descubrí con un primer libro titulado “Libros peligrosos”. Uno empieza a leerlo y ya no para. Como una carrera enloquecida hasta las seis de mañana sin dormir. Una sucesión encadenada de recomendaciones que rompen con la crítica literaria al uso. Es como si Tallón se hubiera comido los textos una tarde tras salirse del cine y los hubiera vomitado convertidos en sensaciones a pie de obra. Y luego el tipo te obsequia con frases que te dejan seco, como si esas frases fueran vomitonas rescatadas tras una resaca monumental. Por cierto, en esos “Libros peligrosos” uno echa en falta a Curcio Malaparte y  “La piel”. Tallón, léetelo si no lo has leído.
Pero todo  esto te lleva a buscar otro texto suyo. Como un yonki tallonizado, insisto. Y encuentras “Fin de poema”. Y encuentras las ultimas horas de cuatro poetas: Cesare Pavese, que preside casi todo el relato merodeando alrededor de una muerte imprescindible para la literatura, a Alejandra Pizarnik, a Anne Sexton y a Gabriel Ferreter. A todos les persigue ese instante final que a veces he imaginado conmigo mismo. Y también  de pensar, como una agonía sin desenlace,  una y otra vez en los últimos diez segundos finales de un condenado a muerte.

Un texto, este Fin de poema,  que me ha traído a la memoria a Cioran cuando dice: “Una llama atraviesa la sangre. Pasar al otro lado, esquivando la muerte”.