miércoles, 27 de enero de 2016

Jan Karski, el comic que golpea las entrañas.


Hoy es el día Internacional del Holocausto. Quizás entre tanta basura mediática, pase desapercibido. Pero si alguien, además de las víctimas, por supuesto,  debiera haber tenido un reconocimiento que nunca tuvo, ese es Jan Karski. De él  se ha hablado aquí. Su figura y su pasión por la libertad  en medio del Holocausto, han servido a dos jóvenes dibujantes italianos para realizar unos de los mejores trabajos que recuerdo haber visto en los últimos tiempos. Un comic que te pone los pelos como escarpias.  Que te lleva directamente al fondo de pantalla de una película que clama venganza y que espera su ejecución. No solo es la figura de este polaco que se jugó la vida no una, sino varias veces para anunciar al mundo la terrible carnicería en que se convirtió Polonia tras la invasión alemana en 1939, sino la brecha brutal que se clavó en la historia de la humanidad. Lo que significó el Holocausto. Su hedor histórico insoportable. De él se dice en la contraportada de este maravilloso trabajo: " Escapó de un gulag y del gueto de Varsovia. Sufrió las torturas de las SS y huyó de los bombarderos. Llevaba consigo un secreto que podía haber removido los cimientos del mundo, pero una vez junto a los poderosos, su voz se perdió en la incredulidad y la indiferencia  aplastado por la dura ley de la guerra. Estas son las palabras del partisano polaco que en 1943 denunció a Churchill y a Rossevelt los horrores de la Shoah (el gran final de los judíos) , esta es la increíble historia de Jan Karski"
Un comic que reclama reconocimiento por su doble condición, descarnado  libro de historia e infinita delicadeza narrativa. Si además, los dibujos rozan la perfección poética, uno tiene la sensación de que un relámpago inesperado ha cruzado la oscuridad.





martes, 26 de enero de 2016

El perdedor


Tal vez, la única incógnita que hoy merezca la pena despejar es, saber si este año los membrillos madurarán a tiempo y superarán    el olor de años pasados. Ahora están empezando a coger la prestancia de las frutas doradas y eso es suficiente para pedirle una tregua Al destino.
El otro día tropecé con un amigo que, después de contarme todas las operaciones de próstata a las que se  había  sometido, la quiebra económica de su familia y las últimas conquistas sobre las que había podido cabalgar; depositó sobre mí los desperdicios de todos los proyectos que había rumiado para encarar la vida con un poco de dignidad. Al parecer, tiempo atrás había estado consultando a un oráculo persa y éste le había anunciado: ”Quien se juega el dinero y gana, se traga un anzuelo de oro”. Desde entonces, confiado en el destino, decidió apostar fuerte en la vida con la esperanza de llegar a un  paraíso imaginado  de la mano de la fortuna. Decretó  firmemente ir en busca del éxito. A esa especie de lugar pulido y  sin suturas  donde se siente la salud total perpetuada en el tiempo. Allí donde la felicidad se congela infinitamente.
Y es que, mi amigo había estado esperando durante años ese golpe certero del destino que, a veces te coloca en ese punto crucial  a la hora indicada para que una mano invisible nos elija sin titubeos entre el grupo selecto de vencedores. Es entonces cuando la biografía personal se dispara hacia un punto sin retorno. Decididamente estamos entre los triunfadores, en el limbo miniado donde solo existe el fulgor de la suerte suprema.

   Volví a encontrarme hace poco con él. El éxito se había retrasado y, al parecer, el amargo sabor de la desgracia se había apoderado de  él. No obstante mi amigo, pese a la adversidad, me hizo saber que en esta vida llega un momento en el que se agotan todas las expectativas de cambio. Es entonces, decía, cuando urge convivir con  uno mismo, y esto supone uno de los esfuerzos más desesperados de la existencia. Mi amigo me hablaba del fracaso y de la aceptación de la derrota. Comprendí entonces que  ello comporta un inmenso dolor para la conciencia pero supone  un desafío de incalculable valor. Y es que ganarle el litigio a la vida, aceptar la derrota e ingresar en el selecto club de los fracasados es  convivir con la realidad ras de tierra, pelear a cuerpo descubierto con el destino. Solo entonces las conquistas se hacen  duraderas y la vida deja de ser una inclemencia.

Postdata: Este artículo fue publicado en septiembre de 2002 en Noticias de Navarra. Quizás hoy haya más perdedores por obligado cumplimiento según guión vital escrito por una casta de trileros que han llevado a esta España en bancarrota al suicidio de buena parte de su población. Cuando esto se escribió parecía que vivíamos en la época de la felicidad por decreto y servidor echaba en falta ese punto de ruptura en busca de una vida que, aunque aparentemente feliz, nos proporcionara ciertas dosis de realidad para comprender que ésta era algo más que un desesperado combate por la  acumulación.


lunes, 25 de enero de 2016

TRW


Los currelas de TRW no entienden la lógica carnicera de sus patronos alemanes. No por alemanes sino por capitalistas de última generación.  No les entra en la cabeza que a más ganancia menos reparto. Según su comité de empresa, ésta  ha ganado 101 millones de euros entre 2011 y 2014, es decir,  92.200 euros diarios. Una pasta gansa pero invisible. Me parece normal que no les cuadre. Pero deben saber que el postcapitalismo globalizado no se rige por ninguna  lógica, sino por distorsiones.  
Verán, en  los últimos años más de veinte obreros chinos se han suicidado arrojándose por las ventanas de la factoría Foxcom, una  empresa clandestina fabricante de nuestros iPods. No  soportaron los salvajes ritmos de 34 horas diarias y  decidieron acabar con su esclavitud arrojándose al vacío. ¿Qué hizo la empresa para evitar estos suicidios? No mejoró las condiciones laborales sino que  puso unas redes para evitar más saltos liberadores. Entre estos obreros que se suicidan y los obreros de TRW solo median unos miles de kilómetros y algunos años de sindicalismo. Pero sus dueños  operan desde el mismo despacho. Con una mano firman despidos y con la otra pelan langostinos.
Así es el nuevo capitalismo canalla. Se refuerza con la desgracia humana. Porque no está ideado para acabar con ella, sino para aumentarla. Y es la codicia lo que explica todo, pero también nuestra propia sumisión a este  capitalismo insensato mientras masticamos mentiras con avidez.
Yo no sé como animar a la gente de TRW más allá del manual clásico: negociación, movilización y acción directa. Sé  que con esto no basta. Porque hay que romper con el techo de cristal de la docilidad paralizante. Y en esas estamos todos al margen de nuestras falsas seguridades. Así que alguien tiene que decir la ultima palabra. Ánimo.







Caparrós cronicado


Conocí a este argentino en la  librería Auzolan  de Pamplona. Él  presentaba   su obra. Eso me hizo leer "Comí" y después  "Hambre",  un texto rotundo  que  sabía a comida y a excesos, a medidas y tiempos, a continentes y a hombres y mujeres que saboreaban comida, la median, la pesaban, como una obsesión, que la echaban en falta, que la tiraban, que la tenían o no, que les costaba conseguirla y que la desperdiciaban. Un libro de gastronomía marxista. Cuando  leí "Comí" me sedujo porque yo había pensado cosas similares a lo que él pensaba o había imaginado. Como por ejemplo, ¿Cuántos kilos de comida engullimos al cabo de nuestra vida? ¿Cómo medir semejante volumen?  Y cosas así. "Comí" es   uno de los penúltimos libros, porque desde entonces acumula varios más.
Caparrós es un  imprescindible de la literatura  actual. Dicho así suena a loa, pero no se puede decir de otra manera. Dicen de él que es  el el Paul Teroux -escritor de viajes- en castellano. Léanlos a los dos y comparen. Martín Caparrós es un viajero viajado viajando sin cesar por los entresijos y rendijas que deja abierta la literatura. Y si algo se puede decir de él es que sus textos huyen de la trampa posmoderna del entretenimiento blando y neoliberal.
Porque  cuando te cuenta una historia, cualquiera que caiga en sus manos,  te lleva por unos territorios que, igual ya conoces, pero que nunca has visitado.  Te engancha a sus desvaríos, sus dudas, racionales e irracionales, metódicas o absurdas. Y notas que trata de depurarse a golpe de buena literatura, esa de  la que andamos tan necesitados.
Su ultimo libro  Lacrónica es un largo paseo  por los viajes de su vida. Unos más cercanos otros más lejanos, en el tiempo,  la distancia y la memoria. En todos observas una infinita dedicación, una profunda sinceridad narrativa. Y todo con un único objetivo: cómo contar la vida, las historias, cómo hacerlo para conectar al lector con quien escribe, cómo hacerlo para evitar la soflama y demostrar escribiendo la imposibilidad de estar conforme. Pero  también Lacrónica es, sobre todo, sobre todo,   un manual de literatura, de buenas prácticas periodísticas, una guía imprescindible para leer bien y  escribir mejor. Aunque eso está reservado para algunos que se apellidan Caparrós
http://www.eldiario.es/cultura/Caparros-Internet-problema-solucion-periodismo_0_456004992.html




Ausencia


Pronto hará dos años de la muerte de  una de mis mejores amigas. Durante su agonía nocturna, en esas horas en que la consciencia te traiciona con su miedos, me metí en ese cuerpo llamado a desaparecer. Me atrajo el precipio de la muerte. Ví que había una caida considerable, un fondo sin fondo que me atraía. Me pregunté qué pasaría en los instantes que iban a mediar entre el reino de los vivos y los muertos. Y no había nada. Solo un miedo convertido en una atractiva resistencia. Y me acordé de una frase de Céline que decía: "Nada es más terrible que lo que no se ha dicho". Porque en ese instante en que se iba, me hubiera gustado paralizar su caida. Para decirle cosas que se quedaron colgadas de la memoria. Hace poco un familiar me anunció una enfermedad letal. Miro hacia dentro y vuelvo a verme ante el precipio de la ausencia. De lo que se anuncia como finalizado. De un viaje hacia una redención sin rescate posible.
 Pienso en ello, ahora que su ausencia  cumplirá dos años,  y solo sé que, además de brindar por la vida, como casi siempre, deberíamos brindar también por  llevarnos mejor con la muerte. Nada fácil. Pero para eso está también la buena literatura, por ejemplo, "Los diarios de Emilio Renzi", de Ricardo Piglia.

domingo, 24 de enero de 2016

Poe


El 22 de enero de 1845 Edgar Allan Poe amaneció de buen humor: junto al porche de su casa -una modesta pero coqueta vivienda de dos alturas, de madera de cedro pintada de blanco, chimenea de ladrillo, amplio galpón contiguo y agradable yard delantero- , se encontró con la edición dominical del Evening Mirror que publicaba su poema "El cuervo". Pocas semanas después llegaron elogiosas reseñas y al cabo de los meses la inesperada y amplísima fama. En un visto y no visto, Poe había dejado de ser un oscuro periodista para convertirse en una celebridad, incluso para aquellos que jamás leían un libro y que, sin embargo, leyeron "El cuervo". Las tertulias y los clubes se rifaban a la nueva estrella de la escena literaria de Nueva York y Poe trataba de no defraudar a nadie sin defraudarse a su vez a sí mismo. Una tarde bajó las escalerillas del porche y se encaminó hacia el tranvía que debía llevarlo al encuentro con otros escritores que tendría lugar en casa de Anne Charlotte Lynch, cuando se cruzó con un niño que lo reconoció y comenzó a dar vueltas a su alrededor, agitando los brazos y profiriendo sonoros graznidos. Poe, que como buen huérfano nunca se deshizo de la infancia, decidió corresponderle y ambos empezaron a volar de un lado para otro y acabaron subidos a un árbol, grajeando como locos, mientras se marchaba el tranvía.

El Cuervo: http://www.literatura.us/idiomas/eap_cuervo.html

Extracto de la Agenda 2016. Anoche un libro me salvó la vida. Ed. errata naturae, Madrid, 2015

martes, 19 de enero de 2016

Desenchufe



Siento pertenecer  a ese porcentaje de ciudadanos que no logra entender el procés català. Ni a corto ni a medio plazo. Mucho menos los movimientos que las diferentes fichas han realizado en esa compleja partida de  ajedrez llamada a dar jaque mate al reino de España. Y les puedo asegurar que los medios españoles leales al neoliberalismo político de la España grande y libre  no me conmueven.
Pero lo peor está siendo  querer entenderlo por encima de todo, sin filtros, sin objeciones, por encima y por debajo de Mas. Entender discursos, asambleas, votos, contravotos, idas y venidas, negociaciones y retiradas a tiempo. Dar por bueno cualquier paso porque el procés está exculpado de toda equivocación.  A cualquier precio. Entonces es cuando entro en barrena. Porque en otros momentos de la historia las aristas se han mirado con lupa.
Un amigo catalán me dice que la mayoría política del pueblo de Catalunya está por la desconexión española no tanto porque identitariamente sienta esa pulsión sino porque salir de España, de esta España refranquistada y atascada en la corrupción hasta médula,  es la única manera de afrontar un futuro con dignidad. Le digo que eso también lo sienten muchas personas en Ciudad Real, Zaragoza  o Sevilla. Pero detrás no tienen una excusa histórica para justificar su “liberación”.   

Así las cosas, me cuesta imaginar estos dieciocho meses hasta la desconexión del  canal español. Cómo se aguantarán los empujones finales, las tensiones, las resistencias, las amenazas españolas y catalanas, cómo actuarán los lobbies de presión, los empresarios, los partidos unionistas, la gran banca, el ejército, los grupos de interés, los medios. Cómo se pactará lo que sea y a qué precio. En definitiva, cómo se explicará, gestionará y negociará ese final hacia la república catalana. Junqueras  lo tiene muy claro. Le envidio.

lunes, 18 de enero de 2016

La otra acera




Sé que hay asesinos que limpian sus crímenes con el papel de  las acciones que invierten en  bolsa, imbéciles que se ganan la vida vendiendo la  exclusiva de su histriónica existencia, estafadores encumbrados en los parlamentos, políticos y moralistas  que buscan compañía en burdeles de lujo, sacerdotes que rezan después de sodomizar a sus confesados, capitanes de empresa que, mientras firman mil despidos, engullen pinchos de tortilla de patata, banqueros de dientes afilados que se alimentan de  hipotecas, diputados tránsfugas que venden su voto por una ración de jamón de Guijuelo, tratantes de ganado que invierten en cuadros de  Miró, intelectuales pesebreros que escriben al dictado,  policías sádicos que saludan  con una sonrisa profidén, fanáticos e inquisidores que se creen poseedores de una verdad carnicera, financieros decrépitos acompañados de bellos asesinos, traficantes de armas de misa y comunión diaria, periodistas sin escrúpulos, profetas que se excitan anunciando calamidades, jueces prevaricadores de digna presencia, militares que digieren todas las matanzas sin inmutarse, jefes de multinacionales que estrangulan países en bancarrota y hambruna desesperada y  especuladores de la miseria que eliminan mendigos con matarratas.  Todos ellos se cruzan conmigo cada día. Pero  me alegro de caminar por la otra acera. Y más aún. Me gustaría que esa calle por la que transitan se abriera en canal para establecer un puente insalvable. Para que nunca pudieran circular por esta acera por la que usted y yo caminamos. Así que aprovechando estas fechas, desearía que el futuro me deparara gente saludable, discreta y limpia de polvo y paja para hacer de cada día una apuesta por la vida. Honrados panaderos, buenos ebanistas y vendedoras  de frutas a un precio razonable.  Eso es lo mínimo que se le puede pedir a los dioses. Y es que si ya no puedes cambiar el mundo, levanta al menos un puente en tu interior para salvarte de toda la basura  que genera este vertedero.



Posdata: Artículo publicado en diciembre de 2004 en Diario de Noticias de Navarra. Bueno, después de doce años sigo  pensando que el mundo está agarrado por los bajos por esa banda que malhechores de pensamiento, palabra, obra y omisión. No creo que sea fácil cambiarlo. El mundo. Hace algunos años teníamos las preguntas pero no sabíamos las respuestas, ahora sabemos las preguntas y también nos han dado las respuestas. Pero no sabemos en qué orden se colocan para superar esta prueba de supervivencia. De lo que no estoy tan seguro hoy es de ese puente interior. Hoy me huele  a salvación privada de corte neoliberal. Aunque haya ratos en que servidor cruce ese  puente buscando  un respiro. 

viernes, 15 de enero de 2016

San Barcolás

 
Calle San Nicolas, Pamplona, saturada de bares. Foto: Mikel Saiz
Aquella calle, en tiempos llamada Tornerías, había perdido hasta su nombre. Apenas quedaba rastro de los viejos comercios fagocitados  por una hostelería  especulativa de alta intensidad. Ese nuevo barismo posmoderno sin vinculación vecinal,  monopolizaba  el ochenta por ciento de la actividad comercial  y actuaba sin piedad. Como si la calle San Nicolás  fuera suya. Más aún, como si  el vecindario y la propia autoridad municipal debieran rendirle pleitesía a cambio de la dinamización gastrocultural que proclamaban. Porque allí mandaban ellos. Nuevos bares, pese a la moratoria existente, estaban a punto de abrir mientras otros se  permitían la osadía  de saltarse el horario nocturno de actividad noche tras noche. Algunos  bares de esa calle tenían licencia comercial de una cosa y hacían otra. Sin cortarse un pelo. Allí había bares de nombre pero en realidad eran discotecas tuneadas de jueves a domingo. Y no pasaba nada. Ni siquiera la policía para avisarles de  su trampa. Y eso era lo grave. Que no pasaba nada. Que actuaban de oficio, como si tuvieran patente de corso; incluso  para robarle el sueño  de la vecindad. Porque aquellos bares habían decidido tomar la calle al asalto. Creían que tenían barra libre. Y así era. Incluso allende sus propiedades. 
No me resulta fácil escribir de esto. Y me jode recordarles esto a quienes he votado. Porque veo que el actual Ayuntamiento no puede,  o no quiere o no sabe gestionar este gravísimo problema generado por la saturación hostelera, la atomización de actividades y la ultrasocialización que padece el nuevo hábitat del Casco Viejo. Y me duele comprobar como la impunidad e inmunidad  hostelera, de esta y otras calles, ha impuesto su ley,   infame y diabólica. Ganando la partida a la autoridad y a la propia vecindad que solo quiere dormir en paz. Sin más.


Artículo publicado en Noticias de Navarra el 11 de enero de 2016
http://www.noticiasdenavarra.com/2016/01/11/opinion/columnistas/a-pie-de-obra/san-barcolas