miércoles, 23 de diciembre de 2015

La farsa que se avecina o el saqueo de la democracia fantasma


A  estas alturas de la mentira,  instalada ésta  como moneda de cambio en la ciénaga política, exigir al socialismo sanchista responsabilidad con esos millones de  votantes que han apoyado el “cambio”, es pura ilusión pervertida. Lo digo por la más que posible espantada del socialismo ante un gobierno de cambio con Podemos y otras fuerzas de izquierda. Todos sabemos que el socialismo se estranguló con Felipe González hacia una deriva insondable abandonando la idea  de cambiar el mundo por gestionarlo mejor.
 En Navarra, donde se han realizado a lo largo de la historia numerosos experimentos políticos, sabemos que los socialistas han sostenido a una de las derechas más reaccionarias de Europa durante años. Y lo han explicado por activa y por pasiva, han justificado su apoyo con ideas vacías pero dotadas de carga emocional:  la necesaria gobernabilidad, la responsabilidad y la incuestionable garantía   constitucional del régimen. Pero las izquierdas deben hacer una buena traducción de ello: el sostenimiento bastardo de  un régimen del cual ellos, los socialistas,  han sido arte y parte en la depravación y la alteración de las voluntades ciudadanas. Los socialistas navarros, sus dirigentes, durante años, han apoyado un régimen corrupto blindado tras la responsabilidad institucional. Y lo han sostenido como coartada moral  y política ante el constante saqueo de la voluntad popular. Así les va. 
Pedro Sánchez no apoyará a Rajoy en la primera investidura, ni en la segunda. Y forzará con ello unas nuevas elecciones en las que la amenaza de la polarización por la derecha y por la izquierda amenazará  a este reino de España con  nuevos nubarrones y miedos que serán azuzados por los medios conservadores, la patronal, el IBEX 35, la Corona y la Santa Sede si es preciso. En esa tesitura, con una España radicalizada en sus extremos, en un escenario identificado- que no real- como ingobernable; la necesidad  exigente de la racionalidad y el consenso llevarán a Pedro Sánchez a pactar con el PP en un ejercicio de deuda e inmolación  responsable. Algo ya ensayado en Navarra.  Pero no se preocupen, todo ello será debidamente justificado  como un acto de fe en España y su futuro.  Esa responsabilidad se venderá como un acto de salvación de un país ingobernable abocado al cainismo, el miedo y el abismo. Donde todas las aguas tienen el color de los ahogados.

Atrás quedará un socialismo meramente testimonial en Andalucía y Extremadura. Pero no importará. Y un país con casi trece millones de pobres, una economía saqueada, un estado del Bienestar puesto en venta, una cultura hipotecada, una educación sin recursos, una ciencia abocada a la diáspora  y millones de gentes queriendo huir de un país que no los reconoce. Mientras,  los grandes lobbies de presión económica, política y mediática, alimentarán la idea de que el espíritu florece sobre las ruinas de la vida. Y comerán langostinos con una mano mientras con la otra aprietan el gatillo contra una democracia asesinada  de antemano. Siento que vivo en un país que como dice Cioran, si los demonios probaran el amargor de la sangre enloquecerían de tristeza.