lunes, 16 de noviembre de 2015

La muerte anunciada

  

 ¿ Qué extraño veneno se agita en el cerebro del  asesino de su propia mujer ? No lo sé. Tal vez el mismo que dinamita las neuronas de cualquiera que decida acabar con ese prójimo que le inoportuna.  Pero hace falta ser muy cabrón para acabar con alguien a cuchilladas  y, además, por la espalda.  Y si la víctima es una mujer violada, torturada, apaleada  y desposeída de su honra durante trece años de cruel relación, entonces las tripas se retuercen buscando venganza. Pero  lo sé, esa no es la solución aunque el cuerpo te lo pida. Todo esto viene a cuento porque el  pasado martes, aquí mismo,  un tipo vulgar de alma ennegrecida, acabó con una mujer que había decidido abandonar el infierno en que se había convertido su lecho  conyugal. Él no lo soportó y se encargó de decirle al mundo quien tiene la última palabra. Este matón envalentonado ya lo había anunciado. Así que todo el mundo sabía o intuía lo que podía pasar. Hay miles de casos similares. Y nadie lo evitó de verdad. Unos hicieron lo que pudieron, otros no hicieron nada y otros se llamaron andana. Ahora, ella pasea su alma desangrada por  ese espacio  infinito donde ya no necesita de nada ni de nadie.

 La violencia contra las mujeres todavía no ha desatado las pasiones que otras violencias provocan. Porque, ya es duro decirlo, estas muertes no sirven  para remover  conciencias, no provocan catarsis colectiva ni convocan multitudes, ni pactos de estado, ni acuerdos de gobierno, ni leyes especiales. Tan solo se habla, bla, bla, bla. Y es que  esta violencia no se quiere asumir como un problema de Estado. Sus causas y consecuencias no incomodan  todavía a nadie con poder de verdad. Por eso no es de urgente acometida social. Porque esta violencia se produce de puertas adentro, es silenciosa y en ese espacio intocable de la privacidad. Sólo emerge cuando sus efectos son ya irremediables y la sangre salpica ciertos despachos. Entonces, y sólo entonces,  se mueven algunos hilos y se paralizan ciertas sonrisas. La violencia contra ellas molesta, sí,  pero no se quiere evitar porque ello supone alterar el orden legislativo y social. Y eso exige millones y un cambio de posiciones en esta partida de ajedrez en la que ellas siempre juegan de peonas. Y es que en el fondo siguen siendo todavía ciudadanas de segunda en un estado que presume de primera. Para enmendar un poco esto y para decir basta a tanta violencia contra las mujeres se ha convocado mañana viernes, día 12,  una manifestación en el Ayuntamiento de Villava a las 8 de la tarde. Allí nos vemos.


Posdata: este artículo se publicó en Diario de Noticias el 6 de junio de 2001. Han pasado 14 años. En apenas siete días de este negro noviembre de 2015, han muerto siete mujeres asesinadas por sus verdugos mal llamados amantes, compañeros o maridos. Una violencia incesante e incansable, banal y venal. Y pareciera que el artículo se podría haber escrito hoy. Eso no demuestra que servidor esté en lo cierto sino que este estado social ha enloquecido.