domingo, 4 de octubre de 2015

Ya era hora

19 julio de 1936, requetés navarros arrían la bandera republicana en el palacio de Diputación

Este es un libro que, cuando uno lo abre tiene la sensación de que sus protagonistas siguen ahí, mirándote de frente para compartir contigo la sangre derramada por una historia interminable. Hablan desde un lugar anestesiado de la memoria. Desde el único lugar que uno encuentra consuelo ante la muerte. Cada vez que pliegas una hoja, se puede oír el eco letal de los disparos que acabaron con la vida de muchos de ellos y ellas. Este no es un libro de fácil lectura. Tal vez no sea ese su cometido. Porque los libros sirven para deleitarse con la fantasía o el ingenio de quien los escribe. Pero este no. Porque quien lo ha escrito ya no está para pedir nada . Ni siquiera el olvido que sus verdugos solicitan. Este libro es el retrato amargo, dramático y doloroso de una época siniestra. De un tiempo que exige volver a nombrarlo como dios y la historia lo reclaman. Un tiempo que no se puede olvidar porque la tierra, que a muchos les negaron, todavía huele. Esta es la historia de los vencidos, de los derrotados y perseguidas, de la vida y la muerte de quienes fueron exiliados, torturados y asesinadas a lo largo de tres inmisericordes años que hicieron de Navarra el anticipo del Auschwitz nazi. Navarra: de la esperanza al terror, 1936, se vuelve a reeditar después de diecisiete años en un ejercicio de historia combativa. De la que ya no se hace. Una historia comprometida con quienes han perdido la vida a cambio de nada para que el mundo siga burlándose desde la azotea del pensamiento único y del fin de la historia. Y es que la modernidad ha transustanciado la historia en un cuento de princesas. Este es un libro de gentes que se sintieron en lo más profundo de su ser, sujetos históricos de un cambio que nunca vieron. Un libro que, pese a quien pese, no reclama venganza. Solo restituye a quienes un día fueron aniquilados a sangre y fuego por el mero hecho de querer ser hombres y mujeres libres. Porque habían tenido la oportunidad de saborear el anticipo de la libertad. Este libro no huele a naftalina. Aquí quien huele a naftalina es Fraga. Pero nadie dice nada. Este libro se ha hecho para no olvidar. El postmodernismo y el postnihilismo han relativizado la vida, la muerte, el pasado y el presente hasta convertirnos a todos en parte de esos renglones torcidos de la existencia. Yo no entiendo como se puede firmar un manifiesto siendo de Comisiones Obreras y hacerlo al lado de un personaje de derechas de toda la vida, al que ni la tolerancia se le supone. Eso pasa aquí, ahora, y se dice que todo vale, que todo es relativo. Este no es un libro relativo. Es duro como la vida, amargo como la muerte. De la esperanza al terror quiere volver a decir que todo aquel que militó alguna vez en la verdad jamás será abandonado por ella.

Pdata: Este artículo se publicó en Diario de Noticias en junio  2003. Han pasado doce años, y muchos más para que el Gobierno de Navarra reconociera a algunos de los caídos del otro lado de la acera, o de la vida, o de lo que usted quiera, pero del otro lado. En cualquier caso de ese lado ,que no busca enfrentamientos ni  en el tiempo ni en la historia, solo  el reconocimiento que se merecen. En el  eco de la memoria
http://www.noticiasdenavarra.com/2015/10/03/politica/navarra/emotivo-homenaje-a-los-33-empleados-de-la-diputacion-foral-que-fueron-fusilados-durante-la-guerra-civil 

Enredar


Ganas de enredar. Para remover el estiércol, el lodazal rentable. Para que vuelva a oler, para sacar dividendo, para confundir, marear, enmarañar la vida, de por sí crujida por tanta ciénaga enquistada. UPN le pedía el otro día a la portavoz del Gobierno, Ana Ollo,  más entusiasmo por la detención de la cúpula de ETA.  Se  extrañaba UPN,  que la portavoz no tocara arrebato las campanas de Palacio. Como si esas detenciones, activadas electoralmente,  se la trajeran al pairo. Ollo tenía que haberse encomendado a San Fermín y  brindar con patxarán “la Navarra” por la Guardia Civil.  Pero no. No  se comportó como una navarra de pro.  Los regionalistas se preguntan por qué calla Ollo cuando a la gente normal lo que le preocupa es llegar sano y salvo a fin de mes.
Y para revolver más. Otro colega de UPN, el ministro del Interior, un tal Fernández Díaz,   comparó el otro día  la lucha por pillar cacho y foto en el  ayuntamiento de Barcelona, con la guerra de banderas en los tiempos de plomo. Y no se cortó. Se le fue la sinhueso, muy desengrasada ya,   y mezcló  ETA, las banderas, las pensiones y el independentismo.  Y lo argamasó todo en un discurso patológico y apestoso. Ganas de volver al pecado original, a ese del que muchos todavía comen caliente cada día.

Igual servidor no puede garantizar  sensatez al cien por cien, pero algunos políticos demuestran tener un doble fondo moral solo a la altura de la bragueta. Y a veces, ni eso. Acaso UPN celebró el encarcelamiento de Barcenas, de Fabra, la imputación de la Infanta, los juicios de la trama Gürtel, el caso Bankia, el caso CAN y otros muchos hechos que han puesto en evidencia el lodazal en que vivimos. Yo no digo que echemos “cuetes”; pero joder, un poco de cordura. Para no seguir engordando la mentira que encarnamos.