jueves, 18 de junio de 2015

Enferma


Mientras hacía la compra en el supermercado del barrio, donde  uno se da cuenta que tenía una cita con Dios pero se olvida por estar ocupado en asuntos más importantes, vi a una mujer en una silla de ruedas empujada por otra mujer latinoamericana de rasgos indios. La acompañante cuidadora la dejó en un pasillo mientras ésta se disponía, tras las ordenes de la mujer enferma, a hacer la compra. Una sensación de tristeza me invadió. Miré a la enferma, elegante, recién salida de la permanente, uñas arregladas, silla  impoluta, ropa cara y unos ojos tremendamente tristes que clamaban piedad.  La enfermedad la estaba enterrando en vida. Eso pensé. Quise irme corriendo de allí. Para que Caronte no se quedara con mi cara. Ya en la calle pensé que huía de la extirpación constante del dolor, de una política cotidiana definida por el aprender sin pedagogía, de la política del talante sin talento, o de la exigencia sin decisión.
La mujer enferma llevaba sobre su regazo un  libro de Vicente Verdú, "La ausencia", un manual de buenas prácticas sobre el sentir melancólico en un mundo de pérdidas no resueltas, y duelos no asumidos.

Contraportada cargada de bilis

Diario de Navarra, 18 junio 2015 "Cambio de look"

Lean esto. Es del Diario de Navarra de hoy mismo. En la contraportada. Donde este medio suele guardar la ultima cuchillada. Se refiere a la sesión de ayer, la constitución del Parlamento de Navarra. Destila amoniaco, veneno de alta densidad. Se refiere el articulista a una sesión en la que hubo un "lifting emocional" o una "estética palestina de cambio". Me gustaría ser políticamente correcto. Pero no puedo. Quien redacta esto no ha hecho el duelo político que toda democracia enseña cuando tus principios e ideas no son mayoritarias. Y lo peor, no quiere hacerlo porque se considera habitante del altiplano de la verdad profética. Este periódico está cargando las bayonetas día sí día también. Para vengar la ausencia de los vencidos democráticamente. Y este medio debería callar, al menos por un tiempo, ayunar de ante tanta bilis vomitada y la que queda por vomitar. Porque un tiempo de silencio fortalece el valor de las palabras.Pero no puede. Porque ignora que no existe mayor obstáculo para lograr la liberación que la necesidad del fracaso.