jueves, 14 de mayo de 2015

La pelota vasca




Pese a la acusación, Julio Meden se ha desprendido de las ideas para dejar que el peso de conciencia le aplaste. Para que la experiencia vivida y  la realidad, a palo seco, hablen. Tal vez eso mismo quiso transmitir a sus interpelados en La pelota vasca, un  documental de tanta intensidad emocional que no nos  puede dejar indiferentes. Creo que, nunca nadie había puesto tanto empeño en llegar al alma frustrada,  dolorida y sangrante de este país. Nunca nadie había ido tan lejos ni su apuesta había sido más atrevida. Porque  la vida  puede ser muy sencilla para los que se agarran a un solo punto de vista pero mucho más arriesgada, y también más  rica,  para los que la encaran desde diferentes trincheras.  Meden ha querido hablar y dejar hablar desde un territorio comprometido, desde las vísceras abiertas, desde el eco  profundo y sangriento que ha dejado cada ser reventado, muerto, preso y torturado en nombre de este país. Meden se ha situado más allá del discurso político. Más allá de la intelectualidad y la retórica política del conflicto. Sin olvidarlo, ha pretendido que las miradas, las reflexiones  y los sufrimientos se crucen en un fuego que sólo deja de ser cruento cuando las verdades se defienden desde la respetuosa equidistancia. Algo que todavía  no han hecho los políticos. Porque no saben, porque no quieren o porque no pueden.  Y es que Meden ha llegado al centro del laberinto, a ese lugar donde la presión del silencio es tan fuerte que solo se quiere  encontrar  una salida.

La pelota vasca rebota. Una y otra vez. Como si al tremendo saque de Meden    fuese difícil llegar. Sus resplandores épicos iluminan  un país que ha perdido la esperanza,  un país frustrado. Por eso es preciso hablar y entender a los otros. Más que nunca. Porque este país quiere, desde lo más profundo, que las cosas cambien. Quien vea en este empeño un aplauso al terror se equivoca. Los testimonios de Eduardo Madina, el joven socialista que perdió una pierna y el hijo de José Javier Múgica, asesinado por ETA,   son tan estremecedores, tan limpios, tan empáticos,  que puntean el camino de una solución que la gente de a pie pide a gritos. Solo una cuestión más. Me impresionó el travelling final. Todos los entrevistados se despedían pero faltaban ellas. Y es que las pocas mujeres que aparecen en el documental hablan desde la tribuna de las víctimas. Lo que demuestra que, también  este es un conflicto de género, pero muy degenerado.


Posdata: este artículo se publicó en Diario de Noticias en 2003, hace doce años. Cuando vi la película  me dije que Meden se merecía ocupar un lugar en la memoria, no sé si de este pueblo, de la gente o de la historia. Se atrevió a hacer, a decir y a contar  algo diferente. Contra corriente y en un tiempo todavía convulso y ajado por la rabia y el dolor.  Tuvo su peaje. 
El otro domingo, Salvados, el programa de Evole,  se atrevió con Rekarte, el ex etarra convicto y arrepentido. Vi la entrevista y me quedé clavado al sillón. Fue como ir por un túnel lleno de escombros que el tiempo había dejado varados en medio de la nada. No sabía donde estaba, si siguiendo la estela de Meden, o la de Rekarte. El tiempo había pasado, sí, pero la memoria seguía jugando malas pasadas. Me dije que, quizás Rekarte estaba pensando a lo largo de la entrevista que,  conocer es aceptar introducirse en un laberinto en el que ninguna de las salidas es inocente.