lunes, 2 de marzo de 2015

Socialistas de Barañain



A la misma hora en que Pedro Sánchez, líder del PSOE, se reunía en Sao Paulo con el ex presidente Lula para recordar que el mundo, todavía podía girar a la izquierda, en Barañáin, sus compañeros de partido se empeñaban justo en lo contrario. Pedro Sánchez se había enterado de que esos camaradas habían votado en contra de una moción presentada en el tercer Ayuntamiento de Navarra, en la que se solicitaba solidaridad con Faurecia, empresa amenazada por el despido de casi doscientos trabajadores. Y no entendía, porque según él sabía, el grupo socialista en el parlamento navarro si había apoyado a esos trabajadores.
Muy enfadado, Pedro Sánchez, llamó a sus compañeros y les dijo que mientras él trataba de volver a sembrar el campo yermo de ilusiones que había cosechado el socialismo navarro en esta tierra, ellos seguían empeñados en mantenerlo en barbecho. Pedro no entendía cómo el socialismo navarro, cuya reformulación se anunciaba a bombo y platillo, se ponía en contra de un grupo de trabajadores y por defecto, le hacía la ola al capitalismo más bastardo desde la equidistancia indolente.
Pedro Sánchez les recordó que cada gesto y cada palabra cuentan. Porque la Historia es un profeta con la mirada vuelta hacia atrás. Y si el socialismo navarro quería recuperarse, ellos, con su extraviada conciencia de clase, limitaban su capacidad de recuperación. Porque si en esa localidad se sentaban, un día sí y otro también, a la derecha de los conservadores de UPN, quizás debieran pensarse dos veces en qué creían, para qué estaban allí y a quién servían.
Pedro finalmente les recordó una frase de Marx, a quien ellos reconocieron desconocer: “sois socialistas, no para amar en silencio vuestras ideas ni para recrearos en su grandeza, sino para llevarlas a todas partes”. Acto seguido colgó.

Posdata: La frase que le atribuyo a Marx, no es de él, sino de Pablo Iglesias, fundador de la UGT. Gracias a Jose Mari Asín que se fijó en ello y me tiró de las orejas. 


Madre


Richard Ford escribió en 1988 "My Mother", editado en castellano por Anagrama en 2010 con el título de "Mi madre". En setenta y nueve páginas le dice adiós a la mujer que le dio a luz. Esa despedida me conmovió y perturbó cuando lo leí en su día. Lo he vuelto a leer estos días porque yo también tengo madre y no se cómo decirle adios. Pero sé que pronto tendré que ponerme a la faena. Y por eso Ford me está echando una mano. Un amigo que, para más señas es psiquiatra, suele ser duro y contundente con los apegos, los vínculos y demás construcciones alrededor de las dependencias personales y emocionales que nos montamos con los seres queridos y no queridos. Dice que nos vinculamos mucho, en exceso. Y eso trae malas cosechas. El dice que es una falta de repris personal. Lo entiendo pero no logro "separarme"" de mi madre. Me pasa lo que a Ford. E imagino que me pasa como a millones de apegados a la madre. ¿Cuestión de edad, dignidad y gobierno? Yo qué sé. Solo sé que me gustaría poder escribirle a mi madre unas ochenta páginas como las que Ford le dedicó a la suya. Lo que ya no tengo tan claro es poder afirmar como lo hace Ford "Nosotros - mi madre y yo- nunca estuvimos unidos por la culpa o la verguenza, ni siquiera por el deder. El amor lo cubría todo" Léanlo solo por el placer de encontrarse sumergidos a mitad de camino de una edad interminable.