lunes, 23 de febrero de 2015

El síntoma griego


Un libro imprescindible para entender el desmantelamiento de Grecia. Para comprender cómo se ha llegado a esto. A esta emergencia europea que se ausencia del conflicto a la hora punta. Este texto sirve para conocer de primera mano las claves que han hecho posible el desguace del estado griego, sus instituciones y su historia como país, la degradación de sus gentes y el holocausto social al que se le está sometiendo. Escrito en 2013, mientras  del embarrancamiento de la política griega y su posterior reflotación a través de Tsipras, “El síntoma griego” es el síntoma de Europa, la del sur, la de la dominación de un modelo económico por encima de las decisiones políticas y las soberanías de los pueblos.

Los principales teóricos y analistas europeos, se dan cita en este volumen duro e intenso, no apto para cabezas a medio gas. El texto toma a Grecia como punto de partida para reflexionar sobre el futuro de Europa. Y lo hace revisando las formas de pensar, de resistir, de gestionar lo público y lo privado, la moneda, la banca, la pertenencia. En definitiva un texto que no nos dejará indiferentes y que nos llevará a un estado de reflexión permanente. Que nos servirá de referencia para comprende mejor el futuro que viene y nos espera. Pero no solo eso, nos aporta herramientas. Que no es poco. O quizás lo más decisivo que nos puede aportar  un texto.

Faurecia: capitalismo de manual



Aquellos soldados, curtidos en la cadena de montaje postfordista, acudieron a una cita con el futuro a sabiendas de que aquella reunión podía ser su última batalla. Habían sido citados en Bilbao por una banda de tiburones con tres hileras de dientes encadenados a una cuenta corriente saturada de beneficios. Pertenecían a una multinacional francesa experta en artes capitalistas de última generación: hacer negocios a cualquier precio aunque corriera la sangre. A la reunión acudió también una consejera en calidad de oyente sin margen de maniobra, a no ser la del despiste.
La multinacional Faurecia, galardonada en Francia con el premio al “mejor empleador” y cuya facturación en 2014 fue de 18.300 millones de euros, un 4,4% más que el año anterior, había anunciado la inviabilidad del negocio y el despido de casi 200 trabajadores de su planta de Burlada.
Los obreros no compartían ese diagnóstico necrosado, máxime cuando aseguraban la alta rentabilidad de la empresa navarra. Por eso fueron a Bilbao, para demostrar que la fábrica, donde se dejaban la piel, seguía teniendo futuro, aunque fuera negro.
Pero el capital no entiende otras razones que no sean las de la especulación, la usura y la acumulación sin límites. Aquella banda de consejeros sin alma, aconsejados por el despacho de Garrigues Walker, un neoliberal de Sotogrande que escribe obras de teatro con doble fondo moral sobre la crisis, les dijo a los sindicalistas que ya no había mercados, sino oportunidades de negocio. Y ellos ya no eran rentables. El negocio, dijeron, está en Polonia, donde la mano de obra está de saldo, es sumisa y además subvencionada. Con eso sancionaban que el capitalismo actual funciona con la lógica de apartheid, donde unos pocos tienen derecho a todo y la mayoría son excluidos. ¡Solidaridad con Faurecia!