lunes, 28 de diciembre de 2015

El premio


Felipe VI se había levantado aquella mañana con una inconfesable resaca. El jefe de la Casa Real, Jaime Alfonsín,  le ofreció un ibuprofeno que ingirió con un café bien cargado. Ya en el despacho,  el rey abrió el correo que Ana Herrera, consejera de Cultura del Gobierno de Navarra le había enviado el día de San Lázaro. Mientras lo leía, cabeceaba como queriendo quitarse  de encima  los restos del  naufragio nocturno.  De repente soltó una carcajada. Alfonsín le miró sorprendido.  Pensó que todavía podía estar bajo los efectos del exceso.
-       Majestad -le dijo-,  ¿ocurre algo?
-       Nada Alfonsín,  los navarros me acaban de quitar un peso de encima. Ya no entregaré más premios Príncipe de Viana, lo cual me alegra porque eran un peñazo anual que nunca digerí bien. Imagínate, -prosiguió- si este año tuviera  que aguantar los desplantes de esas gentes de Bildu o de esa chica de Podemos.  
-       ¿Tú te acuerdas de esa chica Alfonsín?, aquella que me retó  en  2011 a convocar un referéndum por la República mientras el entonces presidente  Sanz le espetó a fundar un partido político y esperar a que le votarán.
-       -Quita, quita Alfonsín , dijo el rey,  - escribe a esa Consejera y acepta de buen grado esta insolencia liberadora. Dile además,  que cedo el título de Princesa de Viana, de mi hija  Leonor,  al fallecido  Pablo Antoñana y que  lo ostente  a título póstumo-.
El rey entonces le mostró a su secretario un libro del de Viana titulado: El tiempo no está con nosotros. 
-Ese hombre sí que era clarividente –dijo el rey-. Y  este cuento suyo me recuerda que un rey debe ser honesto . Pero su mayor  acto de valentía sería derribar el templo que ha erigido para adorarse-.
-       Ponte a ello Alfonsín -indicó el rey- y recuérdale a Ana Herrera que puede retirarme la confianza pero nunca dejar de celebrar  el día de hoy-.  

Artículo publicado en Noticias de Navarra el 28 de diciembre de 2015


viernes, 25 de diciembre de 2015

Muerte el día de Navidad


El cadáver de Walser yace en medio de la nieve. 

Tal día como hoy hace 59 años moría en  los alrededores del manicomio de Herisau (Suiza),   Robert Walser. Su cuerpo apareció en medio de la nieve invernal. Walser llevaba 23 años ingresado. Ese día  había salido a pasear huyendo de la eternidad que le perseguía y se dio de bruces con ella. Así era su literatura, un arte que  trataba de evitar cualquier forma de permanencia o duración. Y de esta metáfora nuestro Vila Matas se quedó colgado. De ello, de Walser y de su intento de escapismo literario, de la fugacidad, de la insignificancia elevada . Walser fue un hombre que queriendo llegar al cero de su vida quiso quitarse de en medio. Intentó el suicidio colgándose.  Pero no supo hacer el nudo corredizo. Como si en ese acto fallido se quisiera decirse  a sí mismo que el devenir es una agonía sin desenlace.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

La farsa que se avecina o el saqueo de la democracia fantasma


A  estas alturas de la mentira,  instalada ésta  como moneda de cambio en la ciénaga política, exigir al socialismo sanchista responsabilidad con esos millones de  votantes que han apoyado el “cambio”, es pura ilusión pervertida. Lo digo por la más que posible espantada del socialismo ante un gobierno de cambio con Podemos y otras fuerzas de izquierda. Todos sabemos que el socialismo se estranguló con Felipe González hacia una deriva insondable abandonando la idea  de cambiar el mundo por gestionarlo mejor.
 En Navarra, donde se han realizado a lo largo de la historia numerosos experimentos políticos, sabemos que los socialistas han sostenido a una de las derechas más reaccionarias de Europa durante años. Y lo han explicado por activa y por pasiva, han justificado su apoyo con ideas vacías pero dotadas de carga emocional:  la necesaria gobernabilidad, la responsabilidad y la incuestionable garantía   constitucional del régimen. Pero las izquierdas deben hacer una buena traducción de ello: el sostenimiento bastardo de  un régimen del cual ellos, los socialistas,  han sido arte y parte en la depravación y la alteración de las voluntades ciudadanas. Los socialistas navarros, sus dirigentes, durante años, han apoyado un régimen corrupto blindado tras la responsabilidad institucional. Y lo han sostenido como coartada moral  y política ante el constante saqueo de la voluntad popular. Así les va. 
Pedro Sánchez no apoyará a Rajoy en la primera investidura, ni en la segunda. Y forzará con ello unas nuevas elecciones en las que la amenaza de la polarización por la derecha y por la izquierda amenazará  a este reino de España con  nuevos nubarrones y miedos que serán azuzados por los medios conservadores, la patronal, el IBEX 35, la Corona y la Santa Sede si es preciso. En esa tesitura, con una España radicalizada en sus extremos, en un escenario identificado- que no real- como ingobernable; la necesidad  exigente de la racionalidad y el consenso llevarán a Pedro Sánchez a pactar con el PP en un ejercicio de deuda e inmolación  responsable. Algo ya ensayado en Navarra.  Pero no se preocupen, todo ello será debidamente justificado  como un acto de fe en España y su futuro.  Esa responsabilidad se venderá como un acto de salvación de un país ingobernable abocado al cainismo, el miedo y el abismo. Donde todas las aguas tienen el color de los ahogados.

Atrás quedará un socialismo meramente testimonial en Andalucía y Extremadura. Pero no importará. Y un país con casi trece millones de pobres, una economía saqueada, un estado del Bienestar puesto en venta, una cultura hipotecada, una educación sin recursos, una ciencia abocada a la diáspora  y millones de gentes queriendo huir de un país que no los reconoce. Mientras,  los grandes lobbies de presión económica, política y mediática, alimentarán la idea de que el espíritu florece sobre las ruinas de la vida. Y comerán langostinos con una mano mientras con la otra aprietan el gatillo contra una democracia asesinada  de antemano. Siento que vivo en un país que como dice Cioran, si los demonios probaran el amargor de la sangre enloquecerían de tristeza.

lunes, 21 de diciembre de 2015

Referéndum o nuevas elecciones



La complejidad del resultado electoral va a poner a prueba  la capacidad de gestión de los partidos políticos. En juego está la gobernabilidad de este reino de España  en bancarrota económica y social. Ya lo decía ayer Javier Vizcaíno en su twiter. La gran derecha  constitucionalista y unionista representada por PP y Ciudadanos no logrará gobernar. Ni siquiera con ayuda externa. Sin embargo las diferentes izquierdas, las más radicales  y las socialdemócratas más amables,  con los apoyos de los nacionalistas  catalanes, podrían   investir presidente al socialista Sánchez. Solo la suma de PSOE, Podemos, UP y el apoyo de los independentistas  podría proclamar a Sánchez presidente. A ello podría unirse el PNV y Bildu. Pero el precio que los independentistas catalanes van a imponer será brutal:  la exigencia del referéndum en Catalunya. Algo que Podemos ha prometido si tenía opciones de gobierno. Pero algo que se le atraganta al socialismo centrista.

No me gustaría estar  en el pellejo de  Pedro Sánchez. Porque el escenario es de alta tensión. La perspectiva de una presidencia envenenada. En estos instantes los barones socialistas  más conservadores estarán ya redactando un plan de choque anti-referéndum en Cataluña. Porque esa es una de las líneas rojas socialistas. Pero  no aceptar  las pretensiones  de los independentistas catalanes, sin cuyos votos Sánchez no alcanzaría el gobierno, generará un escenario de bloqueo político. España se vuelve ingobernable porque nadie tiene la confianza ni los votos suficientes para ser elegido presidente. Y ello solo nos llevaría a unas nuevas elecciones. Un escenario no deseado por nadie. Pero si  así fuera,  la polarización por la derecha y por la izquierda abriría una enorme brecha más difícil de gestionar. Se abre el telón de la política de altura. Dejen paso a la realidad.

Artículo publicado el lunes 21 de diciembre de 2015 en Noticias de Navarra

martes, 15 de diciembre de 2015

El debate


El presidente, enfangado de corrupción hasta la médula dorsal de su ultima confesión de palabra acto y omisión, estuvo a la altura del farsante que ha construido para  protegerse ante la evidencia más negra de sí mismo. Su propia ética y moral, arrastrada por la historia reciente de un país al que ha llevado a la bancarrota económica, ética y social, se tambaleaba pese al deseo desesperado de mantenerse a flote en medio del lodazal que él mismo había levantado. Rajoy no supo ni siquiera defenderse como un hombre de bien. Ni siquiera como un hombre  de mal. Simplemente hizo lo que él sabe hacer. Alterar la realidad y aplicársela al pie de la letra. Aunque fuera falsa.  O lo que es lo mismo, decir que es de noche cuando en realidad alguien ha bajado las persianas. Rajoy quiso ser un hombre de Estado  pero acabó devorado por su propio estado de ánimo. Un hombre a la deriva tratando de engolarse tras los restos de un naufragio que anunciaba como útil y necesario para salir a flote en el mar de los ahogados.
Sánchez, sin saber argumentar –desde la radicalidad política que le brindaba el escenario-  utilizó datos correctos pero mal engarzados. Lo tenía a huevo. Delante de él se sentaba  un hombre abatido por la mentira y la farsa. Sánchez podía haber ido más allá, haber sido más incisivo. Pero  no supo desmontar  las mentiras permanentes  con argumentos de peso más allá del y tú más. Dicen que ganó Sánchez. Yo creo que Sánchez  solo tuvo que aprovecharse de un registrador de la propiedad venido a más pero en el fondo eso, un contador de números adulterados. 
Me extrañó que tras el debate, tanto Rivera, el candidato de Cs, del cual se puede esperar de todo,  como  Iglesias, dijeran que el debate había sido bronco y que eso no era de recibo. ¡ Cómo que no ¡ Ya lo creo que era de recibo. Eso y más. Lo que ha ocurrido en  este reino de España descapitalizado da  para eso y más. Porque nunca fue tan necesario  llamar a las cosas por su nombre. A no ser que estos dos candidatos, sobre todo Iglesias,  piensen que cuando se sabe que todo es irreal, no tiene sentido alguno fatigarse para demostrarlo.