viernes, 30 de octubre de 2015

Negacionismo


Hay quien dice que a su abuelo  no lo mató por decisión facultativa una banda criminal  llamada Franco y Asociados, sino porque estaba al otro lado de la acera. Aceptar la carnicería de Asociados sería admitir el  holocausto franquista. Pero convenir que su abuelo fue ejecutado porque  estaba en la acera equivocada es reconocer que la  Guerra Civil  fue un enfrentamiento político. Y eso, dicho así,  significa explicar esa matanza por causas partidistas o venganzas personales. Pero aquello fue más grave.  Franco y Asociados aplicaron con racionalidad sistemática  su barbarie. A partir de 1936 se produjo en España una violencia  burocratizada cuyo objetivo fue acabar con una parte de la sociedad. Y eso es lo que Paul Preston, en su libro El Holocausto español, trata de demostrar.
Recientemente, Netanyahu, primer ministro israelí, ha dicho que Hitler no quería exterminar a los judíos, que fue el mutfí de Jerusalén Haj Amín al Huseini, el que le convenció en Berlín con este argumento:  “Si expulsa a los judíos, todos ellos vendrán a Palestina”. -“Entonces ¿qué debo hacer con ellos? , le dijo Hitler al mutfí (según Netanyahu) - “Quemarlos”,  le respondió el dirigente palestino.  Pareciera que Netanyahu no solo quiere rehabilitar a Hitler, sino banalizar el exterminio. 
Entre nosotros Pío Moa viene a ser para la Guerra Civil española, lo que  el negacionista Netanyahu  al Holocausto nazi. El otro día el  senador del PP José Joaquín Peñarrubia pidió  que no se dé más la murga porque "ya no hay fosas por abrir". Un pensamiento similar al de Netanyahu. Incluso a Miguel Sanz, hablar de la Guerra Civil le amargaba el cruasán de la  mañana.  Son los negacionistas del Holocausto español. Gentes de olvido fácil e interesado que legitiman esta “democracia” sobre la ficción de aquella escabechina. Así nos va. Para los fusilados de Valcaldera
http://www.noticiasdenavarra.com/2015/10/26/opinion/columnistas/a-pie-de-obra/negacionismo

El partisano Cohen




Este hombre lleva escrita una bendición  en su rostro mancillado por la vida. Es Leonard Cohen, un judío que escribe como el demonio pero canta como los ángeles. Aunque ahora, con la edad, solo susurre sonidos que rascan la garganta como un trago largo de bourbon de garrafón. El Partisano sigue siendo una  canción de guerra,  un canto a la esperanza, una pieza de artillería encasquillada en el alma. Escuchas esta canción una y otra vez y llegas a la conclusión que después de una larga intimidad con la duda, sientes una particular fuerza llena de orgullo.


lunes, 19 de octubre de 2015

Una calle para José Antonio Iturri


El pasado 1 de octubre se cumplieron diez años de su muerte. Lo conocí hace años en el “poblado” de Santa Lucía. Me llamó para hacer un reportaje sobre la comunidad gitana y las Casas de Múgica. Lo bordó con ese saber hacer de un viejo zorro del periodismo de trinchera. Era capaz de sintetizar en una hoja lo que a mí me había costado tres años. Ya antes, servidor se bebía de  un trago  sus columnas en Navarra Hoy y Diario de Noticias. Rascaban como bourbon de garrafón. Y es que aquellas columnas estaban hechas de cuerpo y alma. Por eso no se caían en  la primera línea. Eran inflamables; sí, pero cuando estallaban sabías que formabas parte del exploto. Así que  leerlas se convirtió en una penitencia redentora.  Porque aquellas columnas explicaban la realidad sin filtros, sin el ropaje de la adulación o el vértigo de la autocensura. Como otros grandes del momento: Vázquez Montaban o Haro Tecglen, gentes que pensaban como demonios y  escribían como los ángeles.  
Siempre supo distinguir la verdad del trampantojo. Y contar la realidad de esta ciudad sin rendir cuentas a nadie en un momento en que hablar alto y claro tenía un precio. Desde La esquina  defendió una Plaza del Castillo hoy convertida en cementerio del sentido común y la memoria malversada. Y lo pagó muy caro.

Era José Antonio Iturri, periodista de la insumisión. Un tipo que pensaba que las grandes verdades se dicen en los vestíbulos. Esta  ciudad está en deuda con él desde hace tiempo. Pero quien pudo reconocerlo entonces no fueron santos de su devoción. Y viceversa. Es hora de saldar esa deuda. Otros cronistas, con menos rasmia que él, figuran en el callejero. A él, que tanto  callejeaba,  quizás le guste encontrarse ahí después del tiempo.

Artículo publicado el 19 de octubre en Noticias de Navarra

domingo, 18 de octubre de 2015

La piel de Curcio Malaparte


El último texto de Curcio Malaparte (Prato 1898-Roma 1957)  en castellano es el editado por Tusquets, El Volga nace en Europa, el volumen recoge sus años de corresponsal de guerra en el frente ruso entre 1941 y 1943, además de la novela cierta El sol está ciego. Pero sin duda alguna, Malaparte destaca por dos grandísimas novelas, Kaput y La piel. Sin ellas, la Segunda Guerra Mundial no hubiera sido entendida en toda la locura desmedida que rebosó por frentes de batalla y cielos enrojecidos por la ira y la sangre. Pero para saber de este personaje, fascista y después comunista dotado de una pluma que desgarra por su belleza onírica, hay que leer su biografía, de Maurizio Serra (Tusquets)

Arzobispo


Aquel   hombre se había  ganado su puesto  a pulso. Aunque no era la primera vez que se sentaba  en el consejo de dirección  de aquella  multinacional de la fe.  Entre los ejecutivos de alzacuello de esa empresa con acciones en todo el mundo, gozaba de gran prestigio y respeto. Su curriculun era tan impresionante que ninguno de sus compañeros de fe y oración le hacía sombra. En su día, cuando la juventud aún se le paseaba por el alma,  tuvo su momento de debilidad y  llegó a ser considerado progresista. Pero el tiempo, las influencias  y el poder le han situado donde, tal vez,  siempre quiso estar. Por eso ha vuelto a ser nombrado Secretario General de la Conferencia Episcopal  española.  Este hombre, vestido de impecable gris marengo,  pudo haber inventado a Dios pero no lo hizo porque el mismo Dios le advirtió que eso era un acto de soberbia. El arzobispo siempre se ha movido entre silogismos y dogmas de fe, entre verdades como puños y sentencias inapelables.   Tiene fama de buen teólogo, pero yo creo que,  como todo  teólogo, sigue haciendo teología aun después de haber llegado a la conclusión de que  Dios no existe.  No obstante el arzobispo es un profesional de la fe y como tal se vende en el mercado de las creencias. El problema es que sus principios e ideas tienen patente bíblica y, por tanto, no admiten fecha de caducidad. Y eso es lo primero que miramos en la tapa del yogur. Por eso me molesta que siga vendiendo cataclismos morales que tienen menos garantía que un simple tostador.
A  la moral católica y  al discurso etiquetado que  se vende  desde su empresa, le sobran dogmas, abalorios, condecoraciones  y parafernalia. Y le falta nervio, compromiso, rigor, actualidad  y autocrítica. Y es que este hombre se despacha a gusto sobre cuestiones como la familia, la vía ética hacia la autodeterminación, la homosexualidad y la moral aplicada a las buenas y malas costumbres. Parece que este hombre tiene las llaves del reino de los cielos escondidas en cada versículo que entona de vez en cuando. No estaría de más que se soltase su escasa melena y enarbolase una cruzada contra las pateras, las mafias que chulean prostitutas, la pobreza, los malos tratos, las inversiones de la Iglesia, el desempleo, la precariedad, la ética de ciertos  banqueros o los negocios de algunos  usureros. Y es que, los teólogos como él, retuercen la vida de tal manera que en el fondo no les importa que el mundo se hunda con tal de salvar su orgullo de profetas.

Posdata: este artículo se publicó en Noticias de Navarra en 2002. Me dirigía a a Rouco Varela, aunque no lo tengo muy claro. Pero creo que tiene validez para confirmar que esta casta eclesiástica sigue empeñada en aplicarse a sí misma una doble moral, o incluso a veces, ni eso. Estos días al Cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares se le ha ido la lengua más de la cuenta y ha acusado a los refugiados de no ser trigo limpio. Ayer mismo dijo, para lavarse la conciencia,  que se han malinterpretado sus palabras. ¡¡¡Vaya por Dios ¡¡¡ Otro que se echa en manos de la divinidad para ser salvado del demonio que lleva dentro


martes, 13 de octubre de 2015

¡¡¡ Es la ficción estúpidos ¡¡¡



Srecko Horvat y Slavok Zizek comparten mesa y mantel en El sur de la palabra (El futuro de una Europa en crisis) Barcelona, Los libros del lince, 2014.
De las conversaciones entre ambos surge la idea de un reflotamiento del pensamiento crítico frente a la invisibilidad en que se ha convertido la vida real ofuscada por la inminencia de lo menos visible. Comentan entre ambos que se está produciendo "un gaseado legal y letal de la vida en común", que la dominación perfecta del actual capitalismo es aquella que no es sentida como tal, sino todo lo contrario, aceptada como un acto de libertad individual suprema. A ello añaden otra reflexión, la imposibilidad de distinguir la copia del original. Les dejo este video. Para saber si estamos ante un premeditado intento de dirigir  la confusión o si la realidad es ya pura ficción

lunes, 5 de octubre de 2015

Hospital

Pabellón E. Hospital de Navarra 2015

Imagínense en la profundidad de la noche. A esa hora en que las angustias campan a sus anchas,   sin frontera alguna. Solo la que impone el amanecer. A esas horas uno puede cometer el error de  hacerse una visita a sí mismo. Sobre todo si contemplas  en directo que  la vida es un proceso en demolición.
Llevo diez días cuidando a mi madre en el Hospital de Navarra. Y eso es como un viaje al fondo de la noche. Una visita despiadada al lado oscuro del dolor, la enfermedad; al pensamiento sombrío, como la  tristeza de una lagrima congelada.
Para combatir el miedo de esas noches, recorrí el kilómetro cuadrado del Complejo Hospitalario de Navarra, como le llaman ahora. Y comprobé que por los pasillos de los pabellones D, E, y H,  las certidumbres se desvanecen y  la existencia toca suelo. Por esa geografía de la enfermedad, la vida y la muerte se saludan sin rubor. Varias  veces vi a Caronte  cansado de transitar de un pabellón a otro con su barca. Por contra, cerca de allí pude ver como la vida se inauguraba cada día. Como una celebración extenuante. Incluso en alguna habitación escuché el vértigo alegre de una curación.
En mis viajes nocturnos por los pasillos me crucé con cientos de profesionales uniformados  de todos los colores. Iban y venían tratando de sostener tanto cuerpo enfermo, tanta vida interrumpida. Me di cuenta que ellos componían una sinfonía que cada día baila con  las angustias de una sociedad muy enferma. A su lado me sentía insignificante. En deuda. Como si no pudiera competir con sus oráculos infalibles. Ellos y ellas me guiaron durante esas noches de silogismo en duermevela.  Y cuando en pleno hastío me deslizaba hacia las raíces del vacío,  sus manos y sus miradas me bastaron –también a mi madre-  para apaciguar tanto desasosiego. Eskerrik asko a todos ellos y ellas.

Artículo publicado en Noticias de Navarra el día 5 de octubre de 2015
http://www.noticiasdenavarra.com/2015/10/05/opinion/columnistas/a-pie-de-obra/hospital



domingo, 4 de octubre de 2015

Ya era hora

19 julio de 1936, requetés navarros arrían la bandera republicana en el palacio de Diputación

Este es un libro que, cuando uno lo abre tiene la sensación de que sus protagonistas siguen ahí, mirándote de frente para compartir contigo la sangre derramada por una historia interminable. Hablan desde un lugar anestesiado de la memoria. Desde el único lugar que uno encuentra consuelo ante la muerte. Cada vez que pliegas una hoja, se puede oír el eco letal de los disparos que acabaron con la vida de muchos de ellos y ellas. Este no es un libro de fácil lectura. Tal vez no sea ese su cometido. Porque los libros sirven para deleitarse con la fantasía o el ingenio de quien los escribe. Pero este no. Porque quien lo ha escrito ya no está para pedir nada . Ni siquiera el olvido que sus verdugos solicitan. Este libro es el retrato amargo, dramático y doloroso de una época siniestra. De un tiempo que exige volver a nombrarlo como dios y la historia lo reclaman. Un tiempo que no se puede olvidar porque la tierra, que a muchos les negaron, todavía huele. Esta es la historia de los vencidos, de los derrotados y perseguidas, de la vida y la muerte de quienes fueron exiliados, torturados y asesinadas a lo largo de tres inmisericordes años que hicieron de Navarra el anticipo del Auschwitz nazi. Navarra: de la esperanza al terror, 1936, se vuelve a reeditar después de diecisiete años en un ejercicio de historia combativa. De la que ya no se hace. Una historia comprometida con quienes han perdido la vida a cambio de nada para que el mundo siga burlándose desde la azotea del pensamiento único y del fin de la historia. Y es que la modernidad ha transustanciado la historia en un cuento de princesas. Este es un libro de gentes que se sintieron en lo más profundo de su ser, sujetos históricos de un cambio que nunca vieron. Un libro que, pese a quien pese, no reclama venganza. Solo restituye a quienes un día fueron aniquilados a sangre y fuego por el mero hecho de querer ser hombres y mujeres libres. Porque habían tenido la oportunidad de saborear el anticipo de la libertad. Este libro no huele a naftalina. Aquí quien huele a naftalina es Fraga. Pero nadie dice nada. Este libro se ha hecho para no olvidar. El postmodernismo y el postnihilismo han relativizado la vida, la muerte, el pasado y el presente hasta convertirnos a todos en parte de esos renglones torcidos de la existencia. Yo no entiendo como se puede firmar un manifiesto siendo de Comisiones Obreras y hacerlo al lado de un personaje de derechas de toda la vida, al que ni la tolerancia se le supone. Eso pasa aquí, ahora, y se dice que todo vale, que todo es relativo. Este no es un libro relativo. Es duro como la vida, amargo como la muerte. De la esperanza al terror quiere volver a decir que todo aquel que militó alguna vez en la verdad jamás será abandonado por ella.

Pdata: Este artículo se publicó en Diario de Noticias en junio  2003. Han pasado doce años, y muchos más para que el Gobierno de Navarra reconociera a algunos de los caídos del otro lado de la acera, o de la vida, o de lo que usted quiera, pero del otro lado. En cualquier caso de ese lado ,que no busca enfrentamientos ni  en el tiempo ni en la historia, solo  el reconocimiento que se merecen. En el  eco de la memoria
http://www.noticiasdenavarra.com/2015/10/03/politica/navarra/emotivo-homenaje-a-los-33-empleados-de-la-diputacion-foral-que-fueron-fusilados-durante-la-guerra-civil 

Enredar


Ganas de enredar. Para remover el estiércol, el lodazal rentable. Para que vuelva a oler, para sacar dividendo, para confundir, marear, enmarañar la vida, de por sí crujida por tanta ciénaga enquistada. UPN le pedía el otro día a la portavoz del Gobierno, Ana Ollo,  más entusiasmo por la detención de la cúpula de ETA.  Se  extrañaba UPN,  que la portavoz no tocara arrebato las campanas de Palacio. Como si esas detenciones, activadas electoralmente,  se la trajeran al pairo. Ollo tenía que haberse encomendado a San Fermín y  brindar con patxarán “la Navarra” por la Guardia Civil.  Pero no. No  se comportó como una navarra de pro.  Los regionalistas se preguntan por qué calla Ollo cuando a la gente normal lo que le preocupa es llegar sano y salvo a fin de mes.
Y para revolver más. Otro colega de UPN, el ministro del Interior, un tal Fernández Díaz,   comparó el otro día  la lucha por pillar cacho y foto en el  ayuntamiento de Barcelona, con la guerra de banderas en los tiempos de plomo. Y no se cortó. Se le fue la sinhueso, muy desengrasada ya,   y mezcló  ETA, las banderas, las pensiones y el independentismo.  Y lo argamasó todo en un discurso patológico y apestoso. Ganas de volver al pecado original, a ese del que muchos todavía comen caliente cada día.

Igual servidor no puede garantizar  sensatez al cien por cien, pero algunos políticos demuestran tener un doble fondo moral solo a la altura de la bragueta. Y a veces, ni eso. Acaso UPN celebró el encarcelamiento de Barcenas, de Fabra, la imputación de la Infanta, los juicios de la trama Gürtel, el caso Bankia, el caso CAN y otros muchos hechos que han puesto en evidencia el lodazal en que vivimos. Yo no digo que echemos “cuetes”; pero joder, un poco de cordura. Para no seguir engordando la mentira que encarnamos.