lunes, 29 de junio de 2015

Unas fiestas sin igual


Que decir que no se haya dicho ya de estas fiestas sin igual, nada y todo. Desde el ínclito Iribarren al heterogéneo y novísimo Izu. Hablar de los Sanfermines, diseccionarlos, psicoanalizarlos, aventurarse en el siempre peligroso ejercicio de opinión sobre ellos, es siempre un trance indigesto. Digamos que éstos, a fuerza de no entenderlos, o de entenderlos demasiado, se han blindado contra toda apreciación, valoración, crítica o ITV sociológica. Se bastan y se sobran para ser lo que son, sin que nada ni nadie dicte sobre ellos sentencia, ni absolutoria ni condenatoria. Son, y ya está. Como parte de un tiempo y espacio metasociológico blindado por la santa tradición. Cómo si nada ni nadie pudiera contra la mordaza del dogma histórico que los envuelve. Deliberar sobre ellos pues, es siempre un riesgo al que responde el programa oficial: déjese de monsergas y vívalos. Cierto. Uno lleva años viviéndolos: emborrachándose hasta naufragar en una encefalopatía hepática, rompiéndose el gollete hasta que la madrugada te repone con una ración de churros mañueteros, exaltando la amistad con arbitrarios desconocidos en cualquier rincón del Casco Viejo, palmando de paroxismo en el mejor momentico metafísico que conoce la ciudad o engordando diez kilos en 204 horas rociadas de suciedad nauseabunda, tendido de sol, alcohol, ajoarrieros maternos y sexo impredecible, la pentalogía sanferminera a la que todos rendimos pleitesía. A qué viene entonces este ejercicio de penitencia, vívalos y déjese de gaitas. Porque estas fiestas están blindadas contra todo diagnóstico y pronóstico. Como si en ese vívalas, se concentrara la imposibilidad metafísica de todo análisis emocional con repercusión de cambio alguno. Ni para bien ni para mal. Ese es, dicen, su puntico diferencial. Esta catarsis foral, única en el mundo mundial, nuestra particular nostalgia épica, imprecación a la abstinencia socioemocional que subyuga al personal durante todo el año mariano pamplonés, no admite contemplaciones, ni escrituras a medias tintas, ni interpretaciones sociológicas, ni análisis psicomarxistas que valgan. No. Los Sanfermines, ese limbo temporal desprovisto de cánones, ese parón lúdico-festivo a medio camino entre Sodoma y Gomorra que los pamplonautas vivimos durante nueve días postrados ante el tótem del exceso, nos redime para el resto del año. Nos purifican. Por eso no se admiten reclamaciones. Porque como toda fe, ésta no es una tradición que poseemos, sino una tradición que nos posee. De ahí que no admita insumisiones. A lo sumo escapadas en falso. Algo de esto venía a decirnos un navarro extraditado injustamente de estas tierras que presumen de tolerancia diez. Mario Gaviria, una de las mentes forales más lucidas y menos aprovechadas por la navarridad recalcitrante y por la moderna izquierda militante, supo diseccionar, como pocos, la fiesta de una manera magistral en su celebre texto El Casco Viejo, espacio de la fiesta y la subversión. Ese texto supo analizar aquellos Sanfermines de los ochenta caracterizados por su carácter iniciático, definidos por la improvisación y el anonimato que nos convertía en actores y protagonistas de la fiesta y donde la gratitud era moneda de cambio. Aquellos Sanfermines eran tremendamente populares en su sentido más marxista y menos folclórico del término, porque la calle, todavía saturada de espacios públicos, era del pueblo, un pueblo todavía, insisto, marxista. Y el poder lo sabía y aceptaba. Aquellos Sanfermines estaban tremendamente politizados. Y con toda la razón del mundo. Porque nunca fueron apolíticos, esa idea es fruto de la contrarreforma posmodernista. Porque la política aún no había sido sustituida por los dogmas económicos. Y es que aquellos Sanfermines nunca trataron de domesticar el desorden, algo que lamentablemente está a punto de ocurrir. Uno ni pretende ni quiere mirar hacia atrás. La nostalgia es la antesala de la hipocondría anestesiante. Menos aún de meterle mano al Santo, so pena de acabar degollado como él. Pero asistimos, a mi parecer, a una verdadera deconstrucción de la fiesta definida por la progresiva globalización, desocialización y economización de la misma. Ello está cambiando, como nunca, el contexto festivo y sus emociones. Y es que en Sanfermines uno siente que ocurren muchas cosas, pero no siente que nada interesante esté a punto de ocurrir, como en el capitalismo de ficción. Justificarnos en la sacrosanta esencia de la fiesta y en su impermeabilidad, blindada por el rito, el culto y la ceremonia, para no decir nada, o para mirar otro lado ante la tremenda permutación de la misma tras el reformateo posmodernista, sería una traición a la memoria festiva, sería transigir, en definitiva, con ese capitalismo de ficción en estos tiempos de agnosis generalizada y de nihilismo conformista. Y es que la progresiva aculturización, globalización y monetarización desvergonzada de los Sanfermines durante los últimos diez años, han cambiado notablemente el texto y el contexto de los mismos. Sé que antes uno tenía resacas y ahora tiene convalecencias, cierto, pero estos Sanfermines del siglo XXI tan comercializados, despolitizados, despopularizados, encorsetados, tecnologizados, sumisos, mediáticos, estandarizados, privatizados y ya disociados de sus actores y protagonistas para ser solo un producto más del hiperindivualismo consumista, no encajan con una ciudad que siempre vivió la fiesta a ras de tierra. Dicen algunos antropólogos que son las sociedades insatisfechas quienes mejor compensan sus insolidaridades y desigualdades con grandes períodos festivos comunitarios. Nuestra historia va en sentido contrario, somos una de las sociedades más satisfechas del planeta y presumimos de tener la mejor fiesta del mundo, por eso consumimos 400.000 litros de alcohol durante nueve días a muerte. Sin embargo algo está cambiando. Quizás lo veamos en directo por la Cuatro. Que San Fermín siga teniendo resacas y no convalecencias.

Posdata: este artículo se escribió en julio de 2008, el día 6 para más santo y seña. ¿Usted nota algo nuevo con el transcurrir de los años? Si es así, hágamelo saber para tomar nota. 

martes, 23 de junio de 2015

Verano

                                     
          

Llega el verano. Ya las chicharras cantan hasta el anochecer y todos  buscamos cualquier excusa para ralentizar nuestras neuronas. Incluso esta ciudad baja su ritmo de confrontación y se prepara para esa fusión entre la resistencia y el desorden que culmina en un relámpago que sólo descarga alcohol.  Quisiera irme tranquilo, al compás de un tiempo parado, de un ritmo cadencioso impuesto por los vermúes de media mañana, las gambas al ajillo y un sol de justicia abrasándome  los sesos. Pero este tiempo laxo de pensamiento débil y realismo sucio es implacable. Así que, durante el estío, los asesinos seguirán limpiando la sangre del cuchillo con su propia saliva, los  estafadores tramitarán su declaración de la renta con un saldo negativo, los cursos de verano versarán sobre la excelencia del codillo de cerdo, David Bisbal compondrá canciones para ser escuchadas en el depósito de cadáveres, algún  periodista sin escrúpulos  ganará un prestigioso premio literario, el telediario emitirá la ejecución de un disminuido psíquico en horas  de máxima audiencia, Jehová sulfatará de nuevo los campos  palestinos con versículos cargados de metralla y los tiburones de secano enseñarán sus blanquísimos dientes en busca de su ración diaria de corrupción. Mientras esto ocurre, los grillos entonarán sus salmos con gran sonoridad y  el mundo seguirá  vomitando desgracias que, ya ni siguieran ocupan media columna en los periódicos. Y es que, esta sociedad está a salvo gracias a una legión de guardaespaldas que vigilan los sótanos y  los despachos  de las grandes corporaciones para imponer la filosofía del mastín.


No obstante, nada impedirá que el verano sea como debe ser. Una estación para la pereza. Por eso, pese a todo, ahora están madurando los tomates, en el pecho de algunas muchachas se ha producido un grandioso fogonazo que no desean apagar, algunos profetas, a la sombra de la resistencia, todavía inventan una nueva utopía y algunas personas sensatas han decidido tirar su televisor a la basura. Es verano,  y por muy desdichado que te sientas, tú inicias el movimiento del mundo cada vez que te despiertas.

Posdata: este artículo se escribió la noche de san Juan de 2004 y se publicó en Diario de Noticias dos días después. No cambiaría una sola palabra, excepto que David Bisbal ya no es aquel rizos de oro y que este verano la canción del estío está por ser cantada. 

Investidura


La futura presidenta se concentró con la elegancia que requiere un ritual sagrado. La noche anterior cenó frugalmente y se acostó bajo el efecto onírico de la novela de Saizarbitoria, Hamaika pauso. Se levantó al alba, cuando la luz disecciona los sueños más extraños. Se acicaló y recompuso su cuerpo como un samurái antes del combate. Se sentía entera y verdadera; si bien a la altura del diafragma notó un big bang que explosionaba con cada respiración. Supuso que eran los nervios propios de quien va acceder a un estado de gracia tensionado por noches de vigilia y días de gloria. Mientras se miraba en el espejo retocando las briznas de su fina cabellera, apareció su imagen de años atrás. Sabía que aquella mañana le obligaba a un esfuerzo especial. Pero no más que otras mañanas en las que el combate por la vida le había exigido sobredosis mayores. Ahora se enfrentaba a un poder envenenado que había que purgar con matarratas. Conocía su perversa alquimia fusionada por los mayores corruptos del planeta. Pero creía en su mutación. Todo era cuestión de mezclar las ajustadas dosis de honestidad, sinceridad y sentido del deber. Y ella se sabía la fórmula de carretilla.
Así que aquella mañana de ceremonia, vestida con la elegancia de quien cree que los colores son las extremidades de la luz, quiso beberse la eternidad en un segundo de elipsis. Pero también sintió el miedo; como un perro que estuviera ladrándole a la muerte. Cuando fue llamada para jurar como presidenta de aquella tierra cuya realidad se había sublevado, respiró profundamente. Miró a todos los parlamentarios buscando su aprobación. Algunos le retiraron la mirada, otros sonrieron. Entonces pensó que el corazón colectivo de aquella comunidad volvía a latir de nuevo.

jueves, 18 de junio de 2015

Enferma


Mientras hacía la compra en el supermercado del barrio, donde  uno se da cuenta que tenía una cita con Dios pero se olvida por estar ocupado en asuntos más importantes, vi a una mujer en una silla de ruedas empujada por otra mujer latinoamericana de rasgos indios. La acompañante cuidadora la dejó en un pasillo mientras ésta se disponía, tras las ordenes de la mujer enferma, a hacer la compra. Una sensación de tristeza me invadió. Miré a la enferma, elegante, recién salida de la permanente, uñas arregladas, silla  impoluta, ropa cara y unos ojos tremendamente tristes que clamaban piedad.  La enfermedad la estaba enterrando en vida. Eso pensé. Quise irme corriendo de allí. Para que Caronte no se quedara con mi cara. Ya en la calle pensé que huía de la extirpación constante del dolor, de una política cotidiana definida por el aprender sin pedagogía, de la política del talante sin talento, o de la exigencia sin decisión.
La mujer enferma llevaba sobre su regazo un  libro de Vicente Verdú, "La ausencia", un manual de buenas prácticas sobre el sentir melancólico en un mundo de pérdidas no resueltas, y duelos no asumidos.

Contraportada cargada de bilis

Diario de Navarra, 18 junio 2015 "Cambio de look"

Lean esto. Es del Diario de Navarra de hoy mismo. En la contraportada. Donde este medio suele guardar la ultima cuchillada. Se refiere a la sesión de ayer, la constitución del Parlamento de Navarra. Destila amoniaco, veneno de alta densidad. Se refiere el articulista a una sesión en la que hubo un "lifting emocional" o una "estética palestina de cambio". Me gustaría ser políticamente correcto. Pero no puedo. Quien redacta esto no ha hecho el duelo político que toda democracia enseña cuando tus principios e ideas no son mayoritarias. Y lo peor, no quiere hacerlo porque se considera habitante del altiplano de la verdad profética. Este periódico está cargando las bayonetas día sí día también. Para vengar la ausencia de los vencidos democráticamente. Y este medio debería callar, al menos por un tiempo, ayunar de ante tanta bilis vomitada y la que queda por vomitar. Porque un tiempo de silencio fortalece el valor de las palabras.Pero no puede. Porque ignora que no existe mayor obstáculo para lograr la liberación que la necesidad del fracaso.

miércoles, 17 de junio de 2015

Retos de las Políticas Sociales ante el cambio: Navarra






Si en algo han coincidido la mayoría de partidos de izquierda y centro izquierda durante la campaña electoral, ha sido en la necesidad de defender, articular o impulsar las políticas sociales absolutamente destrozadas por el gobierno del PP, aunque éste, de manera eufemística lo defina como ajustes técnicos necesarios para la consolidación de un escenario de recuperación.
Muy pocas veces lo social, la ciudadanía por rescatar, las poblaciones necesitadas, la pobreza, la vulnerabilidad, han sido utilizados como ideas fuerza en los discursos políticos. Y es que las políticas sociales han sido el banderín de enganche de casi todos ellos, desde el PSN hasta EH Bildu. Hay que reconocer que también UPN y el PP lo han hecho. Pero para presumir de ellas, como si el cortacésped neoliberal del que presumen, no hubiera arrasado recursos, prestaciones y personal en todos los subsistemas de protección social navarros.
Por ello la izquierda, social y progresista, esa que va a acceder a escenarios de poder y en los que necesariamente se va a enfrentar a la gestión diaria de presupuestos, ideas, problemas, necesidades y actuaciones inmediatas; debe hacer una lectura crítica del momento actual, de las necesidades de la población, de los recursos existentes y de sus modos y maneras de implementarlos. A todo ello debe añadirse la necesidad de diagnosticar el impacto que actualmente están teniendo las políticas sociales más inmediatas –y las que se están dejando de activar- así como la calidad e idoneidad de las mismas. Y por lo que sabemos, tenemos dinero, con sus más y sus menos y tenemos recursos. Pero son poco eficaces, están descoordinados y adolecen de poca planificación para un escenario exigente y en crisis. Y lo peor, no sabemos si son solidarios, redistributivos, si favorecen la igualdad, si arreglan las vidas de la gente o si con ellos podemos seguir contando como elementos de protección. Esto debe hacerse con serenidad, sin la presión intangible del oportunismo del nuevo poder, pero también con radical acercamiento a las auténticas necesidades de la gente, que no siempre coinciden con las necesidades inducidas por diferentes agentes del mercado de las políticas y los servicios sociales.
Quienes asuman responsabilidades de gobierno en Navarra en materia de Políticas sociales deberían, a mi entender, partir de las siguientes premisas. Lo digo sin pretender sentar cátedra, solo desde la experiencia que me da la mirada diaria a la vida de las gentes más desfavorecidas.

1.- La crisis en Navarra también ha tenido unos efectos demoledores. Cierto que no tanto como en otras comunidades. Pero aquí la pobreza es más intensa si cabe. Alrededor de 95.000 personas están en riesgo de exclusión y 20.000 de ellas en situación de pobreza severa, una cifra que ha aumentado por encima de otras comunidades. Deberíamos revisar nuestros instrumentos y herramientas para combatir esta situación. Los que tenemos y los que no tenemos, los que funcionan y los que no. A partir de aquí implementar estrategias activas que refuercen los dispositivos existentes y que garanticen una mejora en las condiciones de vida de la población excluida y precarizada.

2.- Financiar políticas sociales no es una cuestión baladí. Hay que analizar, evaluar y consensuar los mecanismos de financiación que tenemos y los que podríamos tener, porque se pueden cambiar, negociar o concertar dentro del marco competencial existente. Y esta financiación deberá tener el objetivo inmediato de posibilitar un escenario garantista de derechos que velen por la cobertura de las necesidades básicas de la ciudadanía más desfavorecida.

3.- Necesariamente los proveedores de servicios sociales, tanto públicos como privados, y dentro de estos el Tercer Sector, deben articular un escenario de colaboración necesaria en el que se definan obligaciones, responsabilidades y misiones en el mercado de la provisión del bienestar ciudadano. Hay algunos déficits por cubrir, responsabilidades públicas sin ser asumidas y un mercado de productos sociales que debe ser analizado para valorar sus posibles formas de gestión y distribución.

4.- Revisar, valorar y evaluar los planes de intervención en materia de servicios sociales que están en marcha, los que están en el “cajón”, por inactivos y los previstos y ya en estado de gestación. Si es que los hay. Esta mirada nos indicará qué hemos hecho o dejado de hacer y su impacto. Quizás se puedan aprovechar algunos, como el plan de intervención con la Comunidad Gitana, otros quizás deban revisarse en un contexto como el actual. En todo caso la evaluación de estos planes estará mediatizada por el necesario nuevo diagnóstico de necesidades de la Comunidad en materia de protección social, pobreza y dispositivos para su erradicación. Y aquí, la puesta en marcha de un Observatorio de la Pobreza y la Exclusión en Navarra se hace necesario.

5.- Es muy importante revisar las políticas activas y pasivas de empleo debido a la importancia de estas en materia de inclusión social. El Servicio Navarro de Empleo es el principal activador de estrategias, dinámicas y dispositivos en materia de empleo. Revisar las actuales políticas de empleo, en el marco de las competencias territoriales, es una exigencia inaplazable. Porque las políticas de empleo tienen un gran impacto en la prevención de la pobreza. Este Servicio tiene su importancia, pues puede participar y activar la integración en el mercado de trabajo de la mujer, aspecto muy relevante para prevenir la pobreza de género.

6.- El modelo de gestión, activación y puesta en marcha de Servicios Sociales autonómico, definido por la Ley Foral 15/2006, arrastraba un escenario de intervención en esta materia definido por un marco conceptual en el Estado asumía su responsabilidad –con sus más y sus menos- en el desequilibrio de fuerzas del mercado. Como tal se activaron mecanismos y estrategias de intervención sectorializadas que hoy requerirían una nueva lectura, planificación y análisis en el contexto de crisis actual y cambio de paradigma neoliberal dominante. En este sentido es muy importante desarrollar estrategias de intervención y protección social basadas en el fortalecimiento de los servicios sociales públicos los cuales deben reconsiderar su actual misión más allá de la gestión de prestaciones y recursos económicos.

7.- Rescatar y empoderar la Estrategia Navarra de Inclusión Social elaborada en la anterior legislatura con el apoyo de múltiples actores sociales y dotarla de contenido real. Esto es, no solo definir intenciones sino activar de manera práctica –creando fondos económicos al efecto- los diferentes planes de intervención que pudieran ser objeto de prioridad dadas las actuales circunstancias de urgencia social en nuestra comunidad.

8.- Navarra debe recuperar un espacio desde el que se investigue, estudie, analice, evalúe, proyecte y publique en materia de Servicios Sociales. Nuestros vecinos de Euskadi tienen excelentes observatorios, revistas, centros de investigaciones, fundaciones que aglutinan un saber profesional del que nosotros adolecemos. Y aquí hay excelentes profesionales que saben de qué va su trabajo. Gente a pie de obra que puede poner en valor su experiencia profesional. Sería deseable que este espacio tuviera una coordinación estable con la UPNA y sus diferentes equipos de investigación en esta materia.

9.- Definir un marco jurídico legislativo que avance en el asentamiento de un modelo protección social y que se haga operativa a través de un sistema de «garantía de mínimos» para toda la población en situación de exclusión social. Ello requiere reformular la actual Renta de Inclusión Social que debería ser evaluada, consensuada y definida en un nuevo marco de necesidades y exigencias. En todo caso esta nueva Ley contemplaría también su vinculación o no al actual modelo de gestión desde el subsistema de servicios sociales.

10.- Los y las nuevas responsables de las Políticas Sociales deberían considerar el gasto social como una «inversión social», no como un gasto a fondo perdido. Y todo ello dando prioridad a aquellos ámbitos que son más correctores en términos de desigualdad, como la sanidad, educación, pensiones y rentas mínimas.

11.- Considerar, revisar y evaluar los mecanismos de actuación en materia de Discapacidad, Cooperación al Desarrollo, enfermedad mental e inmigración, entre otros.

12.- Una Comunidad con una escandalosa tasa de exclusión social y de pobreza infantil del 22,2% -menores de 18 años- no puede permitirse ese dato. En este sentido sería urgente desarrollar políticas familiares eficaces y con recursos suficientes que contrarresten, entre otros, el riesgo actual que conlleva la presencia de menores en el hogar

13.- Priorizar la intervención en materia de Dependencia. Navarra. Según los datos del XIII Observatorio de la Dependencia, Navarra bajó el año pasado su nota y suspende en el tratamiento de la Dependencia, pasando de un 5 a un 4,6. Y en este importante escenario de la política social , lo que la administración pública recorta en materia de prestaciones y recursos, es asumido por las familias cuidadoras generando costes indirectos y graves riesgos de desajuste y desestructuración.

14.- Finalmente, quien asuma responsabilidades de gestión e implementación en materia de Políticas Sociales deberá contar necesariamente con los actores sociales, con los y las profesionales, con la ciudadanía receptora y con aquellas entidades que han estado y están al frente de esta batalla por la desigualdad y la pobreza en Navarra. No hacerlo supondría desoír el latido de una sociedad rica en experiencias y no menos solidaria.



http://www.naiz.eus/eu/iritzia/articulos/retos-de-una-nueva-politica-social-en-navarra

Subidón


Mucha gente necesitaba con urgencia hartase de confitura. Porque ya creíamos que quedaba poco tiempo antes que todo nos sepultara. De repente, aquel país de subasteros, acostumbrado a no creer en nada, a aceptar el empujón como norma y la vida como un hecho consumado; se lanzaba cuesta arriba en busca de una nueva esperanza, virtud que llevaba años apretándose el cinturón. Cuando vi a Carmena en el Ayuntamiento de Madrid sentar cátedra ética ante los mayores corruptos del planeta, llamar a las cosas por su nombre, hablar de tú a sus ilustrísimas y pasar del discurso vacuo al real en un lenguaje exquisito pero cercano; creí habitar en un lugar que había vuelto de la oscuridad.
También a esa hora en Pamplona era elegido alcalde un abertzale. Pero el cielo no se rompió, ni las aguas del Arga se abrieron. Incluso el honorable Balduz veía con buenos ojos que Asirón entonase el alirón. Y es que nos habíamos acostumbrado a la negritud de una ciudad tuneada por una derecha encasquillada en la arrogancia excluyente. Ya no creíamos ni en el mañana ni en el pasado mañana. Por eso aquello parecía un sueño mal contado. Así que todo el reino celebró el final de la política de testosterona. Y también el adiós a unas gentes que habían blindado una sociedad perversa creyendo que el mundo era suyo. Gentes que en Valencia, en Madrid, en Cádiz, en A Coruña o en Gasteiz habían hecho de su capa un sayo, que concebían la política como un negocio venal o un ejercicio de sedación pública. De repente, todo aquello convertido en normalidad pornográfica, cambió. Los sueños volvían a entrar por el ojo de una aguja. Y la gente salió a la calle para celebrar, no una revolución, sino que la vida pública volvía a ser habitable.

lunes, 1 de junio de 2015

El hundimiento



A las doce y veinte minutos de la noche del 24 de mayo, el todavía consejero Javier Esparza, entró en un profundo coma emocional. Sudaba por las axilas y sentía una extraña sensación de inquietud. A la altura del diafragma notó cómo sonaba una armonía parecida a la marcha fúnebre de Chopin. Su móvil no dejaba de recibir whatsapps y la cabeza estaba a punto de estallarle. De repente, se fundió en negro consigo mismo y sintió que se rompían los renglones del dictado que alguien le había prescrito durante el último mes. Y notó el vacío, y el miedo que sienten los perdedores encumbrados por la euforia perpetua. Quiso reconocer errores, disculparse con alguien que le prestara un hombro cálido, pero la obediencia debida le podía. Se sentía como el novio de la Virgen del Rencor.
 
En esas estaba, cuando la presidenta de UPN le convocó de urgencia. Eran las tres de la madrugada, la hora de laudes que él tanto recordaba. Las ojeras demacraban su rostro. Y es que la lógica, o la rotación de aquella tierra por él proclamada como profeta, se habían aliado con quienes tantas veces denostó. Cuando llegó a la sede, la ejecutiva congregada en la sala capitular del partido que durante casi un cuarto de siglo se había acostumbrado al ordeno y mando, parecía el Infierno de Dante. En aquella sala se habían vivido momentos excelsos, rotundos, eufóricos. El cava había regado más de una noche sin fin. Pero esa madrugada siniestra marcó un antes y un después en aquella tribu llamada a capítulo de urgencia. Porque el transatlántico Navarrísimo, propiedad de la familia Aizpun y fletado en 1996 por la naviera UPN SL, encalló la noche del 24 de mayo en Puerto Esperanza, un cayo situado a la altura de la desembocadura del Arga, cerca de Funes. Lo anunció la presidenta sin que el músculo de la humildad le alterase lo más mínimo.

Navarra: odisea en el espacio


Las recientes elecciones autonómicas y municipales en Navarra han tenido varios pluses de expectación  definidos por los deseos y  las emociones de la ciudadanía en un escenario de corrupción generalizada, crisis de hegemonía social, recortes, desprestigio de la política y uso y abuso del lenguaje político como alteración bastarda de la realidad. Porque más allá del gesto de votar, el 24M  se esperaba como un momento para cambiar las formas, el estilo, el talante, el modo, la manera de entender la política y su gestión. Porque la política, convertida hoy en un estercolero de impunidades, sigue siendo importante para la gente. A este reto de entender la nueva vida política, la ciudadanía navarra ha respondido.

Una gran parte de la población navarra, casi el cuarenta y ocho  por ciento de los votos emitidos, ha votado a la izquierda del socialismo centrista. Y esos votos, los votos del cambio,  están cargados de expectativas. Una de ellas era, y es, finiquitar democráticamente una larga época de la historia política de Navarra absolutizada por las estrategias gubernamentales de UPN apoyadas por el socialismo  navarro colaboracionista renegado de sí mismo. Esa que va desde 1991 hasta nuestros días. Aspecto este de singular importancia para entender no solo esta época de la historia navarra, sino la progresiva pérdida de credibilidad de este partido empeñado en activar  un cordón higiénico-sanitario en torno a las posibles fuerzas progresistas de Navarra, sean abertzales, vasquistas o progresistas de variadas izquierdas  sociales y políticas.

Varios factores  emergen en el escenario interpretativo de los resultados en Navarra y en la  posterior gestión que va a requerir el día a día. La primera es la gran fragmentación, también podría interpretarse como pluralidad,  del actual Parlamento resultado  de la  amplia oferta política que pretendía llegar a la ciudadanía. El Parlamento resultante tendrá siete partidos, una nómina muy alta pero tampoco desconocida o extraña en la historia política navarra. Muchos partidos, cierto, pero lo determinante no es el número, sino  el peso político que pueden tener cada uno de ellos. Esta segmentación es fruto también de la fragmentación social, de la dualidad y la polarización social que padecemos. En un contexto de crisis y depredación generalizada en todos los sistemas, las soluciones, las ideas, las claves interpretativas, los discursos, las herramientas, las dinámicas políticas y sociales tienden a ampliarse. Casi todo el mundo, me refiero a los grupos políticos e iniciativas sociales y ciudadanas,  quieren tener arte y parte en la reconstrucción de una sociedad en bancarrota. Y desde el centro-izquierda-izquierda se han articulado las opciones emergentes. De ahí también quizás el doble voto que se ha emitido en función de las urnas al Parlamento o a los ayuntamientos.

¿Cómo se han comportado los partidos?  Geroa Bai recompuesta tras la escisión dentro del conglomerado ilusionista de anteriores comicios que representó Nafarroa Bai, ha logrado ser la segunda fuerza en Navarra. La personalidad y el carisma de su líder, Uxue Barkos han sido determinantes. Su personalidad, su imagen personal, su representación simbólica, su discurso  y su proyección política estatal y autonómica como líder de consenso en una contexto de frentismo, ha posicionado a su formación en la línea de combate por la presidencia. Y esta formación ha ejercido sobre la ciudadanía, el efecto “podemos” que en otras partes del reino de España ha ejercido el Podemos de verdad. Geroa Bai ha aglutinado votos que quizás no simpatizan con sus postulados programáticos, ni con parte de sus candidatos, ni con ciertas políticas estratégicas o trozos de su ideario más asentado, pero en conjunto y liderados por Uxue Barkos , el votante ha sublimado sus creencias por sus deseos de cambio. Y Geroa Bai ha significado un estado de ánimo capaz de movilizar hacia la esperanza y la creencia en un espacio nuevo y un no menos novedoso escenario político de cambio. Le toca a esta formación liderar no solo políticamente, sino técnicamente el proyecto de gobierno atendiendo a los pactos que se lleguen. La procedencia geográfica de sus votos permite interpretar una ampliación por el sur navarro de su capacidad de seducción e influencia, lo mismo que podría decirse de Bildu. Ambos partidos mantienen, e incluso aseguran,  sus feudos del norte atlántico navarro

Por su parte,  el socialismo centrista del PSN se enfrentaba a estas elecciones con serios déficits de  credibilidad política y personal que no han sido remontados ni por los guiños de UPN, ni por sus declaraciones planas y poco arriesgadas, ni por su supuesta independencia de Ferraz, ni por su increíble apuesta  regeneracionista interna. Los datos confirman su retirada a los cuarteles del sur de Navarra, su afianzamiento meridional, donde se atrincheran perdiendo posiciones.

El socialismo navarro, pese a que su líder se conforme solamente con haber ganado a las encuestas, que ya es conformarse con poco, ha pasado a ser un partido sin capacidad de someter a nadie. Sin capacidad de ser tenido en cuenta. Sin opciones de influencia. Esto siempre y cuando los partidos a su izquierda no quieran contar con él, evidentemente. Y esto no parece probable dado su apestoso pasado pactista con la derecha de UPN. Y es que quien lo quiere como colaborador, (UPN) por aquello de la gobernabilidad, la foralidad, y la constitucionalidad, tampoco tiene en la actualidad opciones de presión ni de intercambio.

De esta forma el PSN pasará a ser un partido residual, pese a los votos de una militancia que, a buen seguro, en nada se parece a los gestores de sus votos. Porque está en medio de dos grandes bloques ideológicos de los cuales solo participa de uno: el constitucionalista sostenedor del viejo régimen auspiciado por la segunda restauración borbónica vía colaboracionismo institucional mal entendido. Y este bloque (UPN) está muy tocado pese a tener un importante granero de votos y ser una fuerza muy importante en Navarra. Votos por otro lado subyugados y rehenes del miedo, el clientelismo, las prácticas caciquiles y clientelares típicas de un feudalismo progresista más que de una democracia abierta.

En este nuevo escenario, el socialismo centrista navarro va a encajar muy mal el nuevo rol de don nadie. Porque lejos de sentirse alguien con poder real en el tablero, siempre se ha sentido bisagra, colaborador, sostenedor de un régimen enfangado  a cambio de dádivas políticas y personales. Y cuando uno asume un  papel secundario, se olvida de sí mismo. O se vende al mejor postor para seguir siendo algo. Al PSN le toca hacer duelo. Y eso le aboca a un vacío sin precedentes porque su oferta política está vacía.  A no ser que se preste a nuevos juegos ocultos de colaboración con UPN. O  que apueste por ocupar el espacio socialdemócrata radical de Podemos.

Podemos ha podido. Con un proyecto que ha calado transversalmente en toda la geografía navarra, aunque con mayores apoyos en la zona media, en la Cuenca de Pamplona y su conurbación industrializada. Y eso se puede percibir en los votos obtenidos por toda la geografía. Su teórica transversalidad de tan exitosa retórica y tan poco comprendida en la práctica dadas sus idas y venidas programáticas, ha tenido un eco considerable. Podemos, siendo un partido nuevo, sin recorrido, sin espacio histórico, acusado y acosado por la derecha y por la izquierda,  ha logrado una excelente posición en el tablero político navarro configurándose como el nuevo socio con capacidad de modular gobiernos. La compleja gestión de sus decisiones en clave asamblearia y el sometimiento – o no- de sus dirigentes a las necesidades, claves,  y estrategias políticas según la agenda  del partido  estatal, pueden generar sorpresas que nunca serían bienvenidas en un contexto de cambio político.  Como las vetustas palabras de su líder P. Iglesias sobre la condena del terrorismo y ETA. Eso sobra. No porque no haga falta recordarlo, ni porque se sobreentienda, sino porque exigírselo a Bildu, como se hizo antes de las elecciones como condición previa ante cualquier pacto, colocan a Iglesias a la misma altura que Rajoy.  Porque eso sigue siendo una parte muy importante de la agenda envenenada del PP

Por su parte Bildu tiene opciones de gobierno en el ayuntamiento de Pamplona-Iruña y en Gobierno Foral. La derecha ultra reaccionaria española  ya está preparando la artillería más pesada con la inestimable colaboración de la prensa mediática local  más envenenada de frentismo acusador y de un historicismo amnésico y pervertido. La izquierda abertzale se enfrenta a un escenario complejo. No va a ser fácil. Lo saben y también lo reconocen. Pero no basta con ello. Porque Bildu, pese a su reconocida y legitimada posición, arrastra un lastre histórico por méritos propios y por el impuesto y rentable  apartheid a que ha sido sometida. Y esto la derecha lo utiliza y utilizará como arma de combate y como cuchillo afilado por el miedo. Bildu no tiene que demostrar que es un partido democrático. Lo es por suscripción y decisión  popular y también jurídica. Pero tiene que demostrar que también  es capaz de gobernar de otra manera. De esa otra manera que la ciudadanía está reclamando y la izquierda ha proclamado llenándose la boca de regeneración política. Y ello incluye consensos, alianzas, pactos, empatías y, sobre todo una gran responsabilidad técnica y política en la gestión de los principales proyectos sociales y económicos que deban ser gestionados desde las distintas instituciones. Y ha de saber leer entrelíneas, entre esas estrías que tiene la historia sobre las que se desplazan los acontecimientos sociales y personales ajenos a la identificación con tal o cual sigla política. Porque el momento exige cintura política, mirada con detenimiento y creación de nuevos modos de hacer política más allá del cambio de concejalías o conserjerías. La izquierda abertzale navarra debe pasar de la pancarta y la denuncia sistemática a la puesta en marcha de soluciones de gestión. Y eso cuesta aprenderlo. O desaprenderlo.

Finalmente, Izquierda-Ezkerra ha entrado en el Parlamento de Navarra y en el ayuntamiento de Pamplona-Iruña por los pelos. Podemos ha podido con ella y buena parte de sus votos se han desplazado al nuevo partido, pero tienen una llave sobre ambos escenarios de poder. Sin su colaboración, las fuerzas del cambio anti régimen de UPN, no podrían sacar adelante ninguna propuesta ni posibilidad de cambio. Lo saben y harán saber su poder y sus idearios. Y esas claves, sin duda nivelarán una correlación de fuerzas de necesario consenso.

Este es el teatro de operaciones futuras a la que se enfrenta Navarra, una tierra de experimentación, de desconciertos, de izquierdas radicales y derechas ultramontanas,  de fuertes contrastes, de flujos y reflujos insospechados, de nortes y sures diferenciados pero que se nivelan por los centros y periferias de esta tierra de diversidad. La reconstrucción de Navarra para un tiempo de cambio será como una odisea en el espacio. No en vano, la todavía presidenta Yolanda Barcina en un alarde de ignorancia histórica ha comparado el momento histórico que puede vivir Navarra, en el caso de  gobernar Geroa Bai, con la Alemania previa a Hitler. Pura patología del gobernante con mal perder. Por eso  una cosa es clara, para el poder estatal con corte en Madrid, Navarra es una cuestión de Estado. Y es que  como dice P. Erdoziain,  “cualquier cambio institucional que se pueda producir en el viejo Reyno debería contar con la anuencia del poder español”.