martes, 31 de marzo de 2015

Primavera


Puede que el mundo haya entrado en bancarrota. Tal vez. El tipo que hizo este perro mundo se cree un dios. Yo en su lugar me hubiera avergonzado, pero él insiste en reclamar la exclusiva gloriosa de este invento que hace aguas por los cuatro costados. No obstante  pequeñas briznas de esperanza han surgido en un universo donde los sueños de uno mismo se pueden cumplir un número infinito de veces. Estos días de abril, los magnolios de los huertos farnesianos del antiguo foro romano brillan más que nunca. Pero sin ir tan lejos, aquí mismo, en el mercado viejo de toda la vida, algunos puestos muestran ya  las verduras de temporada más exquisitas. Y es que mientras la tierra siga ofreciendo ciertos frutos, el Apocalipsis aún puede esperar. También en el pecho de muchas adolescentes se está fraguando una gran revolución: una burbuja incontrolada de aire fresco   recorre la línea del diafragma  hasta llegar al músculo de las emociones. Una vez allí, el aire comprimido explota y  se  produce la primera deflagración de  amor.  Pese a estos actos inmortales, tú mismo, después de asistir a tanta barbarie en Bagdad, Jerusalén o Madrid, puede que te sientas un miserable al comenzar una nueva jornada de lucha por la nada. Pero no es verdad. Por muy mediocre que te sientas, cada vez que te despiertas, tu conciencia  acelera el universo.

No permitas que, mientras el mundo revienta por culpa de un ultraderechista sin talento y de un carnicero de palestinos,  la vida se te escape entre lamentos e impotencias. En el aire hay ya demasiada angustia acumulada. No  digo que renuncies a todo, ni siquiera que te refugies en el escudo de Arquiloco.              
Aprovecha esta explosión de luz y calor para  inhumar todas las modalidades del mal que  te retan a diario. Porque cada día ciertas señales delatan nuestra actitud ante la vida. Si notas que al levantarte cada mañana te sientes más viejo, suspicaz  y pesimista, tu mismo estás contribuyendo a la destrucción  del universo.  Pero si observas que tu mirada  se muestra más brillante y tu alma más limpia hasta sentirte completamente inocente, entonces puedes decir que todavía te esperan múltiples barricadas. Ten en cuenta que la risa es la única redención ante la angustia.   

Posdata: Este artículo fue escrito en abril de 2003 en el Diario de Noticias de Navarra. Han pasado doce primaveras, pero pareciera que el terror no ha entrado en bancarrota. Sin embargo, como cada año, en nosotros se opera una enorme explosión a la altura del diafragma. Es el sonido que emite la suave colina sobre la que vivimos, el volcán de lava que nos golpea las entrañas. Pura vida. 

lunes, 30 de marzo de 2015

Un informe que escuece

Foto: Diario de Noticias


Parece ser que la pobreza solo escuece en tiempo de votos o de vigilia. Y es que, aunque no lo parezca, en Navarra hay 30.000 personas en situación de pobreza severa. Lo dice la UPNA tras un informe sobre el impacto social de la crisis. Pero al consejero Alli, este dato, más que inquietarle, parece importunarle. Porque lejos de admitir la realidad, que es la que es, se revuelve contra quienes anuncian y denuncian un escenario de vergüenza social. Más aún, el consejero arremete contra la UPNA a la que acusa de “opiniones partidistas y sin ningún rigor argumental”.
¿Por qué se enfada el consejero? Pues porque la UPNA comprueba que la Estrategia de Inclusión Social, elaborada desde el Departamento de Políticas Sociales, por muy consensuada que esté, está vacía de contenido. Verá usted, esto solo se puede decir con datos en la mano. Y lo que se prueba es que esa estrategia no ha logrado reducir la desigualdad y la pobreza en nuestra sociedad, sino que ha aumentado su polarización. Porque las “estrategias de austeridad” han afectado de forma significativa al gasto social. Y eso ha influido en esta dinámica exclusógena desde 2011. Se prueba también que el gobierno, del que usted forma parte, sigue pautas muy divergentes respecto a las recomendaciones de la Unión Europea en materia de inclusión y lucha contra la pobreza. Y esto, junto a otros datos vergonzantes, hace dudar a los autores del informe sobre el compromiso político de su gobierno respecto a “mejorar el bienestar de las personas más vulnerables”, según sus propias palabras. Otra cosa es que esto joda oírlo en puertas de elecciones.
Alguien dijo una vez que la pobreza crea suaves bahías, y en ellas se remojan la conciencia los políticos de mesa redonda.

sábado, 28 de marzo de 2015

¿Deflación sindical?


 Nunca como hoy los sindicatos han sido tan necesarios, pero nunca como hoy fueron tan cuestionados. ¿Tienen que reinventarse? ¿Sirven hoy para lo que sirvieron ayer? ¿Mantienen la legitimidad social de antaño? ¿Tienen capacidad para reinventar nuevas luchas obreras? ¿Ocupan todavía un lugar entre los sujetos sociales? Son preguntas fáciles de formular pero difíciles de responder. No son asépticas. Porque, al margen de la oportunidad de su formulación, son introducidas en el discurso social de manera intencionada por los grupos de presión mediáticos y creadores de opinión para abrir una grieta ideológica en el mundo del trabajo, sus regulaciones y los sujetos que tradicionalmente han servido de mediación: los sindicatos, organizaciones históricas que hoy están sometidos al mayor linchamiento mediático jamás conocido. Ya lo dijo Esperanza Aguirre ante la huelga general de 2012: “Estos sindicatos caerán como el muro de Berlín” Es cierto que los sindicatos, concebidos y construidos como estrategias de unión y producción de presión colectiva frente al capital-trabajo no son lo que eran. No porque ellos hayan cambiado, que también, sino porque el capital productivo y las estrategias de dominación laboral se han reformateado al compás de la globalización económica que ha sacudido al mundo en los últimos treinta años. Porque la brutal crisis recesión económica que padecemos ha activado proveedores de ideología ultraconservadora que se contagia en las barras de bar, cenas de amigos y hasta en la cola del paro. Y los sindicatos no pueden ser ajenos a esto. Porque sus clientes, coticen o no, son las víctimas segmentadas de este huracán neoliberal y del nuevo capitalismo de ficción, ese que se despliega para fascinarnos, mimarnos, engatusarnos y ofrecernos el mundo como un espectáculo de bienestar. (Verdú) Las cuerdas de la lucha entre el capital y el trabajo han sido tensadas y destensadas a lo largo de la historia del movimiento obrero por las organizaciones sindicales. Con sus más y su menos. Así ha ocurrido en el reino de España –desde la firma del Estatuto de los Trabajadores (1980) hasta la última Reforma Laboral de 2012- en un escenario en el que el contrato social fue arte y parte de las agendas de ambas fuerzas. Como lo fue la negociación colectiva, la concertación y el respeto a la jurisdicción laboral. Pero la última reforma laboral de 2012, posiblemente el producto estrella del ultra neoliberalismo laboral español, representa el punto álgido de la inflexión hacia la desregulación laboral y el trabajo low cost. Porque significa la ruptura del pacto social entre trabajadores y empresarios y porque su implantación nos lleva a la desecación progresiva de múltiples derechos laborales y el empoderamiento bastardo de la clase empresarial que aumenta sus prerrogativas sin escrúpulo alguno en nombre de una crisis que ellos, los sindicatos no generaron. Pero la actual crisis no solo está devastando el Estado del Bienestar. Ha alterado las relaciones de producción y sometimiento. Ha programado nuevos paradigmas de socialización y de relación con el propio mundo del trabajo. Cierto que el trabajo sigue siendo un pasaporte de acceso a la ciudadanía social. Pero cada vez menos. Porque cada vez hay menos y de peor calidad. Y es que el trabajo se ha permutado debido a las nuevas maniobras productivas y de gestión del mismo. Nuevos conceptos como la segmentación laboral, la disociación entre trabajo fijo, eventual, precario y el trabajo-basura, la deslocalización, el trabajo inmaterial, la sobrevaloración del trabajo del conocimiento, la descolectivización del trabajo lineal, la soledad del trabajador precarizado sin defensas; deberían formar parte de la nueva agenda sindical. Y es que todo ello forma parte de las nuevas socializaciones laborales donde el nosotros colectivo ha perdido toda su fuerza y el yo precario y solitario se ha impuesto como manera de vivir un trabajo cada vez más líquido y desprotegido. Y a esto se enfrentan los sindicatos; a nuevas formas de gestión, no solo productivas, sino también a nuevas estrategias de protesta, de negociación, reivindicación, representación y de lucha en un contexto de absoluta personalización laboral. Porque la desregularización del trabajo nos aboca a la perversa individualización del conflicto de clase. Una individualización que pesa sobre la vida de la gente casi sin ser percibida. Porque el poder biopolítico ha transmutado la socialización colectiva de la lucha de clases por la defensa a ultranza del yo precario individualizado y aislado. Y esto es algo que los actuales sindicatos no abordan. No porque no lo analicen -espero que sí- sino porque sus estructuras, sus agendas, sus dinámicas todavía están al servicio ese nosotros social desaparecido en combate. Esa individualización política y social, más allá de la privacidad personal, forma parte de la propia individualización de la crisis, asumida personalmente por todos nosotros como parte convicta y responsable de la misma según el discurso hegemónico. Y nos hace responsables de la misma y de los costes que genera con su penitencia incluida: reducciones salariales, liquidación de garantías laborales, flexiguridad laboral, despidos, EREs y deslocalizaciones. En esto consiste también la dominación biopolítica de la vida laboral que los actuales sindicatos, creo, no enfrentan. Porque todo esto pasa factura a los sindicatos, sean de clase, nacionalistas, minoritarios, altersistémicos o pactistas. Porque la crisis va dejando un reguero inmisericorde de secuelas, de sujetos desgarrados y de nuevos problemas por abordar; como el alejamiento de los sindicatos de los sectores más precarizados y su escasa a nula capacidad de empatía con ellos, su debilidad para adaptarse a la actual organización del trabajo, su dificultad para acercarse a los colectivos más jóvenes y más excluidos del mundo laboral -gente con el mayor bloqueo vital de la historia con una tasa de paro del 57%,- , la compactación de clases al ejercer la precariedad laboral un efecto transversal sobre clases tradicionalmente blindadas, la tensión y contradicción de algunos sindicatos al avalar medidas de austeridad y la consiguiente identificación de estos con el establishment gubernamental, los recientes casos de corrupción en el seno de algunos de ellos con la consiguiente deslegitimización social y política y el sistemático ataque hacia ellos por parte de los medios ultraliberales que solicitan su disolución por anacrónicos, subvencionados o poco representativos. A todo esto se enfrentan. Por eso es urgente en este contexto de desmantelamiento del Estado Social y desafección política, del cual no están exentos los sindicatos, que éstos revisen, no ya su rol en las actuales circunstancias sociales, donde una gran mayoría de población absolutamente vulnerable y desprotegida no está sindicada, sino las metodologías de lucha, de confrontación con el capital y sus estructuras de poder, de sus mensajes, sus coordinaciones con colectivos sociales vulnerables y su capacidad de reorientar dinámicas de lucha más allá de las tradicionalmente emitidas por la historia y la memoria. Partir de uno mismo, de sus necesidades y sus criterios, al margen del nosotros colectivo y revolucionario, es simplemente colaborar con la individualización que desmoviliza, divide y fragmenta capacidades de lucha y resistencia.

Del derecho, a la limosna



Dicen que la crisis, o el negativo de la crisis, nos ha vuelto más solidarios. Incluso que la crisis ha sido positiva para activar nuestro yo más recóndito. Y que a más crisis, más solidaridad colectiva. Y eso se celebra. Como un triunfo de nuestros yoes militantes y comprometidos a falta de un Estado Social dormido o huido de sí mismo. Verán, yo tengo mis dudas sobre todo este movimiento centrípeto de solidaridades: comedores sociales, huchas, bancos de alimentos, maratones y gincanas solidarias, roperos, etc. Creo que con las mejores intenciones personales se está reforzando un nuevo estado asistencialista y alternativo de protección social amparado en la indulgente caridad privada. Me dirán que no puede ser de otra forma. Porque la administración pública se llama andana y deja a sus súbditos, que no ciudadanos de derechos, al pairo o la bondad del prójimo. No sé si esta es la única salida, pero no creo en esta solidaridad emocional y caritativa. Es más, la veo muy peligrosa. Porque sin quererlo justifica un Estado Social en bancarrota que huye de sus responsabilidades en nombre de la crisis, justifica su despotismo y apuntala su inhibición. No creo en esta solidaridad horizontal a raudales que nos inunda. En esa que “da” pero no “reparte”. Porque la solidaridad entre iguales es pura beneficencia social. Eso sí, muy adornada de buenrrollismo y emoción proactiva. Esa solidaridad no repara. Justifica la generalización de la limosna pero no la redistribución de la riqueza. Por eso creo en la solidaridad vertical: desde los de arriba hacia los de abajo, en las políticas fiscales distributivas que reparten, que igualan a la ciudadanía, que generan cohesión. El resto es pura solidaridad emocional. Atractiva, amable, respetable. Y poco más.

jueves, 19 de marzo de 2015

El inconformista y la garantía


Foto: Diario de Navarra

UPN, el partido de gobierno de Navarra, escorado desde hace años a la derecha de dios padre en su versión más radical, ha empezado la campaña electoral. En los autobuses de la ciudad se pueden ya ver algunos de sus eslóganes para estas elecciones venideras. Uno es UPN: garantía de Navarra, el otro presenta una foto del candidato  Esparza con el lema "el inconformista". No sé quien diseña sus eslóganes. Sin duda no es George Lakoff. Uno piensa que tal vez un experto en en contradicciones en sus términos, versión oxímoron político. Me gustaría saber si el Sr. Esparza será inconformista consigo mismo.  En ese caso dejará de ser garantía de Navarra. Con su partido, en cuyo caso deberá ser expulsado. Inconformista con la oposición, en cuyo caso no garantizará la garantía que predica su partido. Con Navarra, así, a palo seco, en cuyo caso pone en riesgo la estabilidad deseada y predicada por su partido. En fin, ya ven que garantía e inconformismo no casan, son antónimos, es un oxímoron político. Más claro, una contradicción irresoluble. Es como decir, "muerto viviente"  o "silencio atronador". Pues eso, que UPN  parece ser que abundan los ángeles del infierno









martes, 17 de marzo de 2015

Moneda falsa



Cuando en diciembre de 2014, Luis de Guindos firmó la autorización a la Casa de la Moneda para emitir una moneda de oro de 200 euros con el rostro del rey Felipe VI bajo el lema “70 años de paz”, no se lo pensó dos veces, firmó y punto. Luis de Guindos no tiene memoria. Y si la tiene, no suele usarla. Salvo para recordarle a los griegos algunas deudas envenenadas. Y es que esa moneda puesta en circulación para coleccionistas con la que se quiere conmemorar el final de la Segunda Guerra Mundial es una reedición memorística de los 25 años de paz franquistas “celebrados” en 1964 en un intentó de cerrar en falso una fosa sangrante de la historia española. Traiciones de la memoria. Pero quizás, las críticas a esta emisión monetaria se la traiga al pairo al ministro, a sus secretarios, al director de la Casa de la Moneda y al sursuncorda.
A estas alturas del rajoyato, sacarle los colores al gobierno por una decisión así cotiza poco. Pero dice mucho de cómo siente esta gente, cómo gestiona esta calaña la memoria histórica. Seguramente de Guindos dirá que, quién le niega a él que Europa lleva setenta años de paz. Vale chaval. Te admito el argumento desde Estocolmo. Y aún así. Pero no me digas que este reino de España en bancarrota puede presumir de setenta años de paz sin que te mueva el músculo de la vergüenza. Te comes tres años de guerra franquista y otros cuarenta de propina sangrante. Con sus 300.000 muertos en los frentes de batalla, los 200.000 hombres y mujeres ejecutados extrajudicialmente, los casi 400.000 exiliados y los 20.000 republicanos ejecutados tras la “victoria final”. Eso sin contar los miles de desaparecidos clamando sepultura digna. Y va el rey Felipe le pone cara a esta infamia. Ya lo dijo Quevedo: no conviene mostrar la verdad desnuda, sino en camisa.

martes, 10 de marzo de 2015

Los años


A ciertas alturas de la vida, la edad se convierte en una tara. Todavía no me pasa, pero tengo conocidos que se someten a intensas sesiones de psicoterapia y luego se machacan en el gimnasio. Y es que, a partir de cierto momento, cumplir años es juzgado como un lastre que deberíamos eliminar de nuestro rostro. Conozco gente que sucumbe ante el primer verdugo de  la mañana, el espejo, ese tribunal sin piedad que cada día nos condena como portadores de una adición vergonzosa. Esta época adolescente no concibe cumplir años como un valor añadido, sino como una forma devaluada de estar en el mundo. Porque almacenar años se ha convertido en un fracaso anticipado. En un naufragio personal. Y el mundo del trabajo es un reflejo de ello. Tener más de 40 primaveras  es ser portador de un cúmulo de sospechas. Por eso, negar la edad real se ha convertido en un ejercicio redentor. Y de eso saben mucho ciertas empresas  animadoras del cuerpo y del alma que hacen su agosto alrededor de los años sobrantes. Es tal la presión social en torno a esos años de más, que celebrar cumpleaños,  más allá de cierta edad, nos  incita  a inmolarnos en el altar de la culpa eterna. Y es que, eliminar el lastre  inapropiado que afea nuestro cuerpo solo pretende la transubstanciación  en otro yo diferente y ajeno. Frente a esto, solo queda recuperar la experiencia de vida como elemento consolador. Pero aun así, no podemos evitar mirar recelosos los cuerpos jóvenes y vibrantes. Entonces   comprobamos que  la felicidad  ha emigrado a otras playas. Por eso ni el dinero, ni la posición, ni la estima social redondean su victoria sino es dentro de un reducto corporal hermoso y sin estrías. No obstante, ante esta seducción de la perennidad, me digo que convivir con uno mismo constituye uno de los veredictos más incómodos, pero también más ecuánimes de la existencia. Sé que la eterna batalla es conseguir un yo  libre de estigmas para ocultar los surcos del tiempo,  pero también intuyo que éste es incapaz de reconocer que el futuro es una agonía sin desenlace.



Posdata: Este artículo se publicó en Diario de Noticias en abril de 2003. Han pasado doce años y servidor con ellos. Ni que decir tiene que donde ayer  ponía  cuarenta primaveras hoy  pondría cincuenta y más.  Pero no quitaría ni una coma al artículo, salvo que cada vez veo más gente en los gimnasios, lugares de culto y confesionarios del cuerpo. Y es que hoy uno acumula más culpa por no acudir a las sesiones de gimnasio diarias que por ser infiel a su pareja. Lean en este sentido el espléndido libro de Eva Illouz, "El futuro del alma, la creación de estándares emocionales" (Ed Katz)

Nos quedaba Osasuna


Nos quedaba Osasuna. Pero resultó un engaño más de este capitalismo de ficción construido para fascinarnos, seducirnos y convidarnos a una sesión de bienestar ficticio. Les confieso una cosa. No tengo ni puta idea de fútbol. He estado en El Sadar solo una vez. El 2 de octubre de 1985. Osasuna jugaba el partido de vuelta de la primera eliminatoria de la Copa UEFA contra el Glasgow Rangers. Osasuna ganó dos a cero. Con goles de Rípodas y Martín. Fui a ese partido con uno de mis mejores amigos que todavía conservo, un inglés honorable de Cornualles forofo del Athletic. De él he aprendido lo poco que sé de este deporte. Así que les cuento lo que me provoca este paseillo de rojillos en busca de una excusa perfecta. Nos quedaba Osasuna como banderín de enganche ideológico y aparato de contraprogramación contra todo: ETA, los vascos, el desempleo, la crisis, la corrupción y hasta la Can, patrocinadora del espectáculo futbolero en su día. Porque Osasuna ha sido también algo más que un club, casi un altar donde se inmolaban todas las esencias perturbadoras de este reino foral en bancarrota. Osasuna ha sido la marca navarra por excelencia, incluso por encima del santo patrón, la txistorra o las migas de Ujué. Con Osasuna, todo dios se ha identificado. Y ha funcionado como una terapia ocupacional en tiempos de bonanza y de crisis. Pero ahora resulta que incluso Don Limpio padece un síndrome de Diógenes del copón. Y todo parece indicar que la fiesta solo acaba de empezar. Nos quedaba Osasuna como el único territorio virgen, aséptico y puro de esta Navarra preclara. Pero una muesca perdida en el universo ha impactado sobre la orbita oculta de Osasuna. Y aquí estamos. Asistiendo a lo incomprensible, al sueño roto de miles de niños y niñas enamoradas de un club que ha resultado ser un puticlub.

sábado, 7 de marzo de 2015

La pena

Vizcay, ex gerente de Osasuna. Foto: Naiz




Vean a este hombre abatido. Tumbado sobre la sombra de sí mismo. Ignoro qué ha hecho. Sale de un  Juzgado tras declarar por supuestas irregularidades en el club del cual fue gerente, Osasuna de Pamplona  Fíjense en su aspecto demacrado, en su caída de ojos, en la tristeza infinita que desplaza, en la pesadez de su cuerpo dominado -posiblemente- por el miedo, la angustia y la ansiedad. Y quizás también por el pánico de verse acusado, quizás,   de algo muy serio. Algo que le puede cambiar la vida. Sean capaces de meterse en sus pensamientos, en sus miedos, en sus  reflexiones. Ignoro qué ha hecho. Quizás hasta les diga que tampoco me importa. Que solo me importa ese miedo, un miedo brutal, astral a perder el control de tu vida que gira vertiginosamente sobre un abismo oscuro, el del futuro imperfecto. Quizá lo peor de una acusación fundada o infundada sea ese momento en que empiezas a penar de miedo, a sentirte ajeno al que eras antes de ser acusado de un delito. Quizás ese sea el sentido de la pena, empezar a penar de pena, de miedo, de angustia. Quizás este hombre a estas horas esté deseando enterrarse en el llanto de los hombres, hacer con cada lágrima derramada una sepultura. 

miércoles, 4 de marzo de 2015

Comportamientos

La jibarización de la crisis y la  transversalización epidémica del malestar social, económico y político  que padecemos  produce extraños efectos sobre los comportamientos humanos. He aquí uno de ellos. El Roto cada vez más roto pero sin duda no da puntada sin hilo.

lunes, 2 de marzo de 2015

Socialistas de Barañain



A la misma hora en que Pedro Sánchez, líder del PSOE, se reunía en Sao Paulo con el ex presidente Lula para recordar que el mundo, todavía podía girar a la izquierda, en Barañáin, sus compañeros de partido se empeñaban justo en lo contrario. Pedro Sánchez se había enterado de que esos camaradas habían votado en contra de una moción presentada en el tercer Ayuntamiento de Navarra, en la que se solicitaba solidaridad con Faurecia, empresa amenazada por el despido de casi doscientos trabajadores. Y no entendía, porque según él sabía, el grupo socialista en el parlamento navarro si había apoyado a esos trabajadores.
Muy enfadado, Pedro Sánchez, llamó a sus compañeros y les dijo que mientras él trataba de volver a sembrar el campo yermo de ilusiones que había cosechado el socialismo navarro en esta tierra, ellos seguían empeñados en mantenerlo en barbecho. Pedro no entendía cómo el socialismo navarro, cuya reformulación se anunciaba a bombo y platillo, se ponía en contra de un grupo de trabajadores y por defecto, le hacía la ola al capitalismo más bastardo desde la equidistancia indolente.
Pedro Sánchez les recordó que cada gesto y cada palabra cuentan. Porque la Historia es un profeta con la mirada vuelta hacia atrás. Y si el socialismo navarro quería recuperarse, ellos, con su extraviada conciencia de clase, limitaban su capacidad de recuperación. Porque si en esa localidad se sentaban, un día sí y otro también, a la derecha de los conservadores de UPN, quizás debieran pensarse dos veces en qué creían, para qué estaban allí y a quién servían.
Pedro finalmente les recordó una frase de Marx, a quien ellos reconocieron desconocer: “sois socialistas, no para amar en silencio vuestras ideas ni para recrearos en su grandeza, sino para llevarlas a todas partes”. Acto seguido colgó.

Posdata: La frase que le atribuyo a Marx, no es de él, sino de Pablo Iglesias, fundador de la UGT. Gracias a Jose Mari Asín que se fijó en ello y me tiró de las orejas. 


Madre


Richard Ford escribió en 1988 "My Mother", editado en castellano por Anagrama en 2010 con el título de "Mi madre". En setenta y nueve páginas le dice adiós a la mujer que le dio a luz. Esa despedida me conmovió y perturbó cuando lo leí en su día. Lo he vuelto a leer estos días porque yo también tengo madre y no se cómo decirle adios. Pero sé que pronto tendré que ponerme a la faena. Y por eso Ford me está echando una mano. Un amigo que, para más señas es psiquiatra, suele ser duro y contundente con los apegos, los vínculos y demás construcciones alrededor de las dependencias personales y emocionales que nos montamos con los seres queridos y no queridos. Dice que nos vinculamos mucho, en exceso. Y eso trae malas cosechas. El dice que es una falta de repris personal. Lo entiendo pero no logro "separarme"" de mi madre. Me pasa lo que a Ford. E imagino que me pasa como a millones de apegados a la madre. ¿Cuestión de edad, dignidad y gobierno? Yo qué sé. Solo sé que me gustaría poder escribirle a mi madre unas ochenta páginas como las que Ford le dedicó a la suya. Lo que ya no tengo tan claro es poder afirmar como lo hace Ford "Nosotros - mi madre y yo- nunca estuvimos unidos por la culpa o la verguenza, ni siquiera por el deder. El amor lo cubría todo" Léanlo solo por el placer de encontrarse sumergidos a mitad de camino de una edad interminable.

domingo, 1 de marzo de 2015

El hombre que sabe que va a morir


Oliver Sacks. Este hombre sabe que va a morir. Por eso escribió su despedida en un brillante y emocionante artículo  convirtiéndolo casi en su propio obituario.  En este vídeo todavía no sabía nada de su porvenir, o si lo sabía, disimulaba bien su sufrimiento que ahora nos deja convertido en pura poesía.  http://cultura.elpais.com/cultura/2015/02/19/actualidad/1424366454_934409.html