miércoles, 28 de enero de 2015

La hora cero


La hora cero. Si pueden vean esto. Si les va lo negro de altura, no cualquier negro. Género, ficción, novela,  a eso voy. Tomen nota: un grupo de sicarios mandados por La Parca, un elemento de cuidado que se hace tatuar el nombre de sus víctimas, toma al asalto un hospital público para que atiendan a una mujer embarazada a la que han herido de bala. Todo va a una velocidad que te deja sin resuello. Uno parece que está asistiendo a un documental, pero no. Ellos, los actores son así. Pura vida, o mala vida en la época de Chaves, pues la película está rodada en Caracas. Diego Velasco, su director nos muestra la dureza de una sociedad capitaneada por licenciados de la exclusión social que deambulan entre la violencia, el miedo, la desesperación y el descenso a los infiernos. 

Soberbia


El otro día tuve la suerte de ver y escuchar a Lluís Llach. Como siempre, cada concierto suyo explota como una carga de profundidad generando una corriente de sonidos rebeldes contra este perro mundo. Pero, lejos de conmover desde la melancolía o la amargura, la belleza de sus letras y la ternura de su voz, apaciguan los ánimos para inyectarnos dosis de utopías renovadas. Al finalizar el recital tuvimos más suerte aún porque pudimos debatir con él esas pequeñas cosas de la vida que tanto gustan. 

Entre todas las cuestiones que mencionó, hubo una que me llamó la atención. Todo el mundo sabe de la militancia izquierdista y nacionalista de Llach. Pues bien, al parecer el PP ve peligrar su hegemonía y hará todo cuanto esté en su mano para corregir el rumbo de su irremediable pérdida de credibilidad política. El creía que, tanto en Euskalerria, como Cataluña, Aznar se empleará a fondo en un combate a muerte por el poder. Eso me hizo pensar que quizá, alentado por su jefe político Bush, este hombre acomplejado ensaye nuevos experimentos que provoquen el encabronamiento, la desconfianza y el enfrentamiento generalizado. Aznar el Soberbio no dudará en descargar sobre este país y sobre su particular eje del mal, toda la basura mediática que sea capaz de digerir la ciudadanía más voluble a la arenga y al pesebrismo político. Todo un juego diabólico para conseguir que la mayoría vuelva su mirada hacia esa cara de hiena malparida.

Para ello, Aznar utilizará cuantos medios considere oportunos: Prensa, extorsiones, mentiras, presiones, manejos de la legalidad y cuantas perrerías se le crucen por esa alma que sólo encuentra satisfacción en la metafísica de los himnos marianos y militares. Su jefe de campaña americana le pondrá en bandeja el último dossier de buenas prácticas elaborado tras su elegante y sobrecogedora victoria militar sobre un régimen de pacotilla dirigido por un dictador miserable y apoyado por un pueblo sumiso, pero sobre todo empobrecido. Aznar aprovechará esa lección ensangrentada de la historia como un cobarde que nunca ha pisado el campo de batalla. Como una huida hacia delante. Ya ha quedado demostrado que la democracia de verdad y la legalidad, también de verdad, han quedado enterradas en el cementerio de las definiciones. Para que esto no me afecte volveré a oír Jocs.




Este artículo se publicó el 24 de abril de 2003 en Diario de Noticias de Navarra. Se tituló "Soberbia". Hoy Llach ha abandonado los escenarios pero se ha recluido más en sí mismo y nos ha regalado el último libro el cual me emociona más si cabe que sus conciertos: "Las mujeres de la principal", con el que Llach se confirma como un excelente novelista. Aznar ha vuelto sobre sí mismo reclamando venganza, esa dolencia interna que no le ha abandonado pese al paso del tiempo, que siempre nos amansa, a él no. Aznar está alentando nuevamente a los demonios para que se conviertan en aliados. Triangular a Rajoy, hoy su jefe oficial, que no real. Para real, él. Por otro lado, Rajoy repetirá ante las próximas elecciones, como Aznar, el esquema de todos los políticos que ven peligrar su pesebre:  el miedo como arma de combate, el miedo, la mentira, la manipulación de la realidad cuando no su alteración bastarda, la soberbia infinita y la degeneración de un discurso cargado de intriga y perversión. Todo para que Podemos no pueda. O no pueda nadie excepto él. Como ven, han pasado once años, pero la corrupción degradante solo ha conseguido aumentar el nivel de putrefacción de un país en bancarrota, ética y moral.  Y para que todo esto no me afecte más de lo justo y necesario impuesto por la obligación ciudadana y la responsabilidad social, volveré a oír "Jocs"


lunes, 26 de enero de 2015

La mano armada

Foto: Claudio Álvarez



Espero que Juanjo Millás no me robe esta foto para ser comentada en su sarcástica sección de El País Semanal. Si es así, no pasa nada. Habremos convenido, sin conocernos, que ese dedo acusador, a modo de colt "King Cobra"  es como un disparo a traición en plena nuca del prócer en decadencia del PP. Ese escorzo en el que la mano armada de Aznar domina la escena ahonda en la soledad de un Rajoy harto de soportar sus propias mentiras. Rajoy huye del escenario sin haber estado en él. Como es habitual. Rajoy mira para otro lado, hacia abajo, hacia la deriva de sus actos. Aznar le persigue, con esa expresión de mono de feria desatado tras años de cautiverio. Aznar pareciera decirle, ¿qué haces tu para evitar esta decadencia, para no poner orden en este país en bancarrota? A lo que acto seguido le espeta: "Cada uno responde de sus actos. Yo de los míos" (Aznar en la convención nacional del PP ). 
Miedo. Eso es lo que da esta fotografía. Mucho más que risa. El canciller alemán Konrad Adenauer  (1876-1967) llegó a decir: "Todos los órganos humanos se cansan alguna vez, salvo la lengua". No conoció a Aznar, cuya mano armada no se cansa de dar órdenes y contraórdenes. No se cansa de ir y volver para recordar a los suyos la necesidad de su  patológico ego.  Y es que Aznar tuvo un buen maestro en esto de la política ya que él está convencido de que "El secreto de la vida es la honestidad y el juego limpio... Si puedes simular eso, está hecho" (Marx, pero Groucho) 
 

La timba foral



Caminaba por la nueva avenida Carlos Inditex y entré en el edificio de la antigua Can. Observé que su decoración art déco simulaba un gran cuarto de estar, así que me senté en una butaca de estilo para ver cómo la gente operaba con su dinero, un gesto lleno de misterio. Percibí que nadie manejaba ya billetes. Aquello no parecía un banco, sino un consultorio sentimental. Enseguida caí en un profundo sueño. Entraba por una puerta giratoria situada en los bajos del edificio que desembocaba en una sala muy iluminada donde se proyectaba la película Los intocables de Elliot Ness. Allí estaban sentados algunos directores de la antigua Caja junto a miembros del consejo de administración. También estaban algunos políticos y cuatro tiburones financieros de sociedades con intereses por tierra, mar y aire en Navarra. Hablaban en un lenguaje de signos que yo interpreté como un baile de cifras que iban y venían de una cuenta a otra. Encima de la mesa, que más bien parecía un tablero de juego, distinguí sobres lacrados y grandes cantidades de dinero.
En un momento determinado, un cura con clergyman entró en la sala y bendijo aquella timba foral entonando salmos de Isaías mientras ellos brindaban con patxarán La Navarra. Todos los asistentes recogieron entonces sus sobres y salieron. Fuera hacía frío. De las alcantarillas de la avenida surgió un desfile de mendigos, algunos leían el Ulises de Joyce. Les increparon. Entonces ellos repartieron algunos euros mientras un fotógrafo afamado inmortalizaba el momento. Me desperté entonces en otra sala donde una comisión de investigación interrogaba al último director de la antigua Caja. Alguien dijo: cuando la hipocresía es de muy mala calidad, hay que buscar la verdad, a lo que el exdirector respondió con una peineta.


http://www.noticiasdenavarra.com/2015/01/26/opinion/columnistas/a-pie-de-obra/los-comisionados-de-la-can



domingo, 25 de enero de 2015

Escrito en negro


Dice en la contraportada del libro "Escrito en negro" que Martín Olmos, al que desconocía, "nació en Bilbao en 1966 y lleva cinco años contando crímenes en el periódico El Correo"
Me pongo manos a la obra, porque en otra parte del libro dice" Si uno empieza por permitirse un asesinato, pronto no le da importancia a robar, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del día del Señor y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente" (Thomas de Quincey). 
Como no quiero dejarlo para el día siguiente, porque ya me he permitido un asesinato, he robado sin importarme cuánto, llevo tiempo dándome a la bebida  y mucho más inobservado el día del Señor; entro a saco con "los asesinos diletantes", el primer capítulo del libro. No lo puedo dejar porque ya tengo las manos manchadas de sangre. Y es que estoy seguro que quien se aventure por este despropósito de crímenes de altura y bajura, hallará el descanso eterno envuelto en una prosa delirante y asombrosa. 
El tal Martín Olmos desenvaina poesía en cada relato y construye narraciones inverosímiles sobre los acantilados de la imaginación más desbordante. Yo no sé si estos crímenes ocurrieron alguna vez. Ni me importa. Solo sé que el horror en estado puro es más dulce si se acompaña con dosis de dulce cianuro. Sin duda se trata de un texto llamado a ser tenido en cuenta por la brillantez de su prosa, atrevida, bastarda, desafiante y tremendamente imaginativa. Más allá de una novela negra, más allá de un simple libro de crímenes de la humanidad, más, mucho más, este es un texto donde encontrar el placer de una lectura que deja inmunes a los asesinos y mucho más tranquilos a los asesinados.   

miércoles, 21 de enero de 2015

Pamplona negra



La policía judicial entró en el salón de plenos del Parlamento de Navarra. Eran las cuatro de la madrugada. Junto a la tribuna de oradores, en medio de un gran charco de sangre, yacía el consejero. Según las primeras estimaciones del forense, el asesino había actuado con un arma blanca dos horas antes. Este dato desató las primeras especulaciones. ¿Qué hacía el consejero a las dos de la madrugada en el edificio sin que la policía foral detectara su presencia?
Las sospechas empezaron a expandirse como un veneno inoculado. Se descartó el asesinato político si bien la legislatura había sido tenebrosa. Todo parecía indicar un ajuste de cuentas, pero, ¿por qué en ese escenario y a esa hora? Dos meses antes, una periodista de Diario de Noticias, medio local, había detectado movimientos extraños en las cuentas corrientes del consejero. Procedían de la multinacional Ericsson con base en la República Democrática del Congo, principal productor de coltán, mineral utilizado en los teléfonos móviles. Las cuentas se disolvían por varios paraísos fiscales.
La policía científica rastreó las últimas llamadas del móvil del consejero. La última, a las doce de la noche, procedía de Amberes. La policía descubrió también en uno de los bolsillos de su chaqueta, un recibí por importe de diez mil euros firmado por dos personas y una carta manuscrita. De repente, el móvil del consejero sonó, la policía respondió; una voz camuflada dijo: “hemos ejecutado al consejero por expreso deseo de él”. Meses después la periodista publicó un reportaje en el que se demostraba el asesinato inducido a modo de suicidio asistido. El consejero estaba reclamado por los gobiernos de Brasil y Tailandia.
Nada de esto es verdad. Pero pudiera serlo en esta primera edición de Pamplona Negra.


domingo, 18 de enero de 2015

Poder


En aquel viejo  reino había sacerdotes que, mientras  con una mano daban la absolución con suma elegancia, con la otra  eran  capaces de envenenar a sus confesados. Y había teólogos laicos que comían caliente gracias al pecado que trataban de censurar. Había jueces y magistrados de toga  negra entre cuyos pliegues  escondían una navaja toledana y una vara de medir de doble rasero. Había también comerciantes y especuladores que habían hecho fortuna en despachos  presididos por la imagen del Corazón de Jesús. Había políticos analfabetos que lucían una hilera de dientes plateados dispuestos a dar una dentellada en el cuello de sus enemigos. Y había también constructores  enriquecidos revendiendo solares y arreando golpes bajos  a la Bolsa. Había periodistas y profetas que se excitaban anunciando nuevas desgracias y policías que hacían redadas en los bajos de las bibliotecas y museos de la ciudad. Había talibanes disfrazados de harecrismas y  también enseñantes, gentes de la cultura oficial  y doctores afiliados a la Legión de María, una secta en la que sus leguleyos  siguen el régimen del limón con yogurt y no fuman, pero se lavan la boca sin quitarse la navaja que lucen entre sus dientes. Ejercen una santidad conmovedora. Piensan más en la resurrección del alma que en la justicia social. Y todo sin inquietarse.

Así eran las cosas en este reino foral que había perdido el sentido del deber y del poder. Y es que esos marchantes, habían retorcido las enseñanzas de Maquiavelo hasta el punto que, en el fondo de sus braguetas, el poder enquistado  superaba con creces todos los votos que los electores, confiadamente, habían depositado en las instituciones. Manejaban el poder a su imagen y semejanza, como dios cuando se puso manos a la obra. Tanto que   la moral se había  refugiado en los bancos y las comisarías. Todo parecía indicar que las cosas iban a seguir igual por los siglos de los siglos. No obstante un oráculo griego anunció a un mensajero: Cuando este tiempo se transforme y lleguen otros profetas, podrás confiar de nuevo en cambiar el rumbo del mundo.



Este artículo se publicó en octubre de 2003 en Diario de Noticias de Navarra. En él la casta navarra de entonces campeaba  a sus anchas en un reyno envejecido y sableado por la abundancia  de unas rentas vitalicias y donde enriquecerse era cuestión de mover una palanca que desplazaba el eje del mundo hacia el bolsillo de no más de noventa familias navarras con mucho poder y no menos ganas de perpetuarse más allá de la fecha de caducidad del reino de  los cielos. 
Hoy,  el Opus, una de las organizaciones más sibilinas de esta tierra, está a punto de inaugurar un museo, su museo de de la mano de un rey que insiste en merecerse una corona autoimpuesta. Esto forma parte del botín de guerra de dicha organización, pero nadie quiere verlo así salvo los expoliados. La CAN, la vieja caja de ahorros de todos los navarros, acabó en el mayor desfalco de la historia económica de Navarra llevada a la quiebra de la mano de matarifes a golpe de talón y dietas que esta semana pasarán por una comisión a fin de determinar su culpabilidad ya ampliamente reconocida. Barcina, la representación de una casta de mandarines del poder de UPN, ha manejado el poder a su imagen y semejanza. Y mientras su cuerpo, desgastado de tanta subida y bajada del tobogán de la prevaricación,  ha aguantado, ha ejercido el poder más cínico de la historia de Navarra desde los tiempos del Conde de Lerín. 
Como ven, pasa el tiempo, pero en esta tierra, imagino que como en otras, pero pareciera que se ha detenido en una línea infinita enamorada de los ladrones de tiempo. Y es que si ahora detuviéramos el mundo entraríamos en calma chicha. 


sábado, 17 de enero de 2015

El cura y los mandarines


Dijo Abraham Lincoln (1809-1865) que " medir las palabras no es necesariamente endulzar su expresión, sino haber previsto y aceptado las consecuencias de ellas". Pareciera que Gregorio Morán ha pasado de largo por encima de esta cita, la cual ignoro si la conoce. Lo digo porque este hombre, periodista para más señas,  y autor de textos imprescindibles para entender la evolución política social y cultural del Reino de España en su vertiente más contemporánea, ha publicado un libro que ha causado un gran  revuelo editorial minimizado por la  industrial libresca. 
El cura y los mandarines ha sido publicado por Akal ante la negativa a ser editado por el potente e influyente grupo Critica/Planeta. Negativa sellada de bastardía pues el grupo se había comprometido a la edición y estaba a un clik de poner en marcha las máquinas de imprenta.  La razón  de peso para el peso pesado de Planeta,  son catorce páginas del capítulo "Todos académicos" que la editorial Planeta exigía a su autor retirar del libro en un ejercicio de autocensura. Morán dijo no y el resultado es el silenciamiento de un texto que escuece, que remueve la memoria hasta la vomitona  de los mandarines de la cultura española entre 1962 y 1996.
Resulta curioso comprobar como los medios afines al grupo censor  no han dedicado ni una sola reseña del texto, relegando al más puro ostracismo a Morán en un ejercicio de intolerable fascismo cultural. No corren buenos tiempos ni para la lírica ni para nada, pero Morán debe pensar que el carácter no solo debe conservarse limpio, sino brillante.  

La risa mata





Quizás, para Rajoy no hay mayor peligro que la debilitación acelerada del recuerdo de ETA. Y es que para el PP,  ETA no ha muerto. Por eso le urge resucitarla de entre los peores fantasmas de la historia. Porque fue y es el pecado del que comen aún caliente muchos de sus políticos en nómina y plantilla. A Rajoy, ese gallego oportunista que no distingue el día de la noche,  ni tampoco la verdad de la mentira porque tras los cristales negros de su coche oficial no se ve la realidad;   le ha venido de perlas el atentado de París. Su doble fondo moral funciona así: que su mano derecha, la habitual, no sepa que hace la izquierda. Que nadie sepa  que cuando pide perdón por “esas cosas” en realidad se está riendo por dentro.

Rajoy todavía se acuerda de los atentados del 11M en Atocha.  Por aquel entonces era Secretario General del PP  y junto al ministro del Interior, Ángel Acebes, apostaron por la explotación sistemática de una mentira muy evidente pero de larga rentabilidad.  Dicen que eso se llama prevaricar,  decir   mentir a sabiendas, algo que él y otros de su gobierno usan y abusan  en beneficio propio y ajeno. Y así culparon a ETA del atentando terrorista cuando sabían que no lo fue. Y esa culpabilización fue gestionada como elemento crucial para la rentabilización del principal negocio teñido de sangre de toda la historia de España, el terrorismo de ETA. Aquella mentira la pagó muy cara el PP perdiendo las elecciones de 2004 tras los atentados. Pero aún así, ello no fue obstáculo para seguir explotando, desde la oposición,   un activo con garantías de alta rentabilidad electoral y política. A ello contribuyó la propia ETA y parte de la izquierda abertzale justificando un estado de cosas insostenible. Pero cuando ETA decidió dejar de tirar de gatillo, el negocio emocional y político  de la sangre y el dolor entraron en crisis. Por eso había que renovar el arsenal ideológico. Y donde antes decía ETA, ahora otras ideas fuerza y  elementos simbólicos la han sustituido: la inmigración, la seguridad, la deuda como elemento disciplinador, la subjetivización de las conductas, la escasez de bienestar, la culpabilización y la responsabilidad en la gestión de la propia vida  o  la lucha de clases horizontal,  son utilizados como mecanismos de control de la ciudadanía. Y por consiguiente se establecen dispositivos ideológicos de dominación  muy relacionados con la manipulación a través de grandes ideas fuerza y su gestión comunicacional. 

El atentado de París llegó  en un momento  en que  Europa necesitaba  una urgente revitalización ideológica, un revulsivo emocional en un contexto en que las emociones son arte y parte del control social. Más aún, una coartada  convincente que además funcionara como elemento  galvanizador de la ciudadanía frente a los devastadores efectos de la crisis y la progresiva degradación de la  política, la confianza social en el Estado y la caída en picado de los valores que un día sirvieron para levantar el rascacielos europeo. El atentado, más allá de su injustificable hecho, ha posibilitado a los principales gobiernos europeos, entre ellos el del  PP, reorientar sus discursos disciplinarios y articular nuevas exigencias legislativas de claro corte populista y fascismocrático. Amén de los elementos neocolonialistas que han emergido en la gestión de esa gran manifestación de reafirmación europea de Paris. A este festín de nuevas oportunidades estratégicas,  se ha apuntado de manera inmediata el gobierno de Mariano Rajoy que ha rentabilizado el atentado aunque éste  no haya ocurrido en España. Por un lado le ha permitido sumarse a escenarios europeos en un momento de clara degradación de la marca España. Por otro, Rajoy y el gobierno del PP necesitaban un desfibrilador político de urgencia para reanimarse frente a  un estado de excitación y de crispación social  que amenazaba y amenaza –según muestran  todas las encuestas de intención de votos recientes-  con romper el   bipartidismo hegemónico de los últimos años. Esa manifestación ha permitido a Rajoy presumir de gobierno fuerte  frente a un escenario de clara involución de su propia marca mientras  Podemos amenaza seriamente la hegemonía del PP, un movimiento que se tilda y al que se le acusa por la derecha y por la izquierda de  “estado de ánimo” pero que constituye un auténtico revulsivo del escenario político y social del reino de España. Y finalmente, quizás ese pacto de Estado en materia de terrorismo yihadista al que han llegado recientemente  el PP y PSOE sea el primer paso para  la creación de una UTE (Unión Temporal de Empresas) que permita optimizar su fusión ante la amenaza de Podemos.

Asimismo este atentado posibilita a Rajoy reorientar y justificar  –aunque sea de manera indirecta- su política disciplinaria y de control social y político de corte fascista. En  nombre de la libertad de expresión, Rajoy se ha manifestado en París pero no puede olvidar toda una larga serie de medidas jurídicas que su gobierno ha implementado y que dejan al descubierto un estado social  de excepción encubierto. Un ejemplo es la aprobación de la Ley de Seguridad Ciudadana en la que se incluyen medidas que afectarán seriamente a la libertad de expresión de de la ciudadanía y también a la población inmigrante. Uno no entiende cómo este hombre soportó el peso de la conciencia en esa manifestación sin que se le moviera el músculo de la vergüenza. Pero en París la limpió de la mano de no pocos tramposos. Y es que el cinismo de la soledad extrema es un calvario que la insolencia atenúa (Cioran)

Rajoy necesitaba una coartada para justificar esa vuelta de tuerca a la judicialización de la vida privada y pública. Ese proyecto en el que el PP ha invertido tanto tiempo y energías. Y esa coartada ha sido puesta en bandeja por el yihadismo terrorista, el mismo que en 2004 quiso utilizar a su favor para rentabilizar sus políticas y sus estrategias de poder. Por eso,  a falta de un terrorismo activo de corte yihadista en el reino de España, Rajoy ha desempolvado el misterio de ETA para volver a escenificar el acoso virtual de un terror también virtual, el de una  banda desaparecida, ETA. El pasado día 12 de enero se detuvieron a 16 ciudadanos, doce de ellos abogados, en varias ciudades del País Vasco acusados de colaborar con banda armada y delitos contra la Hacienda Publica. Y esto ocurría después de la manifestación a favor del “acercamiento de los presos vascos” en Bilbao el pasado 10 de enero. Ocurría  también  unas horas antes del “macrojuicio de 35 personas acusadas de formar parte de la izquierda abertzale en los años 2005-2007”. Esta operación, posiblemente en un claro arranque  de imitación al estilo francés, ocurría  en un escenario político en el que se están abordando estrategias proactivas  para  posibilitar a la ciudadanía del  País Vasco un camino de convivencia  en el que la esperanza sea algo más que un deseo virtual. “Si no fuera porque estamos ya en campaña, pues no recelaríamos, no nos olería a chamusquina”, subraya el veterano periodista Iñaki Gabilondo”

Quizá esto explica que Rajoy no quiera irse sin hacer una muesca en el universo. Su práctica política recuerda mucho a una frase del moralista francés Rochefoucauld: “Para llegar lejos en este mundo,  hay que hacer como si ya se hubiera llegado lejos”. No obstante también  hay quien dice que la ambición es el estiércol de la gloria.





jueves, 15 de enero de 2015

La verdad


La verdad, no la mía , ni la suya;  sino la certidumbre contrastada y evidente,  ha dejado de interesar. No tiene valor. Y es que hubo un tiempo en el que, más allá de su peso ético, la verdad pretendía ser el rasero por el que se medían las relaciones, los negocios, la justicia, la política  o los pactos entre iguales. Ahora cuesta decir la verdad, ir con la verdad por delante. O si no, que se lo pregunten a Aznar. Porque la verdad es el resultado de un trabajo duro, lento y costoso de definir. La verdad está instalada en un territorio de aristas y asperezas por el que resulta difícil caminar siempre erguido. La mentira en cambio, permite la posibilidad de fingir o de estafar. Deslizarse por un laberinto de múltiples dudas que nos encaraman sobre las certezas.   Porque en definitiva se trata de estar vivos y hacernos los muertos o estar muertos para  revivir en el cualquier momento. Mentir está en el guión vital de la existencia. Siempre lo ha estado. Pero ahora más. Porque permite desdoblarnos y disfrazarnos, simular otros deseos y poner en marcha las agendas ocultas que cada día rellenamos y nunca mostramos. Además, la mentira es una profanación de lo auténtico y ello genera una energía atronadora. Por eso la mentira se ha convertido en una forma de gobierno. La mentira y su revalorización  genera negocios, puestos de trabajo, poder, estrategias, dinámicas y  movimientos de energía en una dirección. La dirección fingida. Ahora se trata de convertir las mentiras en verdades incuestionables. Y eso es una prueba de máxima creación. Buscar la verdad nos convierte en sufridores permanentes, en arqueros tensados por el riesgo de un combate que conduce a la nada. Sin embargo, instalarse en la mentira garantiza el blindaje contra la adversidad,  ganarse la amistad del vecindario y el beneplácito del jefe. 
Me infiltraron la verdad con calzador, como prueba  de máximo valor, como ingrediente saludable para mi dieta personal e  intelectual. Pero miro a mi alrededor y observo que la mentira es la salvaguardia y el deleite de muchos personajes y, más aún, de no pocas instituciones y entidades. Dudo que Quevedo hoy se atreviera a recitar aquello de     “ Pues amarga la verdad quiero echarla por la boca” . Y es que relatar la verdad es exponerse al pasto del conocimiento y burla  general. Quizá por eso, muchos prefieran armarse con falsedades bien argumentadas y seguir siendo reconocidos que  no  señalados  como santos  bobalicones.


Este artículo se publicó en Diario de Noticias de Navarra en abril de 2004. Han pasado más de diez años, pero la mentira ha engordado hasta límites insospechados, inundando parlamentos, juzgados, sedes policiales, congresos y hasta las reuniones de vecinos. La mentira forma parte de esta sociedad española de ostentosa bastardía. Y es que pareciera que como el chacal, se orienta -algunos más que otros- solo oliendo el rastro de la carroña. 



martes, 13 de enero de 2015

Ficción



                                                         
Sólo el trato con la gente con la que trabajo a diario, me muestra de manera clara y nítida el perfil de la realidad. El núcleo duro de la existencia. Tal vez,  el único  contorno de la verdad. Tengo la  suerte - o quizás la desgracia- de saber de qué va la vida de la gente más desesperada, de los invisibles, de los apartados, de las instaladas en la periferia, de los que circunvalan la existencia por los polos. Solo ellos y ellas emiten señales de auténtica realidad. El resto el pura ficción.
El primer capitalismo nos robó el sudor y la sangre, el segundo inventó el consumo y nos arrebató los sueños de cambiar el mundo y  la utopía,  y el tercero, el capitalismo de ficción, como lo denomina Verdú, nos ha robado la realidad. El último y gran paso de una civilización cimentada sobre la apología del simulacro permanente. Porque en este nuevo capitalismo solo importa la producción de  sensaciones, la  fabricación de una realidad fingida, infantil y  expurgada del sentido y del destino, un lugar  donde no reine la tragedia  Una realidad reconvertida en parapeto y en una fábrica de  distracción. Algo sublime. Uno tiene la sensación de vivir en un país donde se ha fugado la verdad, donde reina la ocultación, la simulación y el enmascaramiento. Y es que la actualidad, la política, los discursos, la democracia, los mensajes, las ideas, las relaciones, el lenguaje, el arte,  la cultura; todo  se ha convertido en un campo yermo y vacío. Una prueba de ello es el control economicista de la política, que  ha dejado sin tajo a los políticos y ha convertido  los Parlamentos en  grandes teatros donde se desarrolla la dramaturgia de una democracia para profesionales de la ficción. Y es que la amenidad política está  más pendiente de la proliferación de mentiras y dudas que de la investigación de la verdad contrastada. 

 Por eso Matrix representa la nueva escenificación del mundo. El  capitalismo de ficción nos ha secuestrado las almas y  llega un momento en que ignoras  que existe otra realidad, pero vives y actúas como si ésta fuera la única. Entonces no  te queda más remedio que simular  porque las claves para sobrevivir están cifradas  en ese lenguaje de ficción. Y así, poco a poco, la gran derecha del mundo, que ya no quiere insinuarse, sino imponerse, acaba construyendo un sistema de coerción como si de un ambiente natural se tratara. Yo no se ustedes, pero yo, ante este panorama prefiero  morir de disgusto y lúcido que de gusto y demenciado.



Posdata: este artículo se publicó en Diario de Noticias de Navarra el 12 de diciembre de 2003. Salvo la película de Matrix, que quizá ha pasado al catálogo de clásicos del cine, el resto me parece vigente. La realidad no solo supera a la ficción, sino que se confunde en planos paralelos. La verdad es un asunto histórico y el capitalismo posfordista ha abandonado la explotación clásica por el ejercicio de la biopolítica, ese  instrumento de dominación en el que el cuerpo, la vida de cada uno, sus emociones, sus gustos, sus veleidades, sus pasiones están al servicio del capital. Estamos abonados y abandonados  al gobierno del  capitalismo emocional, ese estado de control que garantiza la absoluta y más perfecta dominación imaginada. Y todo sin darnos cuenta. Porque además actuamos motivados   por  nuestras propias necesidades y expectativas, algo que la moral postmoderna ha primado hasta el delirio.