domingo, 16 de noviembre de 2014

El gordo más melancólico



La lotería de Navidad juega fuerte en sus campañas publicitarias. Generalmente, sus diseñadores, van a la médula espinal de cualquier órgano que se ponga por delante. Dinero en abundancia rima bien con la descomposición neuronal del personal. Así que si el año pasado quisieron hacernos extranjeros vía Campofrío, este año toca movernos esa zona opaca cercana al hipotálamo, en ese territorio donde  la melancolía es la reina de la noche. 
Si esta sociedad, o quien sea, ha logrado que interioricemos la autogobernanza y  la autogestión ante la crisis, nada mejor que seguir apelando a la sensibilidad individual para que no se note el desgarro social que impregna la vida real de la gente.
Manu, el vecino que se olvidó de comprar el décimo en el bar de Antonio, se derrite ante el sobre que contiene el décimo premiado y guardado en señal de solidaridad de buen cliente y de vecino sensato. 
El cruce de miradas, del camarero y Manu, es un reventón de melancolía que nos hace olvidar de un plumazo cualquier responsabilidad, cualquier castigo, cualquier mal rollo. La lotería, el juego, tentar a la fortuna,  sigue siendo la vía más rápida para olvidarnos  que la vida se rige por algo más que golpes de suerte. Y este anuncio funciona en el imaginario social como una reproducción solidaria entre iguales ante la adversidad. 
Este año, la loteria echa mano del sadvertising, esas publicidad que trata de hundirte en la melancolía como forma de movilización y consumo. Nada mejor que sentimentalizar un mundo que se escapa por las alcantarillas de la falsedad. 

No tan incendiario


No tan incendiario (Periférica 2014) es incendiario. No sé por qué Marta Sanz, de quien pueden leerse también Lección de anatomía (RBA 2008), la cual no tiene nada que ver con la novela del mismo título de Danilo Kis y Susana y los viejos (Destino 2006), le quita fuego - al menos en su título- a su ensayo literario, a sus reflexiones en voz alta y a media voz, a su revolcón intelectual a tumba abierta. No tan incendiario quema en las manos. Pero más aún, quema las neuronas. Lo devoras desde la primera página. Porque MS hace crítica literaria sin concesiones. En la página 53 me quedé ahí,  quieto: "Los escritores, los pintores, los cineastas comunistas de la primera mitad de siglo eran la vanguardia de su tiempo. No habían necrosado su mirada." Reaccioné y me dije, claro, de eso se trata, no habían necrosado su mirada, de eso va  nuestro tiempo, de habernos muerto antes de vivir intensamente la lectura, la escritura y toda la gestión de relaciones entre ambas. De habernos abandonado a la perversidad inutilizante de la posmodernidad apática y sin fuego en las entrañas. Y sigue: "Simone de Beauvoir, Buñuel, Alberti, María Teresa León, Sartre, Juan Antonio Bardem...no buscaban "complacer" al público: ahora los artistas procuran complacer al público y, más perversamente todavía, los artistas de izquierda buscan complacer al público de izquierda. Son su grupo meta, su target". Pues eso, que Marta Sanz quiere y, creo que consigue poner una pica encima del discurso hegemónico. Y eso lo hace extensible más allá del análisis literario o de la crítica literaria. Por cierto, un escritor-crítico que no he encontrado en el texto, un texto imprescindible de la nueva crítica literaria o de cómo quiera llamarse al arte de poner contra las cuerdas al sistema literario de nuestros días,  es  la obra de Patricio Pron, El libro tachado, un verdadero complemento de este magnifico e incendiario texto: http://elblogdepacoroda.blogspot.com.es/2014/08/el-libro-tachado.html