viernes, 26 de septiembre de 2014

La visita del Dr. Alzheimer


Hace años que mi suegro padece una huelga general de la mente. Esa que no admite convenio alguno salvo para sentarse en la última mesa de negociación. Un día, un tal Dr. Alzheimer le visitó y desde entonces permanecen juntos. Pero ni uno ni otro se reconocen. Dicen que uno se acostumbra a todo. A la fatalidad, a las duras sacudidas de la vida y la muerte, a la adversidad más inclemente, a tantos dolores sin límite. Salvando ciertas distancias siderales, el Alzheimer es una de las más duras pruebas de resistencia y supervivencia. Porque estando vivo, ya no estás. Porque uno se va, pero sigue estando aquí. En medio de la ambigüedad más dolorosa. En un limbo sin fronteras. Ajeno a un mundo que te ha dado de baja. Y a esto te acostumbras, sí, pero en medio de un sufrimiento insoportable. Hace poco se celebró el día mundial del Alzheimer. En España hay casi  750.000 personas, con sus respectivas diez mil familias, -si las tienen- que sufren el azote inmisericorde de esta enfermedad demoledora. Una enfermedad que nos roba los recuerdos y que debería estar en la primera línea de combate del Sistema de Salud. Por el número de afectados y por las consecuencias sociales y familiares que genera. Porque es la familia quien asume esta enfermedad compartida. Quien, a falta de recursos públicos, cada vez más recortados, asume los costes de esta enfermedad personal, pero también social. Por eso es urgente una politica estatal para hacer frente a la enfermedad desde todos los ángulos. No basta con diagnosticar o intervenir durante la enfermedad. Hay que cuidar y cuidar a los cuidadores. Tengo un vecino con Alzheimer cuya pensión sostiene a toda una familia en paro y destrozada tras diez años de cuidados forzados. No se quien acompañará antes a Caronte en su barca, si él o su familia.

A la vejez, viruelas


Leonardo, Leonard Cohen para los amigos. De nuevo. Con 80 y celebrando la década con un excelente disco. Pareciera que la edad de este poeta de la desesperación, la tristeza y el amor como receta criminal contra la angustia vital, no fuera un límite para la creación. Si Cioran hubiera vivido para glosarlo se habría enamorado de este judío cazador de instantes. Popular problems es su disco más dulce, el de un hombre arrastrando las renuncias que ha ido asumiendo a lo largo de su vida. Y sin embargo,  nada de ello le acerca al patetismo de otros coetáneos. LC hace acrobacia, números de magia con cada disco. De este podría decirse que nunca el cielo amaneció tan hermoso como esa mañana posterior al diluvio.