viernes, 8 de agosto de 2014

¿Vivan los bares?


Recientemente,  una campaña mediática trata de recuperar los bares como espacio de socialización, amistad, fiesta, diversión jolgorio o despiporre.  Vaya usted a saber. Vivo en pleno casco viejo de una ciudad que supera con creces la media de bares por habitante. O sea, vivo en una ciudad barizada, que no es lo mismo que barbarizada, pero al tiempo. Una ciudad ocupada, en especial su casco viejo, por un sector económico pujante pese a la constante queja de sus promotores.
El casco viejo donde vivo se parece cada vez más a un parque alcohólico-temático al alza, pese a que los hosteleros siempre se quejen del mismo, de las leyes que los limitan y de reglamentaciones en su contra.  Pero al parecer no hay negocio tan rentable como los bares. Tal vez habría que preguntar a los camareros y camareras por la calidad de sus contratos y las condiciones laborales. Pero a lo que iba. Mi casco viejo está saturado de bares. Y me acuerdo de una  época, ya pasada , en la que las ordenanzas municipales limitaron esa pandemia asociada al ruido, el descoloque y la incomodidad de la vecindad. No por lo que son -los bares- en sí, sino por lo que generan, por lo que expulsan de puertas afuera. ¿Por qué no exigimos a los bares que paguen la limpieza municipal que cada mañana hay que realizar en las principales calles de "marcha"?
Mi casco viejo se vacía de gente y se llena de bares. Se vacía de comercios, de establecimientos castizos, de tiendas de toda la vida. No estoy apelando ni a la melancolía ni a la nostalgia, sino al sentido común. ¿Qué hacemos con un casco viejo lleno de bares y sin gente del barrio? ¿Qué hacemos con un casco viejo barizado incapaz de generar procesos de socialización y vecindad más allá del consumo de una cerveza tras otra? ¿Qué podemos esperar de un ayuntamiento rehén de una casta -la de los hosteleros- que han colonizado el territorio y lo han diseñado a medida de sus intereses sin tener en cuenta ni a los vecinos ni los perjuicios que ocasionan en el territorio?
Me pregunto si esto son cosas de la edad, de la comodidad, de la contaminación del silencio europeísta  o de qué. ¿A ustedes que les parece?