lunes, 29 de septiembre de 2014

Castigar a los pobres


En el documental de Raymond Depardon, Délits flagants, se muestra la confrontación de un juez parisino con un anciano magrebí, humilde y analfabeto, arrestado por el simple hecho de apostar a las cartas. Se lleva castigar a los pobres. Por ser lo que son, habitantes de los márgenes. Oigo a diario historias de vida reñidas con la vida, el gozo, el placer y el sosiego de una existencia digna. Oigo rugir las entrañas de no pocas personas. Los torbellinos de biografías que cabalgan sobre caballos desbocados por el miedo, la pobreza y la miseria. Escucho relatos que surgen del hielo, de desiertos insociables, donde avivan soledades, angustias y ásperas miserias. De gente corroída por la soledad extrema del calvario. Y de gente que ya no sabe dónde está, porque se perdieron en la última frontera. Con lo que oigo se podría componer una novela de caballerías cuyos héroes se inmolan a lo bonzo cada día. Actores de un thriller sin títulos de crédito, villanos de una existencia de aflicciones insondables. De tanto verlos deambular, su sombra lacónica les ha vuelto invisibles, extraños y, para muchos, peligrosos. Son el excedente social sobrante. Esos a quienes los políticos, hijos bastardos de la farsa y la ficción, tratan con desprecio, escupen sobre ellos, cautivos de un nuevo contrato social que los castiga a demostrar porqué son lo que son y pedir perdón por ello. En este festín de hienas, se lleva castigar a los pobres y premiar a los corruptos. Sin pudor. Exigir honestidad mientras se mete la mano en caja ajena. Y es que a ciertos generales de la cosa pública les pone criminalizar a los vencidos por la vida, chivos expiatorios de un nuevo orden policial y puritano.
http://www.noticiasdenavarra.com/2014/09/29/opinion/columnistas/a-pie-de-obra/castigar-a-los-pobres

Horas después de publicada esta columna, Cáritas denunciaba que la política del Gobierno está colapsando a las familias del reino de España
http://www.eldiario.es/sociedad/Caritas-pobreza-vez-intensa-cronica_0_308319389.html


viernes, 26 de septiembre de 2014

La visita del Dr. Alzheimer


Hace años que mi suegro padece una huelga general de la mente. Esa que no admite convenio alguno salvo para sentarse en la última mesa de negociación. Un día, un tal Dr. Alzheimer le visitó y desde entonces permanecen juntos. Pero ni uno ni otro se reconocen. Dicen que uno se acostumbra a todo. A la fatalidad, a las duras sacudidas de la vida y la muerte, a la adversidad más inclemente, a tantos dolores sin límite. Salvando ciertas distancias siderales, el Alzheimer es una de las más duras pruebas de resistencia y supervivencia. Porque estando vivo, ya no estás. Porque uno se va, pero sigue estando aquí. En medio de la ambigüedad más dolorosa. En un limbo sin fronteras. Ajeno a un mundo que te ha dado de baja. Y a esto te acostumbras, sí, pero en medio de un sufrimiento insoportable. Hace poco se celebró el día mundial del Alzheimer. En España hay casi  750.000 personas, con sus respectivas diez mil familias, -si las tienen- que sufren el azote inmisericorde de esta enfermedad demoledora. Una enfermedad que nos roba los recuerdos y que debería estar en la primera línea de combate del Sistema de Salud. Por el número de afectados y por las consecuencias sociales y familiares que genera. Porque es la familia quien asume esta enfermedad compartida. Quien, a falta de recursos públicos, cada vez más recortados, asume los costes de esta enfermedad personal, pero también social. Por eso es urgente una politica estatal para hacer frente a la enfermedad desde todos los ángulos. No basta con diagnosticar o intervenir durante la enfermedad. Hay que cuidar y cuidar a los cuidadores. Tengo un vecino con Alzheimer cuya pensión sostiene a toda una familia en paro y destrozada tras diez años de cuidados forzados. No se quien acompañará antes a Caronte en su barca, si él o su familia.

A la vejez, viruelas


Leonardo, Leonard Cohen para los amigos. De nuevo. Con 80 y celebrando la década con un excelente disco. Pareciera que la edad de este poeta de la desesperación, la tristeza y el amor como receta criminal contra la angustia vital, no fuera un límite para la creación. Si Cioran hubiera vivido para glosarlo se habría enamorado de este judío cazador de instantes. Popular problems es su disco más dulce, el de un hombre arrastrando las renuncias que ha ido asumiendo a lo largo de su vida. Y sin embargo,  nada de ello le acerca al patetismo de otros coetáneos. LC hace acrobacia, números de magia con cada disco. De este podría decirse que nunca el cielo amaneció tan hermoso como esa mañana posterior al diluvio.

lunes, 22 de septiembre de 2014

En barrena



El encuentro fue más o menos así: buenos días ministro; un seco y lacónico buenos días fue la respuesta de Montoro. La presidenta se intimidó. El ministro entró a saco: ustedes los navarros no pueden seguir tensando al Estado con sus privilegios. En estos tiempos de contrición, no podéis ir de aforados tributarios. Pero ministro, balbuceó la presidenta, los fueros nos amparan. Y también la Constitución. Los fueros son para eliminarlos, aseveró el ministro en un alarde enfurecido de centralidad. La presidenta quiso restar el golpe, pues iba con la intención de solicitar la retirada de los recursos interpuestos por el Estado contra leyes tributarias navarras, pero no pudo. O ya no supo. Pues se dio cuenta que su propio gobierno había permitido, en parte, ese rearme del ministro. El encuentro no fue más allá. Con Dios ministro. Lo peor del día fue la llegada a Pamplona. Había que explicar al partido ese golazo gubernamental de 1.500 millones de euros que suponía casi perder la Liga. Debía además, defender su foralismo de saldo ante una oposición muy encrespada. Y explicarse ante su partido, cuyo líder ideológico, Miguel Sanz, reclamaba firmeza navarra, ponerlos encima de la mesa y volver a las esencias que nos han hecho imprescindibles. Un Sanz que bramaba contra el PP, al que acusaba de jacobinos centralistas, estaba dispuesto a encarnar la Sanzada del siglo XXI.
Ese día la presidenta entró en barrena. El pánico, por una vez, pudo con ella. Y es que el hedor político ya desbordaba las alcantarillas de palacio. Además, una grave crisis en Osasunbidea evidenciaba un desacierto de gestión ya insoportable. La presidenta creyó que aquello era el principio del fin. Ya solo confiaba en Rajoy.
http://www.noticiasdenavarra.com/2014/09/22/opinion/columnistas/a-pie-de-obra/en-barrena

lunes, 15 de septiembre de 2014

Fascismocracia


El pasado año, tras una columna escrita en esta esquina del periódico, un alto cargo del gobierno foral me llamó enfadado. Quería contrastar mi opinión vertida, para él pervertida, sobre un hecho narrado por mí. Acudí a la cita y hablamos durante dos horas. Él me atribuyó ser un populista indocumentado y yo le acusé de ser un chantajista de la realidad. Me quedé mal. Fatal. Me vino a decir, más o menos, que la realidad, por mucho que yo la deshuesara y sacara las entrañas para su exposición pública, ésta se movía sola por los vertederos de la historia. De poco valía enfrentarla ante la inexorabilidad del presente. Quiso decirme con esto que lo mejor es aprender a callar mientras fingimos que hablamos. Tras la movilización de la Diada catalana, la prensa unionista, junto a los lobbies de comunicación ultraliberales liderados por El País, han vomitado antisoberanismo hasta anegar las alcantarillas del centralismo. Decía El País que el “éxito movilizador no validaba el proyecto” soberanista. Que ese éxito de participación era cuestión de logística, además de una perfecta manipulación gubernamental de las emociones. Vamos, que lo que cuenta es la legalidad y el mantra constitucional. Así que nada, ahí está el unionismo soberbio, el constitucionalismo usurero y la derecha rajoyana para imponer orden por encima de las voluntades. Para hacer callar la historia a la que han puesto en búsqueda y captura. Me acordé de mi recriminador foral que me dijo: puedes enfrentarte a los repliegues de la historia, pero que sepas que juegas en desventaja. Atente a las normas de juego. La gente necesita hartarse de confitura y nosotros llevamos las cuchillas de afeitar en los espolones. Pues eso.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Casco Viejo: no es lugar para vivir

 
Casco Viejo de Pamplona. Foto: Diario de Noticias
El casco viejo pamplonés ya no es un lugar para vivir. Pareciera que solo  es para beber. O eso se deduce tras el auge tabernario que padece. Y es que este barrio, antaño alma de la ciudad y centro socialización,   hoy es el monopolio de una  hostelería sin compasión. Y es que ese modelo d negocio que se impone sobre otros, responde a un modelo de ocio y consumo  de alto impacto –social,  vecinal y ecológico- que el ayuntamiento, o bien permite o bien ignora.
Hubo un tiempo en que el Consistorio tuvo conciencia de la gravedad y distorsión  de un casco viejo saturado de bares y limitó su aforo con una ordenanza ejemplar. Hoy, los lobbies hosteleros  tienen barra libre para montar el  mayor botellón legal de la ciudad. Las calles Navarrería, Mercaderes, san Nicolás, Estafeta y Comedias, se han convertido en la milla de oro del poteo vespertino y el ocio nocturno tuneado.  Este  es el barrio “moderno”, el que se quiere potenciar. Me pregunto por la viabilidad y la sostenibilidad del mismo y por el impacto humano de ese proyecto.
Este barrio pierde identidad, lleva tiempo perdiéndola. Pierde tiendas tradicionales, comercios con solera, pierde espacios públicos y pierde gente cansada de militar en una vecindad sin recompensas.  
Tal vez me dirán que ello mueve la economía. Lo dudo. Que le pregunten a los camareros por  sus sueldos y sus contratos basura. Y puestos a ello,  que me diga el ayuntamiento cuanto  nos cuesta  limpiar esas calles tras la berrea nocturna de cada fin de semana.
Al igual que la Barceloneta  -y  otros cascos viejos-  este barrio pamplonés  lleva camino de convertirse en un parque temático ajeno a la ciudadanía que lo habita. No estaría de más que la vecindad  y el ayuntamiento se sentaran para poner un poco de orden antes que otros impongan el suyo.