sábado, 30 de agosto de 2014

El libro tachado


Lean este libro. Sobre todo, aquellos que amen la literatura. Quienes a diario se vean obligados a sobrevivir y respirar  el oxígeno incandescente  que expiran  las páginas por donde circulan pasiones, traiciones, visiones o mundos construidos para evitar la rutina. No es un libro fácil. No. Está escrito para espíritus fuertes. Para aquellos  sonámbulos que  contienen el peso negro de la noche gracias a frases, escenas y  fogonazos de lucidez que destrozan de un plumazo la tediosa realidad. Para aquellos que han leído lo suficiente como para encontrar aquí pasadizos  interpretativos de sus obras y autores de referencia. Para aquellos  lectores que aspiran a ser mejores lectores. Porque todo lector  y lectora que se precie debe leerlo.
Patricio Pron asusta con este trabajo. Uno llega a preguntarse de dónde ha sacado tiempo para tanta erudición. Si ya la tenía acumulada o la ha buscado en los océanos de la desesperación. me pregunto cómo se procesa todo ello para ofrecernos una obra tan monumental. Una obra en la que las citas, por cierto, son tan valiosas o más que el propio texto. 
El libro tachado es un atrevimiento. Otros lo han intentado y creo que con peor fortuna. Abordar las aristas más cortantes de la literatura, es decir, su función y la autoría, son palabras mayores. Hacerlo en estos tiempos bastardos - y pretender hacerlo bien- es más que arriesgado. Por que Patricio Pron comienza su texto entrando en un análisis riguroso de la literatura, de su función, la autoría, el nombre y los procedimientos. Y lo hace desde una perspectiva, a mi parecer, que nunca lo había hecho nadie. O yo no lo había leído, lo que demuestra una vez más la inagotable tarea del lector. O, para finalizar,  no me había afectado como este autor lo ha hecho.  Analiza el tiempo presente. Y como no podía ser menos, agita literatura, su intencionalidad, el producto, el autor y sus procedimientos. Y viene a decirnos que la literatura no juega al margen de los acontecimientos de la vida, de la política, de la realidad social, de las estrategias de consumo, de la producción o de la  gestión de la vida y sus derivados. Ni ella ni los autores, ni los productos ni los procedimientos. Pron hace de sociólogo de la literatura. Y también de psicólogo social de los procesos narrativos y metanarrativos. Por eso llega a decir  que  si la verdad en este mundo bastardo cotiza a la baja y la mentira se vende bien en el mercado, -tanto como la falsedad y el plagio- la literatura también es presa de esta traición.
El libro tachado aborda las principales claves de la literatura, los procesos de construcción y su intrahistoria pasada, presente y futura. Y en ese sentido es un texto novedoso y refrescante. 
Pareciera que el autor se situara en un escenario interpretativo desde el cual manejara varias disciplinas y eso le sirve para ofrecernos un trabajo que deja abiertas muchas puertas por las que circular.
Los capítulos dedicados a libros censurados, perdidos, destruidos mutilados, así como los dedicados a los suicidas y colaboradores,  a los escritores falsificadores, a los anónimos, desaparecidos o silenciados son, todos ellos de una gran profusión argumental que raya el diccionario.
Su arriesgada analítica de los males de la literatura del momento los expone con la dignidad de un militante avezado por múltiples lecturas. Porque Pron diagnostica la literatura y sus estrategias como pudiéramos hacer con las dinámicas sociales, culturales, políticas y económicas. Y precisamente relaciona economía y literatura para definir las claves por las que toda literatura del presente debe ser analizada. No se si Pron es marxista, pero su libro me ha parecido la manera más marxista de analizar la literatura. Al menos los capítulos a ello destinados. Un libro muy recomendable.
http://patriciopron.com/portfolio/el-libro-tachado/

miércoles, 27 de agosto de 2014

Fundación fascista

Blas Piñar con Franco

En algún lugar escribí que hoy nos gobiernan fascistas envalentonados: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=177413 No me arrepentí nunca. Pese a las críticas que recibí. El pasado 28 de julio en el BOE se aprobaba una Orden ECD/1520/2014 por la que se inscribía en el Registro de Fundaciones, la Fundación Blas Piñar. Cierto. No es broma. Entre los fines de la misma se citan "el estudio y la investigación del pensamiento y la obra religiosa, política y jurídica de Blas Piñar López y su contexto socio político, inspirada en los ideales de Dios, Patria y Justicia, para la memoria colectiva del pueblo español”. La Orden la firmó el Ministro de Educación y Cultura José Ignacio Wert. 
Al tiempo veremos subvenciones a tal fundación como a la Fundación Francisco Franco. Blas Piñar fue un fascista, un exaltado, un personaje antidemocrático que además hizo gala de ello. Un apologeta de la violencia fascista. Sus bastardos ideológicos ahora han propulsado esta Fundación para tener barra libre, para ensalzar su ideario, para airear su clasismo. Que se haya aprobado esta válvula de financiación encubierta demuestra el degradado estado de corrupción política e ideológica que impera en La Moncloa. Lo peor de todo es que se justificará en el  necesario espacio ideológico democrático, ese que nunca respetó BP ni el propio ministro firmante.

miércoles, 20 de agosto de 2014

Arte ético y estético

Avilés, Centro Niemeyer, agosto 2014

Dice Vila-Matas en su El viajero más lento "que esta ciudad -se refiere a Barcelona-  en la que ver algo intacto es un acontecimiento: ciudad demasiado propensa a los cambios, ciudad eternamente insatisfecha y tan distinta de Lisboa, que permanece intacta - antigua y señorial-, quieta, melancólica, casi triste" .
Me acordé de este pasaje cuando llegué a Avilés. Y es que uno llega a Avilés creyendo que la ciudad sigue siendo una de las más contaminadas de este reino de España en bancarrota. Y no. Se encuentra con un skyline de nivel. Y no precisamente del mar, que también. Avilés mantiene la línea de contaminación ambiental a raya. Siguen estando presentes los restos de la antigua Ensidesa, pero ahora lo más visible, mires desde donde mires es el centro Niemeyer. Yo, que soy de una ciudad de provincias que se ha creído la reina del nabo y muchos de sus arquitectos también, especialmente uno, el que diseñó y construyó nuestro Baluarte o Palacio de Congresos de Pamplona, veo este centro y forzosamente me sale comparar. Comparar el arte, la estética y sobre todo la ética de un edificio diseñado por  ese arquitecto de provincias que ideó uno de los ataúdes más negros de la historia de la arquitectura navarra, con este Centro lleno de luz y abierto a la ciudadanía que es el centro Niemeyer. El Baluarte de Pamplona se me antoja negro, gris ramplona, poco práctico, elitista y sobre todo endogámico. Un centro sin alma, sin pasión. Solo hay que caminar por esa plaza incómoda  llamada del Baluarte  para echar en falta un suelo plano y liso como el de la Plaza del Centro Niemeyer, abierta a la ciudad, a la gente; abierta a la luz.
Niemayer no tenía nada que ver con este arquitecto de provincias. Ni él ni su arte negro se pueden comparar con este destello de luz, claridad, utilidad y sobre todo igualdad que irradia la obra de Niemeyer en Avilés. Una ultima cosa.  Las butacas del escenario de la principal sala de teatro y conciertos de este Centro están al mismo nivel. Y todas las entradas , para cualquier espectáculo, cuestan lo mismo. Una prueba del pensamiento socialista y comunista de Niemeyer, el brasileño que murió pasados los 100 años.
A mi ciudad de provincias le pasa como a Barcelona. Y buena culpa la tiene la desmesurada intención   de cambiar y de cambiarse hasta no ser reconocida. Y es que  para ello ha tenido que ignorar y no querer saber nada de su historia.



viernes, 8 de agosto de 2014

¿Vivan los bares?


Recientemente,  una campaña mediática trata de recuperar los bares como espacio de socialización, amistad, fiesta, diversión jolgorio o despiporre.  Vaya usted a saber. Vivo en pleno casco viejo de una ciudad que supera con creces la media de bares por habitante. O sea, vivo en una ciudad barizada, que no es lo mismo que barbarizada, pero al tiempo. Una ciudad ocupada, en especial su casco viejo, por un sector económico pujante pese a la constante queja de sus promotores.
El casco viejo donde vivo se parece cada vez más a un parque alcohólico-temático al alza, pese a que los hosteleros siempre se quejen del mismo, de las leyes que los limitan y de reglamentaciones en su contra.  Pero al parecer no hay negocio tan rentable como los bares. Tal vez habría que preguntar a los camareros y camareras por la calidad de sus contratos y las condiciones laborales. Pero a lo que iba. Mi casco viejo está saturado de bares. Y me acuerdo de una  época, ya pasada , en la que las ordenanzas municipales limitaron esa pandemia asociada al ruido, el descoloque y la incomodidad de la vecindad. No por lo que son -los bares- en sí, sino por lo que generan, por lo que expulsan de puertas afuera. ¿Por qué no exigimos a los bares que paguen la limpieza municipal que cada mañana hay que realizar en las principales calles de "marcha"?
Mi casco viejo se vacía de gente y se llena de bares. Se vacía de comercios, de establecimientos castizos, de tiendas de toda la vida. No estoy apelando ni a la melancolía ni a la nostalgia, sino al sentido común. ¿Qué hacemos con un casco viejo lleno de bares y sin gente del barrio? ¿Qué hacemos con un casco viejo barizado incapaz de generar procesos de socialización y vecindad más allá del consumo de una cerveza tras otra? ¿Qué podemos esperar de un ayuntamiento rehén de una casta -la de los hosteleros- que han colonizado el territorio y lo han diseñado a medida de sus intereses sin tener en cuenta ni a los vecinos ni los perjuicios que ocasionan en el territorio?
Me pregunto si esto son cosas de la edad, de la comodidad, de la contaminación del silencio europeísta  o de qué. ¿A ustedes que les parece?

jueves, 7 de agosto de 2014

Vila-Matas no invita a la lógica



Vila-Matas es un tipo desconcertante. Pretende desaparecer, hacerse invisible, pero no lo consigue. y mira que ha insistido en ello. Pero lejos de ello, se hace más presente. Y  es que  esa desaparición pasa por la propia transformación de su mundo literario. Por el vaciado de su propia materia prima textual. VM ha iniciado, creo,   la última parte de su carrera de fondo  literaria con su ultima aportación. Y espero que tenga su recompensa.
Para algunos críticos, VM es un escritor escorado a ninguna parte, excepto hacia su propio mundo interior, eso sí,  sin llegar a ser un pedante del lirismo estético individualista. Otros, alguno de mi provinciana ciudad sanferminera, le achacan de postmoderno colaboracionista de la fatuidad de la literatura sin compromiso. Nada más lejos después de leer su última novela. Si es que es novela.
Tras la lectura de esta obra, me siento más vilamatiano que nunca. Por una razón muy simple. Este tipo me habla al oído, susurra cosas desde este lado del tiempo. Se adelanta a mis sensaciones, me recuerda cosas pasadas y me evoca tiempos sin escenarios. Pero que  están ahí, anclados en la memoria traicionera que él trata de volver a poner en el estado que se merece.  Hace de la experiencia, de cualquiera, por nimia que sea,  un relato intenso y lleno de variedades cromáticas muy alejadas de sus obras juveniles.
He devorado Kassel no invita a la lógica,  la última novela del barcelonés errante con el deleite de quien se zampa un entrecot tras dos días a pan y agua. Con ansiedad. Creo que este es un libro de altura, equipado con    unas cargas de profundidad como nunca había puesto VM en sus textos: " Una vez más, volví a decirme que la escritura nacía de ese espíritu de la escalera y era en el fondo la historia d runa larga venganza, el dilatado relato de cómo poner por escrito lo que en ese momento deberíamos haber puesto en la vida" .
Vila Matas bucea en su propia cotidianidad a la luz de un destello prodigioso de sinceridad. Y lo hace rememorando su paso por Documenta 13, el espacio artístico que la ciudad alemana de Kassel acoge cada cierto tiempo. Lo hace como pocas veces lo había hecho, aunque lo hubiera intentado otras  desde que la vida, o la mala vida,  le hubiera puesto contra las cuerdas de la muerte. O de la buena muerte,no se sabe si literaria o real. Pero poco importa.
VM se vuelve un tipo normal , pero muy vanguardista, aunque para ello tenga que desdoblarse en dos más, en Autre  y Poniowsky. Un tipo al que le ocurren cosas normales en una realidad que no tiene ninguna lógica. Que no está sujeta a la razón en tiempos de cólera. Pero quizás eso sea el arte y tal vez el tono revolucionario de los tiempos venideros no asidos a ninguna lógica medianamente razonable. VM ha trascendido a su propia obra con este viaje a Kassel. Y lo ha hecho para descubrirnos que la literatura puede y debe existir  más allá de su clásica formulación ontológica.

http://www.enriquevilamatas.com/obra/l_kasselnoinvita.html