martes, 24 de junio de 2014

Lerín, aguas revueltas

Regadío de Lerín. Foto: Yorkart-Fotos

Andan revueltas las aguas por Lerín. Les cuento. Imaginen que viven en un inmueble de treinta vecinos. Con sus manías y sus cosas. Pero se llevan más o menos bien. Un día, el presidente de la comunidad recibe una oferta de una empresa de fontanería y les propone cambiar las tuberías del agua de sus viviendas. Aunque no haga falta. Eso supone hacer obras, cambiar bajantes y donde antes estaba el baño, ahora va la cocina. Y todo a su costa. El presidente, como es partidario de la obra, toma sus decisiones. Pero olvida convocarle a usted y a la comunidad de propietarios para que decida sí o no. Porque aunque sea presidente, esa decisión excede a su representación. Vale, pues una cosa parecida ocurre en Lerín con el dichoso Canal de Navarra y su ampliación. Y es que estos días, los de Lerín viven en un sinvivir. La alcaldía está a favor de la ampliación de Canal pero olvida que son los propietarios de las tierras afectadas quienes deben decidir. Para eso, la Plataforma en Defensa del Regadío Tradicional de Lerín, con 812 firmas de apoyo, dice que antes habrá que hacer un censo de propietarios y que la Junta de Regantes, máximo órgano de representación, vote. O sí o no al Canal. Y lo que salga va a misa. Dicen. Si yo fuera alcalde tendría en cuenta esto. Sé que gobernar con esa tensión no es fácil. Porque aquí se mezclan intereses, ideas y emociones. Y están las tierras de por medio. Pero gobernar exige medir al máximo la representatividad y el interés colectivo. Sé que si esta obra se lleva a cabo, el clarete Sardasol, santo y seña de Lerín, ya no sabrá a tierra de antaño. Dicen que agua de Itoiz no es como la del Ega. Y Lerín perderá un rosado de lágrima que alegra la vida.

viernes, 20 de junio de 2014

-face+book

Una librería de Pamplona, a punto de entrar en el verano de 2014

Pues eso, menos face y más book. Por ejemplo, La mujer loca, de un tal Millas, Juanjo, para más señas, uno de los articulistas más parecidos a Buster Keaton. Un tipo con el que te ríes, no porque el positivismo absurdo de la nueva psicología de la felicidad por decreto te invite a sonreír a la vida pese a ganar 11 euros diarios, no; porque hace de la realidad una ficción compulsiva con fines literarios.

lunes, 16 de junio de 2014

Ceguera


La presidenta siempre creyó habitar en el cielo de los indiscutibles. Pero ahora estaba cansada. Como si tuviera un descosido en su personalidad. Se le notaba desde hacía tiempo. En su sonrisa y en su rostro, demacrado por el constante escorzo en busca del consenso consigo misma. La presidenta llevaba tiempo negando lo evidente: su descrédito político y personal. Alguien le dijo una vez que no existe mayor obstáculo para lograr la liberación que la necesidad del fracaso. Quizás lo buscaba ignorando que prepararse para la concordia es aceptar el propio destino. Sabía que tenía los días contados. Que gobernar en minoría era un suicidio. Hasta el mismísimo Sanz se lo reprochó recomendándole sensatez y autocrítica. Pero esos sustantivos no cabían en su diccionario. Porque lejos de reconocer errores, los transfería a los demás. Se le notaba cansada, sí, pero ella se creía inmortal, algo que consideraba la mejor droga contra el cansancio. Desde su divorcio con el socialismo complaciente, la realidad se convirtió para ella en un escenario ignoto. Dormía mal y hacía tiempo que los ataques de soberbia le impedían rendirse a la evidencia. Por eso utilizaba la sonrisa como la única redención ante la angustia de sus días. Nada parecía importarle y la opinión de sus opositores la convertía en una comedia del escepticismo y el sarcasmo. Sus reflexiones se parecían a un baile de disfraces. Pareciera que solo hablara para ella, como quien se escribe a sí mismo cartas de consuelo. Las gentes de su partido, salvo los fulleros reaccionarios, le recomendaban en voz baja un cambio de mirada, un guiño a la cordura. Entonces comprendió la recomendación de su ego desinflado: los años no pesan, ciegan.

domingo, 15 de junio de 2014

Coro Nación


El todavía Príncipe, llamó a los republicanos e independentistas del Congreso: Uxue Barcos, Sabino Cuadra, Tarda y Bosch, y les invitó a cenar en una tasca de mala muerte del Madrid de los Austrias. Él se lo tomó como una despedida de soltero. Ellos como una confesión de urgencia. Entre callos, calamares y vino peleón, la cosa se fue animando hasta que los independentistas se soltaron la sinhueso. El Príncipe se mostró cauto y receptivo. Días atrás, el Congreso cosechó intervenciones de largo recorrido a cargo de secesionistas y  antimonárquicos. Ahora estaban frente al poder real. Mano a mano. Y se cruzaron palabras mayores que el Príncipe ya había oído a escondidas. A los postres, el Príncipe les dijo: hay tiempo para todo en este reino de España que quiero inaugurar el jueves. Eso si La Roja, no se destiñe antes. 

Llegó el jueves 19 de junio, el sol ardiente había convertido los leones del Congreso en corderos al chilindrón. Sus señorías con las mejores galas se precipitaban en busca de sus escaños. La solemnidad era absoluta. La pompa y el boato que pedía la ultraderecha para la ocasión encajaban  a la perfección en aquel escenario de fantasía retrógrada. El presidente del Congreso dio paso a la ceremonia de la Coronación y Felipe, todavía afectado por la noche anterior dijo: Señorías: es para mi un honor renunciar a esta Corona en nombre de un pueblo plural al que no quiero traicionar ni usurpar su derecho a decidir. Señorías, ruego solemnemente que se articule un procedimiento para la celebración de un referéndum sobre la forma de gobierno de este todavía reino de España. Felipe bajó del estrado entre los aplausos unánimes de sus cuatro compañeros de cena mientras el resto de parlamentarios preparados al efecto para la escenificación de la Coro Nación,  enmudecían. La princesa Leticia guiñó el ojo a Felipe y ambos salieron por la puerta trasera del Congreso camino de Estoril, en la costa portuguesa.   

Verano



Ya las chicharras anunciaban un sopor vespertino que sólo se soportaba al lado de un daiquiri. Por las noches algunas calles no cerraban, ocupadas por cientos de púberes encabritados en busca de su primera iniciación sexo-alcohólica.  Tras los balcones, abiertos de par en par,  se oía el fulgor de algunas  pasiones que el invierno había adormecido. La tierra olía a hierbabuena y el sol de las mañanas maceraba los cuerpos de los pocos obreros  en camiseta que aún se veían. Por las tardes ya venteaba  a fiesta y  sangre y  el sol recalentaba la sesera de los exploradores en busca de las primeras rebajas  de aquel gran almacén donde siempre era primavera. Cuando declinaban los rayos, las terrazas se vestían con las sedas de la modernidad y desde allí, con la mesa repleta de cervezas frías y algunas raciones de calamares fritos, uno podía contemplar el mejor  zoológico de la ciudad varada en su propia indolencia. Algunos ancianos de cuerpo mortificado y  mirada invertebrada dormitaban a la sombra de los tilos en busca de la última redención, esa que te convierte en inmortal porque sólo tú eres la posteridad de ti mismo. Las huertas que sobrevivían en aquella capital de provincia sometida al inmovilismo de una jauría de raperos de derechas,  ya exportaban berenjenas de un púrpura  intenso, lechugas radiantes como la dentadura  de los jóvenes escualos de algunos bancos, tomates de un rojo intensísimo como el corazón de algunos asesinos y calabacines con una piel tersa y suave como el cutis de las quinceañeras en celo. Con todo aquello  se podía hacer un gazpacho cuyo sabor estallaba formando  miles de cuerpos celestes en la bóveda  del paladar. Es en este tiempo laxo y suspendido en la inmensidad de la nada por hacer, cuando  puedes leer cualquier poema de Brines mientras preparas unos pimientos asados. Si así lo decides vierte sobre ellos, entre verso y verso, un chorro de aceite de oliva  de primera prensada de Lerín y deja que todo ello te  llegue al alma. Solo así te podrás sentir un gran poeta, pasión que nunca compartirán contigo   algunos asesinos, aunque muchas veces su macabra faena sea una obra de arte. En este tiempo, algunas reinas de Saba pasean desafiantes por las calles  su belleza de ébano mostrando sin piedad  un cuerpo inabordable. De su  mano cuelga embobado algún banquero condenado por corrupción  que  ha depositado entre sus senos su inmensa fortuna para gastársela lentamente. También se dejan ver con más intensidad algunos políticos descorbatados que confunden la gastroenteritis con los problemas de la patria. Es tiempo ya de fiestas de santos y patronas. Y una multitud amparada en la tradición goza de barra libre para descuartizar toros, gansos y cabras blindados por el valor  de la costumbre.  Pero una cosa es cierta, el ambiente encabronado y la intriga que impera en la ciudad durante el invierno, esa que hace que todos nos sintamos culpables de algo; llegadas estas fechas se serena, como  el monje que se nutre solo de renuncias.  No así la edad. Y es que ahora, a la luz de un sol cegador, algunos nos sentimos invisibles. No es que no puedan percibirte. Lo grave es que ya nadie quiere mirarte, pese a que tu piel dorada trate de ocultar los estragos de un tiempo inmisericorde.  También  por estas fechas mi amigo prepara su viaje anual. Cada año huye de si mismo en busca de un lugar inexplorado, tal vez hacia la profundidad de un mar generoso que aún ofrece atunes cuya carne  podrás preparar con un simple refrito de  cebolla salteada y ofrecerlo a tus amigos. ¡Ah, la amistad ¡ Deja toda tu fuerza para ese día de julio que, transportado por un carro de fuego, divisarás un horizonte enrojecido como el corazón de una sandia. Al abrirla estallará en tus manos la exaltación de una amistad jubilosa que durante el año, el orgullo y la pereza han decapitado. Mientras esto ocurra, podrás soportar que tu alma, serena y limpia como las sábanas blancas que se airean en las balconadas abiertas al mar, se restituya tras una siesta infinita. Y desde la profundidad de ese sueño renovarás el compromiso con tu vida. Para que nadie llore por los días perdidos, ni para arrepentirnos por los goces sacrificados, ni siquiera  por la implacable huida de los  amores sufridos.  Porque la madurez consiste en secarnos con la dignidad de un patanegra. No olvides tampoco en este tiempo flojo y relajado algunas lecturas: una de Juan José Millas, dos de Danilo Kis   y tres de James Salter. Y cuando al final viajes, aventúrate a pasear por  esos parajes en que se han celebrado las más brutales batallas. Los héroes están enterrados allí después de haber soportado una gran tormenta. Allí están para excavar  con sus uñas el fondo de futuro. Es verano. Entre baño y baño el salitre marcará en tu cuerpo la resaca de la eternidad y la señal inquebrantable de una quietud fulgurante. Es verano y cada día de esta estación es una descarga de inmortalidad.




miércoles, 11 de junio de 2014

¿Qué es un Rey para ti?



Abrí el correo justo en el momento en que el Borbón pedía la baja voluntaria de la empresa en la que un día, un golpista con millones de muertos en nómina, le había nombrado director gerente por obra y gracia de su bastarda voluntad. El remitente, la Fundación Institucional Española, me pedía que participase en el concurso infantil que lleva por título: ¿Qué es un Rey para ti?. Pensé que sería una broma pues yo había dejado años atrás la Primaria, esa edad en la que la inocencia te impide distinguir un rey de un lacayo. Pero como insistieran y viera que el Borbón se despedía sin gracia alguna y sin sonrojarse por haber ocupado un cargo que nadie había refrendado, me atreví a mandarle el siguiente mensaje. Un rey para mi es alguien que lejos de inaugurar democracias, sancionó transiciones incompletas tras deslegitimar un autogolpe militar. Alguien que, creyéndose inviolable, vive de las rentas de sus súbditos a los cuales desconoce como ciudadanos. Alguien que cree que su ADN tiene más peso específico que el cristal de las urnas. Que apela a la historia, pero ignora el presente. Que vive de prestado y en estado aforado de gracia mientras otros padecen la desgracia de un tiempo bastardo ajeno a su agenda. Alguien que proclama que su Corona está por encima de mi carnet de ciudadano. Que se aferra al viejo amuleto familiar para no hablar de cosas tristes, como cuando Margaret Sullivan le dice a Robert Taylor en Tres Camaradas “Esto es el filo de la eternidad. Quedémonos aquí para siempre”. En ese momento, el Rey me llamó: solo espero, dijo, que de esta carnicería, la Corona, no solo salga indemne, sino fortalecida. Tercera República contestó el contestador.
http://www.noticiasdenavarra.com/2014/06/09/opinion/columnistas/a-pie-de-obra/que-es-un-rey-para-ti

lunes, 9 de junio de 2014

Con la emoción no basta


En "cadáver a la intemperie" de Pedro García Olivo, editado por Logofobia, se puede encontrar una respuesta, mejor dicho, múltiples respuestas a las dudas que, a diario nos sacude la contemplación de la realidad. Estos días siento, posiblemente usted, lector o lectora, también lo presienta, un eco que anuncia cambios a medio y largo plazo. Entre abdicaciones, demandas de consultas varias, deseos de independencia, avances por la izquierda posible y retrocesos por la derecha inclemente y bastarda;  la gente a pie de obra ha salido a la calle en busca, no solo del verano que ya calienta las seseras, sino de una vía de escape hacia las autonomías sociales y personales que se anuncian, que se presienten. Hacia los cambios de escenarios, de caras, de gentes, tal vez de maneras. Siento que en ello  juegan fuerte las emociones, capaces de movilizar cadenas que se multiplican como resortes imposibles de secuestrar. Y siento que es preciso teorizar, sistematizar, racionalizar las múltiples respuestas, escenarios y posibilidades que a diario se presentan y lo que esas emociones  significan y el peso que tienen en los procesos sociales.  Si todo ello queda en la mera expresión simbólica de las presencias, en la toma de la calle, en la expresión emocionada del encuentro con los iguales que se descubren,  o en la reconquista de espacios vetados; no habremos avanzado en la conquista de la posible democracia hoy secuestrada. 

El capote


De repente sintió el olor. Era un olor fuerte, agrio y caliente. Después vió el asta de aquel miura de 650 kilos que cortaba el aire por delante de sus ojos llenos de  pánico. Y finalmente la sintió. Entrando lentamente en su muslo izquierdo, afilada, cortante, caliente. Creía que estaba soñando. Pero no. Sin embargo, tras un segundo de luz fugaz, vió una figura invisible que se posaba sobre él. Como un ángel ralentizado que se interpusiera entre aquel astado y su endeble cascarón. Vestía una capa bordada en oro y rojo, portaba un báculo dorado y cubría su cabeza con una mitra. Entre el pánico y la visión fugaz se dejó caer preso de espanto. Oía gritos y miles de ojos trataban de tirar de su desgarrado pantalón. Tras unos segundos, donde la luz se hizo más intensa y brillante, se levantó. De repente, el silencio se había apoderado de la calle. En aquel recorrido del miedo, no había nadie. Estaba solo. Miró hacia la entrada del callejón de aquella plaza de toros y volvío a ver aquella figura. El santo le hizo una señal. Entonces comprendió el mito del santo y el capote.



Nota al margen

 Este es mi relato sanferminero de cada año. Suelo presentarlo al concurso de relatos en el blog de los sanfermines  www.blogsanfermin.com/. Este año me he negado a hacerlo por las inclemencias que creo, soporta un jurado,  a mi parecer, escandalosamente condicionado.


sábado, 7 de junio de 2014

Pampliruña

Pamplona, Plaza del Castillo, 7 junio 2014

Pamplona, dos de la tarde de un sábado de junio que pareciera de gloria. Pamplona, primera del Camino, dicen los santiagueros, primera también en participar del golpe de estado de 1936, primera ciudad insumisa, primera en muchas cosas, primera en solicitar como ciudad, con el apoyo de la mayoría de la corporación municipal, un referéndum para decidir entre monarquía y república, primera en litros de alcohol veraniego, por aquello de los sanfermines como fiestas sin igual. Pamplona, ciudad esquizofrénica, con trastorno de personalidad, bipolar, donde confluyen la derecha más exquisita y bastarda con la izquierda más posible, poliédrica, avanzada, abertzale  o republicana.   Hoy sábado cultural, miles de gentes inundan una ciudad sobre la que cae el sol a plomo abrasando  el cráneo incendiado de sus habitantes deseosos de fiesta y cultura. Toda la ciudad es una fiesta: actos culturales, escenarios, espacios de música y conciertos, comidas populares, bares y terrazas a desbordar, y para más inri, hoy sábado una manifestación unitaria, como pocas, en contra de la una monarquía impuesta a golpe de herencia sin refrendo. Y mañana, más de 100.000 personas, desde Durango hasta esta vieja Iruña, unirán sus manos por el derecho a decidir. Pareciera que lejos de sucumbir ante la despiadada presión del desolladero social al que quieren someternos, Pampliruña, despertara de un largo invierno devastador. Y es que hay veces en que la ficción se encara con la realidad y viceversa.    

jueves, 5 de junio de 2014

Olfato

El Roto

La derecha mediatica, el lúmpen económico, los palanganeros del poder real, la casta política descastada de sus orígenes democráticos, el abrevadero mediático de múltiples profesionales de la comunicación falseada, ensayan estos días cómo edulcorar un proceso político de una segunda transición falseada sin que se note el apestoso estado de excepción encubierto a que están sometiendo a la ciudadanía. Los tiburones de la comunicación, al servicio de una corona corrompida por el uso indebido de la historia, tratan de hacernos creer que hay una opinión pública favorable a la coronación de Felipe VI. Olvidan que el público no tiene opinión, solo olfato y, a semejanza del chacal, se orienta oliendo el rastro de la carroña, como diría Rafael Argullol


miércoles, 4 de junio de 2014

Borbón y cuenta nueva


Ha tenido que bramar el poder de la izquierda posible para que el poder real  se pusiera en posición de prevengan armas. Y es que pareciera a lo largo de esta travesía de la resignación,   el tiempo real de la política se hubiera encasquillado en las alcantarillas del conformismo por decreto. Pareciera que, pese a la sofocante presión sobre las vidas reales de la gente, sobre sus sueldos, sus pensiones, sus servicios públicos presurizados, sus paros y desempleos usurpados, sus conquistas sociales y personales, sus empleos precarizados, sus presentes y su siempre cuestionable felicidad, la población hubiera dado por bueno su degüello social de la mano de la imposibilidad de hacer girar el eje de la tierra. Se impone la Troika bastarda, la deuda falsamente creada y la entrada al matadero de la desesperación a cambio de haber vivido por encima de las posibilidades, nos dicen. Pero siempre hay una chispa incontrolada que incendia las conciencias estafadas  y cansadas que las somete a una desmedida tensión que ya emite señales de movilización. 
 La abdicación del Borbón, calculada y diseñada  previamente, pero acelerada tras las elecciones europeas, ha generado, lejos de una euforia popular,  un sentimiento de oportunidad de cambio social y de revancha sobre un   tiempo político devastador. De repente, ha sido el propio poder, el oligopolio ideológico y político,  quien ha dado muestras de un miedo ancestral a perder el dominio y el control sobre el cuerpo político y social del reino de España. Las elecciones europeas han demostrado que el pueblo, en su sentido más robespierano, puede ganarle la partida a los partidos de la casta, según anuncia Podemos. La abdicación del borbón estaba en la agenda oculta dispuesta a emerger en el momento adecuado. Ese momento se ha adelantado apresuradamente debido a la necesidad de controlar el escenario inmovilizador de posibles sorpassos políticos. 
Todo parece indicar que Rubalcaba, Rajoy y la armada invencible de la Casa Real, se han puesto de acuerdo para blindar un tiempo ya  en peligro. El tiempo de la vergüenza, el de la liquidación de los derechos políticos, la corrupción sostenida por la barra libre, la desolación social, la traición a un estado de derecho y protector de la ciudadanía, la matanza de una clase obrera y media mediante la liquidación de sus privilegios sociales y laborales; ha puesto un país a los pies de los caballos. La necesidad de perpetuar ese tiempo podrido precisaba un cambio de dirección en su más altas instancias. Al verse en peligro el aparato de control político, se ha girado hacia  la reafirmación y recambio de la monarquía imposicionista de larga traición histórica. Se quiere asegurar la imposición blanda de la Segunda Transición  y el bautismo de la Tercera Restauración Borbónica. Dos conceptos unidos que se están cocinando en la sala de máquinas del PP y del PSOE con la inestimable colaboración de los fontaneros de la Zarzuela.
La monarquía más corrupta de Europa,  con más de un miembro de la misma acechado por una posible  condena jurídica y un rey devastado por la enfermedad y la falta de credibilidad popular tras múltiples episodios que han demostrado su falta de honorabilidad, necesitaba un cambio de imagen. Por otro lado, el PSOE, en medio de un huracán interno, precisaba un renacimiento ideológico. Su apoyo a la investidura no le va a proporcionar seguridad interna, más bien lo contrario,  además de evidenciar una desintegración ideológica  ante sus votantes mayoritariamente republicanos. El PP, en caída libre,  precisaba un escenario que le alejara de la intensidad mediática de  los casos de corrupción. Además necesitaba oxígeno reparador y un nuevo marco referencial de exaltación nacional ante la emergente potencia del escenario rupturista catalán al que le puede seguir la estela el nacionalismo vasco si éste es capaz de superar el miedismo del PNV. 

En estas circunstancias, la abdicación no se produce en el mejor momento porque pone contra las cuerdas a todos los agentes que  han tomado parte en la operación desalojo. Porque evidencia las contradicciones internas de cada actor respecto a sus intereses. 
Felipe VI deberá enfrentase al reto catalanista cuando más fuerza tiene éste y menos la institución que representa en un escenario impositivo. El PP, en horas bajas, deberá contar necesariamente con la colaboración forzada de un socialismo en bancarrota y desarmado ideológicamente que huirá hacia adelante a costa de perder el rastro de propia historia. Por otro lado, la abdicación, se produce en un momento en que las condiciones económicas y sociales son tan determinantes, tan extremadamente exultantes, que la ciudadanía ha encontrado un canal de respuesta, una vía de reencuentro con la oportunidad de decir ¡basta!. Porque no se puede soportar un estado depredador que además impone sin consenso un forma de gobierno atemporal y sin refrendo garantista y democrático. Por eso, quien ha diseñado la operación, olvida el poder real de la gente, la posibilidad de encender la chispa que haga estallar la mecha que nos lleve al encuentro de  un nuevo tiempo.  

martes, 3 de junio de 2014

Dormir para contarla

Calle Estafeta, foto: Leo Ferrer


Teodora vive en la calle san Nicolás de Pamplona, donde nació hace 75 años. Me cuenta que desde hace  años no duerme bien. Y no  porque tenga insomnio, habitual a esa edad, no. En su calle de toda la vida, en tiempos de txikiteo popular y hoy convertida en la milla de oro del pintxo-pote global, funcionan diez bares nocturnos que operan de jueves a domingo. Bares castas, pamplonautas y ejemplares de día,  pero  discotecas tuneadas de noche que escupen decibelios contaminados de ruido. Esos días, a partir de las doce de la noche, Teodora y sus vecinos ya no duermen. Soportan una calle atestada de gente que disfruta a muerte de un ocio nocturno sin compasión por la vecindad. Pero a Teodora,  esa alegría  desmedida no le redime  su angustia.
Y es que el casco viejo pamplonés padece una sangría comercial sin precedentes pero una euforia hostelera sin confines Nadie sabe a qué responde esta política de colonización bar-tabernaria y deslocalización comercial. Teodora y los vecinos de otras calles, aguantan una saturación acústica nocturna que destroza sus vidas y sus noches. Esta vecindad militante, que apuesta por vivir aquí, siente que este ya no es  lugar para vivir. No al precio de perder los nervios y la salud. Dice esa vecindad que le cuesta hacer oposición ante ese ruido invasor. Y lo padecen en silencio sin transformarlo en  la fundada protesta que se merece. Sienten que nombrar este problema –el suyo- les convierte en vecinos incómodos e insensibles  al  buenrollismo, al ambientismo de barrio y su necesaria revitalización. Dicen que esta es la hipoteca vitalicia que impone un modelo de barrio escupidera de la ciudad que ya no se reconoce en el  espejo brillante de su historia. 

Nota al margen:

Cuesta identificar lo que una gran parte de la vecindad de  los cascos antiguos padece. Nombrar ciertas cuestiones afecta al sistema inmonológico social. El ruido pareciera ser una condena a perpetuidad ambiental para ciertas vecindades o cosa de países aburridos del norte. Sin embargo es causa de no pocas histerias, personales y colectivas. Solo en el casco viejo pamplonés, en las principales calles de "ambiente nocturno", viven 890 personas de más de 70 años que lo padecen sin compasión, en silencio, es gente sin capacidad de repulsa. Otros han optado por irse. Me pregunto por los usos de este casco viejo viejo, en tiempos de lucha, ocio y resistencia y hoy, creo, vendido a un sector, el de la hostelería,  que campa por sus fueros, sin piedad por una vecindad que soporta las inclemencias del  barrio escupidera de la ciudad 


http://www.noticiasdenavarra.com/2014/06/02/opinion/columnistas/a-pie-de-obra/dormir-para-contarla


.