miércoles, 31 de diciembre de 2014

Farsas


Aznar se ha columpiado en la mentira constante sabiendo que mentir es una forma de estar en forma. Aznar, y otros también, saben que el rédito de credibilidad de un gran embuste es infinitamente mayor que la explicación de una verdad humilde y sincera. Este sistema global necesita de tipos como él. Aznar y sus maceros, léase empresarios, periodistas, acróbatas de la intelectualidad, tecnócratas y otros, han ninguneado muchas verdades. Desde el Prestige y la guerra de Irak hasta la terrible manipulación de la matanza del 11- M. Aznar necesitaba mentir para seguir vivo. Y es que cuando la verdad le apretaba el cogote, él miraba para otro lado. Eso mismo le ha pasado a Calisto Tanzi, el baranda de la multinacional láctea italiana Parmalat. No se ha cortado un pelo y ha puesto encima de la mesa de dirección 15.000 despidos para salvar su pellejo y el de la sociedad que representa. El caso de esta empresa es el típico de una sociedad hecha unos zorros, injusta, global, insolidaria y estructurada para que un malencarado con la verdad y la honestidad se lleve por delante los ahorros de 115.000 inversores y la vida de 15.000 currelas. Y no pasa nada. Este coloso empresarial empleaba a 37.000 personas en más de 30 países y su cifra de negocios era, en 2.002, de 7.600 millones de euros, un pico bastante más grande que el PIB de Bolivia; por ejemplo. Pues bien, Parmalat era mentira. Era una empresa simulada, no existía, solo constaba en los ordenadores y en las cuentas virtuales de los bancos que la sostenían. No tenía fondos, solo los aparentaba. La Comisión de Valores de la Bolsa italiana exigió en 2003 a la multinacional que probara documentalmente la disposición de dinero real. Parmalat presentó una reserva de fondos de 3.950 millones de euros. Pero era mentira, el documento presentado estaba falseado. Una vulgar operación de falsificación del tres al cuarto pretendía recomponer un coloso inexistente. Nunca como hoy, la mentira, la ocultación y la depreciación de la realidad ha caído tan bajo. Y si no, que se lo pregunten a Trillo, al que se le mueren 62 militares y para ocultar la verdad solo se le ocurre comprar el silencio de la prensa por un euro. 


 Posdata: este artículo se publicó en Diario de Noticas de Navarra, en octubre de 2004. Hoy Aznar sigue farseando la vida a costa ajena, algunos de sus maceros siguen en el gobierno sostenidos por otro farsante de la historia y  muchas empresas han caido por los precipios de la desesperación en nombre de una recesión impuesta por decreto. Trillo goza de un excelente puesto como embajador de España en el Reino Unido. El caso del avión accidentado y sus ocupantes, sigue sin resolver y clamando al cielo del que un día cayeron. Como ven,  parece que fue ayer. 

martes, 30 de diciembre de 2014

Dakar 2015


Veo a esos aventureros de rebajas, arrasando las tierras del África más jodida,  subidos en una moto que brama en el desierto, y se me mueven las vísceras. No se a qué están esperando algunas organizaciones para meterle mano a  ese impresentable rally que lleva   años escupiendo arena ardiente sobre la memoria ultrajada de un continente. Cada vez  que las televisiones  de ciento sesenta y cinco países muestran esas imágenes de coches llenando de polvo las aldeas empobrecidas por las que atraviesa el París-Dakar, siento un escalofrío de indignación.
Esa carrera de pijos  insensibles  recorre ocho mil kilómetros por tierras de miseria y  hambruna, tantos como   los que tenía la travesía forzada que un día emprendieron  los esclavos que partían de Dakar rumbo a América para ser explotados y aniquilados por la colonización blanca. Hoy, Europa se blinda ante la inmigración de los “sinpapeles” y  “muertosdehambre” africanos pero se permite el lujo de organizar un rally que mueve veinte mil  millones de pesetas de las antes sin pedir permiso para ocupar la belleza de sus tierras. No me digan que no hay nadie que sea capaz de poner límite a tanto cinismo. ¿ O es que  la burla hacia ese continente lo ha rebajado todo al rango de pretexto?

Al margen de la infamia del asunto, ¿Saben ustedes que se puede hacer con esos millones en África?.  Pues nada más y nada menos que: abastecer de agua potable a tres millones de personas, construir treinta y cinco hospitales para eliminar el cólera, la malaria, la paratifoidea, las disenterías y  amortiguar los terribles efectos del sida, dar de comer diariamente a ciento cincuenta mil  personas durante un año, vacunar a cincuenta mil niños y niñas contra la polio y construir cinco escuelas infantiles. Así de claro. Pero esto es pura utopía, añoranza paleomarxista y ganas de joder la manta a los amantes de ese arriesgado deporte. Pues bien, así es; pero me acuerdo de los doscientos millones de esclavos negros que murieron a lo largo de la travesía comercial humana más sangrante de la historia y creo que el Dakar sigue formando parte de la ceremonia de  ese exterminio.




Posdata: Columna escrita en diciembre de 2003 y publicada en Diario de Noticias de Navarra. Dentro de cinco días, el 4 de enero de 2015,  comenzará una nueva edición de este rally que en 2008, debido a las amenazas terroristas, cambió las sabanas africanas por las estepas de la Sudamérica mestiza y pobre. Volvería a escribir la misma columna y donde puse Africa pondría la América deprimida y exprimida por las multinacionales que patrocinan este evento que solo satisface los instintos más voraces y menos solidarios del planeta.


lunes, 29 de diciembre de 2014

Pateras


Al otro lado del estrecho ya olía a primavera. En Tarifa, en algunas terrazas del Paseo Marítimo, se servían boquerones fritos y el viento de Levante llevaba hasta las costas de Africa un olor a fritanga que excitaba a los descendientes de los primeros esclavos  que atravesaron el Atlántico. Koutiala Bani había nacido en Freetown, capital de Sierra Leona, en un suburbio infectado de traficantes de marfil y prostitutas con Sida. Era el mayor de cinco hermanos que habían visto decapitar a su padre por un mocoso de trece años que vomitaba heroína adulterada sobre los cadáveres que coleccionaba, como muestra de hombría, durante la guerra civil que asoló al país durante 1991. 
 Bani lloró amargamente durante un mes hasta que se despidió de su madre. Sobre la tumba de su padre prometió vengar su muerte y volver con el dinero suficiente para liberar de la miseria a su familia. Pero para eso había que cruzar un mar que, para entonces, ya estaba infectado de cadáveres que naufragaron soñando con una Tierra Prometida. Bani era analfabeto, como el 65%   de la población de su país. No sabía situarse más allá del barrio donde siempre malvivió pero embarcó su pena en una barca de nueve metros de eslora con la intención de reconquistar su orgullo  de guerrero Mende.
Bani nunca llegó. Murió antes de llegar a la playa de Los Lances, en Tarifa, junto a otros 18 africanos que buscaban el paraíso terrenal que Ngewo, el creador del universo Mende, prometía a sus creyentes. Su madre no sabe nada, pero Bani no volverá nunca para vengar la memoria de su padre. Mientras, en Tarifa las terrazas se llenan de surferos bronceados que saborean daiquiris y tapas de jamón de pata negra. Y Aznar se prepara para embarcarse en un nuevo velero vacacional. Pero antes ha encargado un plan para blindar a Europa contra la inmigración ilegal. Desde 1991, más de 20.000 civiles han muerto en Sierra Leona torturados por bandas rivales con intereses en Europa y América. Bani nació en un país vendido a la guerra y a la crueldad. Era un sinpapeles, un infeliz que sólo quería volver a ver a su madre. Y la infelicidad no tiene sitio en el universo de las leyes.




Posdata: este artículo se publicó en marzo de 2003, en Diario de Noticias de Navarra. Salvo Aznar, todos los personajes y acontecimientos son recientes. Parece que fue ayer. La Tierra Prometida sigue siendo eso, una promesa envenenada para miles de inmigrantes en busca de un futuro cerrado a cal y canto. La semana pasada murieron en las aguas de ese mar azul, de luz y de muerte,  no menos de 60 personas. Muchas no aparecen en la prensa. Ni aparecerán. Es lo que pasa cuando la noche engulle cuerpos desconocidos.

Sangre de parado


Fui a la oficina del paro para comprobar que efectivamente era del paro y no del empleo. Y así era. Todo el mundo estaba solidificado, como suspendido en el aire intentando dar un paso al frente. Aunque solo tenían delante una funcionaria educada que preguntaba cosas extrañas en un lenguaje ininteligible. Había oído que la multinacional farmacéutica Grifols, productora de hemoderivados, había hecho una propuesta a los parados de larga duración. Pregunté si era verdad que allí pagaban setenta euros semanales por encima del subsidio si donabas sangre. Me dijeron que sí con matices. Verás, me dijeron; Víctor Grifols, presidente de la farmacéutica, ha dicho que su empresa pagaría por las donaciones unos setenta euros semanales. Y eso sumado al paro sería una forma de vivir. Entendí entonces porqué la mayoría de los parados estaban en mangas de camisa dispuestos a la extracción de su sangre. Y comprendí también la razón del discurso penal que se está construyendo contra ellos. En aquella oficina ya no se hablaba de derechos laborales. Aquello se había convertido en un ejército de arrepentidos dada su incapacidad para el empleo. Y estaban dispuestos a redimir su culpa dejándose extraer trescientos mililitros de sangre a buen precio para compensar un subsidio de mierda. Y comprendí a Grifols; si no se pueden pagar las donaciones de sangre y necesitamos importarla, al menos incentivemos a quien la dona. Todo un ejercicio envenenado de altruismo capitalista. Eso liberaba al Estado Social y a Rajoy de sostener con dignidad un sistema de desempleo en bancarrota. Finalmente comprendí también que nuestra sangre ya no palpitaba, que ese mar interior solo era un yacimiento colmatado de dosis de desesperación. Pero muy rentable. Le dije a la funcionaria que anotara mi nombre.



miércoles, 24 de diciembre de 2014

El discurso del rey


Españoles, españolas, siguiendo la tradición borbónica, me dispongo a desearos unas felices fiestas. He de deciros que no me resulta fácil, ni mucho menos cómodo hacerlo. Sí, no os extrañéis de estas palabras que quieren ser sinceras pese a reconocer mi poca credibilidad. Decía que me cuesta felicitaros las pascuas navideñas y me siento un apóstata del lenguaje. Porque, pese a lo que diga el presidente, sé que el horno no está para bollos, porque  quizás  no hay horno y me temo que tampoco bollos. Pero lo que más me incomoda es hablaros de cerca. Nunca lo he hecho. Mis padres me protegieron de la plebe y de las miradas a ras de tierra. Como a esos que miran por encima del hombro de sus semejantes.  Así que esto me supone un esfuerzo, incluso verbal. Me cuesta por tanto hablar en nombre de esta familia sin sentir vergüenza ajena y propia. Porque desde que mi padre la  mancilló -a esta familia e institución que dicen represento-  en  nombre de no se sabe bien qué,  entiendo que nada podrá compensar tanta usurpación de poderes  largamente solicitados por vosotros y vosotras.
He oído a mi padre muchas veces por estas fiestas hablar de justicia, de valores, de sentimientos, de derechos y de España, España y más España. Sinceramente, he de deciros que no creo en nada de ello. Me suena  hueco, como un eco sin fondo, como un mantra sin ritmo. Por eso creo  que mi padre hablaba en vano. O no hablaba, ni en serio ni en broma. Simplemente mentía sin rubor a sabiendas de ello. Ahora, que he llegado al centro simbólico del poder,  lo veo. Qué deciros cuando mi propio cuñado, un deportista venido a menos y  un gángster llegado a más, ha infectado hasta la corrosión a esta institución que por cuenta propia se ha encargado de perpetuarse sin control. A esta institución que ha posibilitado el enriquecimiento indebido de muchos de sus miembros por el mero hecho de ser quienes eran en nombre de ciertos privilegios insultantes.
Qué deciros también de mi hermana, la infanta, arrastrada por su esposo y por su, porqué no decirlo, deseo expeculativo no exento de graves dosis de acumulación insatisfecha;  envuelta actualmente en una seria acusación. Soy su hermano y no voy a mentiros, trataré de protegerla. Pero mucho me temo que no será posible. Porque intuyo,  y hasta casi afirmo,   que detrás de mi se mueven poderes incluso más pesados que el mío, fuerzas  que tratarán de librarla de peso de la ley. Si ello ocurriera, os garantizo pese a mis profundas contradicciones humanas y familiares,  que procederé contra ello. Eso, si alguien no me lo impide. 

Sinceramente, solo encuentro un motivo para desearos felices fiestas. Y sé que me lo vais a agradecer no sin cierto desconcierto. Tengo muy meditada mi decisión. En este mismo instante, en presencia de todos y todas vosotras,  presento mi abdicación y renuncia al trono. No me preguntéis qué trámite, que artículo  de una Constitución caduca deberé tocar o retocar. No me corresponde. Solo sé que he  procedido a arbitrar los cauces necesarios para que la monarquía española deje de estar presente en la lista de dinastías europeas. A partir de este momento se abre un proceso constituyente cuyo objetivo es generar un sumario que permita al conjunto de los pueblos de España decidir su futuro político. Nada más. Vuestro impuesto rey se despide sin otro ánimo que el de ver cumplido un sueño. Yo no quería serlo. Y a rey puesto, rey depuesto.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Casco Viejo (Pamplona), la resaca perpetua


Aquel barrio se había convertido, por obra y gracia del fino olfato de algunos hosteleros y una reglamentación muy flácida, en el abrevadero nocturno de la ciudad. De eso algunos estaban contentos y hasta presumían de ello. Incluso pensaban que contribuía a revitalizar un barrio cuyo índice de sociabilidad era directamente proporcional a la tasa de alcoholemia. Sin embargo, la vecindad estaba harta de vomitonas, escraches etílicos y una berrea nocturna que secuestraba sus sueños de jueves al domingo. Todo en nombre de un ocio y un negocio a proteger, el del beborcio, que primaba sobre derechos ciudadanos que a muchos se la traían al pairo. Y es que aquel barrio, donde día sí día también cerraba una tienda de toda la vida, se había convertido en un parque temático abonado al juevintxo y al cubata. Aquí reinaba la intocable libertad posmoderna que permitía a uno pasarse cuarenta pueblos sin más pena que la batida de palmas colectiva. Aquel barrio estaba abonado a la resaca perpetua. Nadie ponía en duda los usos y abusos de aquel ocio nocturno de alta graduación y menos aquel negocio hostelero llamado a colonizar la esquina más rentable.
Pero de un tiempo a esta parte, algunos vecinos alzaron la voz. Y llamaron la atención de un ayuntamiento habituado a mirar para otro lado. Pero lejos de lanzar una OPA contra la hostelería más agresiva -que había reducido el casco viejo a una ruta bachata muy cutre- ideó una campaña de concienciación ciudadana. Y se gastó 50.000 euros para cambiar las actitudes nocturnas del personal cuando va pasado de raya. Uno duda de la eficacia de esto. Porque el mismo día que se inauguró la campaña, se abrió la mano para que los bares cerrarán mucho más tarde. Es Navidad, pero para los vecinos son sanfermines perpetuos.
http://www.noticiasdenavarra.com/2014/12/22/opinion/columnistas/a-pie-de-obra/casco-viejo-la-resaca-perpetua#disqus_thread 

lunes, 15 de diciembre de 2014

Llévatelos a tu casa


En el fondo, lo que el ministro quiso decir fue: si tan enrollaos son ustedes con los inmigrantes, por 
qué no se los llevan a su casa. Y es que jueves pasado, en un encuentro con varias ONG, el ministro del Interior Jorge Fernández se lució con esta perla, más propia de un fascista de raza, que de un creyente de misa diaria: “Si me dan la dirección donde a esa pobre gente los podemos trasladar y garantizar manutención y que le den trabajo les aseguro que les enviamos. Pero hay mucha hipocresía”. No sé si don Jorge habría comulgado antes de escupir este versículo envenenado. Dicen que este hombre reza a diario. Y que sobre el versículo de Mateo 22, 34-40, “amarás a tu prójimo como a ti mismo”, derrama lágrimas cargadas de indulgencia para liberarse del rigor de su cinismo. Quizás, como buen populista, confunde la opinión pública con la opinión publicada. Aunque, mirándolo bien, esa frase está a la altura de muchas barras de bar, se escucha en muchas reuniones de vecinos y hasta en la cola del paro. Forma parte de esa democracia de opinión que exalta las emociones del personal reduciéndolas a dos cosas: el miedo y el rencor. Así que solo faltaba la voz tabernaria del ministro para calentar al personal. Para sentenciar que sobran moros, negros y rumanos en un país empobrecido y desigual. A gentes como él, que se orientan en la vida como el chacal, oliendo el rastro de la carroña, les escuece el prójimo que no sea de su calaña, que viva más allá de su portal o quien huela diferente. Lo que me preocupa es que su discurso segregacionista se está construyendo sobre los beneficios que proporciona el racismo políticamente correcto. El que se justifica en nombre del no hay para todos.

Vaya banda


Un blog incendiario, una banda de librepensadores, una gente que juega a la contra y contraataca sin piedad. Un blog de color naranja y alma roja, un sitio para encontrar lo que no buscas y buscar lo que no encuentras. Un espacio para la reflexión más allá de los títulos de crédito, un espacio en blanco para la prosa más incendiaria. Un lugar donde quedarte una tarde de invierno, al calor del butano. 



lunes, 8 de diciembre de 2014

Dudas



En cierta ocasión le pregunté a la presidenta por el oráculo al que se encomendaban en UPN en épocas de tempestad. Aparte de Sta María la Real y San Francisco Javier, no tenemos un Arriola que nos ilumine. Vamos a puro huevo, me dijo. No le creí. Porque la revuelta palaciega en UPN se ha saldado con dos víctimas de postín, un candidato de pega y la propia reencarnación de la presidenta. Ni diseñao por Laspalas. Así que me entran dudas. Como las que servidor tiene respecto al nuevo socialismo chivitista refundado. Dudo de su renovada independencia siempre secuestrada. Quién me asegura, que en nombre de la salvación foral frente a los nuevos asaltacielos que se anuncian, el socialismo no se avenga a nuevas lealtades con UPN en nombre de la cansina gobernabilidad. Dudo también de la izquierda. No por insolencia o vehemencia. Sino porque a veces creo que su lucha y estrategia es a fondo perdido. Dudo de Podemos. Si su plantilla electoral tendrá solidez, reconocimiento y empaque para liderar las expectativas depositadas en ellos. Y dudo de la gestión racional de un posible triunfo de la izquierda tras veintitrés años de gobiernos de derecha. Dudo de las habilidades y responsabilidades de Bildu, I-E, Geroa Bai y Podemos incluido, para elegir un líder de consenso en el caso de conseguir una mayoría de gobierno. No se si primarán sus egos, sus pasados o sus hipotecas por encima de la realidad. Ya ven que dudo de todo. Pero no me negarán que esta tierra es especial. Ya lo dijo Sanz en el Instituto Cervantes de Londres en 2004 citando a Shakespeare en Trabajos de Amor Perdidos: “Navarre shall be the wonder of the world” (Navarra será el asombro del mundo). Espero que no.




jueves, 4 de diciembre de 2014

Solidaridad sí, pero no así


El pasado sábado 29 de noviembre tuvo lugar en toda España una gran recogida de alimentos. Miles de voluntarios, sin duda de muy buena fe,  participaron en una gincana de solidaridad sin precedentes. Algo a lo que estamos ya acostumbrados desde que la pobreza amenaza  a casi doce millones de personas al borde de la pobreza en el reino de España.  
Resulta bochornoso que hayamos llegado a esto mientras las estructuras del Estado del Bienestar miran para otro lado. Peor aún. No miran porque hace tiempo confiaron la salvación de la gente a la voluntariedad, la autogestión y la autogobernanza de uno mismo o de los demás. Y más: no miran porque el contrato social se ha roto, los derechos de ciudadanía se han cancelado y los derechos sociales van camino de una defunción asegurada. 
La solidaridad está muy bien, es un valor a proteger, pero la solidaridad desplegada en esa jornada, siendo loable, no es la mejor ni la más adecuada  Porque esa solidaridad es entre iguales, es horizontal. La autentica solidaridad es la vertical, la que viene dada por la redistribución de la riqueza de quienes más tienen hacia lo que menos tienen. La que viene de arriba y llega hasta abajo. Y eso es lo que corresponde a los estados sociales con fuerte componente igualitario. 
Ser solidarios está bien. Hacer el papel que le corresponde al Estado Social es asumir una responsabilidad que no toca. Hacerlo así envuelve la solidaridad horizontal en un bucle peligroso que paraliza las políticas sociales que corresponden a un Estado al que se le supone un mínimo de responsabilidad con  su ciudadanía más necesitada. Ser solidarios, sí, pero  nunca para sustituir  funciones sociales. Y menos aún asumirlas como componente fundamental de responsabilidad personal. Porque la caridad social está sustituyendo al Estado Social en bancarrota.  

El anuncio


Comienza la cuenta atrás de un mes que impone la felicidad por decreto; aunque cuarto y mitad del país se hunda en ciénaga de la adversidad. Así que, a falta de un plan de rescate de casi once millones de pobres, nada mejor que seguir creyendo en la lotería como vía de escape ante esta bancarrota suicida. Este año, el anuncio oficial de la lotería tira del sadvertising, esa publicidad que trata de hundirte en la melancolía como forma de liberación y consumo. Es el gobierno de las emociones. Porque no hay nada mejor que sentimentalizar un mundo que se escapa por las alcantarillas de la falsedad. Antonio, un camarero de aspecto bonachón escarba en esa zona opaca cercana al hipotálamo, el territorio donde la melancolía es la reina de la noche. Al son del lacrimógeno Glacier, de James Vincent McMorrow, Ma . nu, el vecino del barrio que olvidó comprar el décimo en el bar de Antonio, se derrite ante el sobre que contiene el décimo premiado y guardado en señal de solidaridad de fiel cliente. El cruce de miradas vidriosas entre Antonio y Manu es un reventón de melancolía que nos hace olvidar de un plumazo cualquier responsabilidad política ante la adversidad. En esa mirada explota un mundo de emociones que sentencia que la vida es eso, solo un golpe de suerte. El anuncio funciona en el imaginario social como la mejor reproducción solidaria entre iguales ante el infortunio. Si quienes rigen nuestros destinos han logrado que interioricemos la autogobernanza frente la crisis, nada mejor que seguir apelando a la sensibilidad individual frente al desgarro social y político que padecemos. Porque quizás la soledad es lo único que queda por perder



martes, 25 de noviembre de 2014

Acoso y derribo de Podemos

Fotografía: David Oliete

Parece que Podemos, ese  movimiento político que amenaza con dinamitar las estructuras del Antiguo Régimen “democrático”, está siendo muy cuestionado. Por la derecha y por la izquierda. Entiendo a la derecha. Vamos, que a ella se le supone el contraataque. Y que un movimiento como Podemos le ponga los pelos como escarpias, que le inquieten sus ideas y que, incluso las ridiculice en un intento de desprestigiar la utopía. Es lo que corresponde a una buena derecha como dios manda. Pero no entiendo tanto la crítica de la izquierda. Al menos algunas de sus críticas a Podemos. Otras sí. Me explico. Podemos ha generado ilusión entre la ciudadanía más a pie de obra. Aquella que sufre y padece sin que muchos políticos, incluso de la izquierda menos complaciente y amable,  hayan sabido interpretar ese sufrimiento más allá de la pura retórica discursiva. Podemos ha conectado con esa amplia capa social de más de diez millones de  personas desempleadas, precarias, excluidas  y periféricas que sobreviven sobre la inmensa ciénaga que ha generado la marca España. Además de haber puesto la pica en el Flandes ocupado por una clase media aborrecida con el actual sistema de distribución de la riqueza y la gestión meritocrática de las oportunidades. Y esa conexión conecta con los sentimientos y con las emociones, con la capacidad de generar utopías, algo que la izquierda clásica ha olvidado, de palabra, obra u omisión. Algo que la izquierda política no ha sido capaz de reconstruir sobre el imaginario social de la ciudadanía saqueada. Por mucho que se haya empleado. Algo ha fallado. 
Podemos, con su discurso, inconcreto, indeterminado, radical, asaltacielos, sobredimensionado o como queramos definirlo, lo ha logrado. Y si lo ha logrado es que ese pueblo, ese imaginario, al que tanto apela la izquierda marcada a sangre y fuego por el marxismo político y social, sigue estando ahí, atento, con capacidad de escucha y de emoción. Sobre todo de emoción, algo denostado por blando e inadecuado como factor de movilización popular.  Podemos lo ha activado. Ha resucitado una parte importante de la ciudadanía cansada, harta, saturada de tanta mierda en movimiento sin castigo. Cierto que Podemos lo ha tenido muy fácil. La absoluta degradación del reino de España a todos los niveles, ha generado un hartazgo ciudadano sobredimensionado. Cierto. Pero también otros han tenido y tienen esa oportunidad. La realidad está ahí, no solo para ponerle nombre y apellidos, sino para gestionarla y,  a ser posible,  transformarla.
La crítica política que la izquierda clásica está haciendo a Podemos es una crítica fácil, estructural, clásica, de manual. Una crítica estandarizada y siguiendo cánones de la vieja concepción del sistema de castas de  partido. Y eso es algo que Podemos trata de desterrar -la idea clásica de la participación política verticalizada- para lanzar a sus bases, el pueblo resucitado, a la primera línea de fuego y  de combate. La izquierda clásica está en una posición muy antigua. No soporta de Podemos la inconcrección, los vaivenes, las idas y venidas, las vueltas y revueltas, la no visibilización de sus líderes menores, aquellos que representarán al partido en las próximas elecciones y aún por determinar, la no sistematización de su programa y la validación técnico-política del mismo. ¡Cómo si en el resto de la izquierda eso hubiera sido  una constante¡  
La crítica de la izquierda, de los medios afines, de algunos líderes del PSOE, de IU y de los nacionalismos periféricos que ven amenazadas sus hegemonías o sus alianzas, es una crítica que se le podía exigir a la derecha, pero no a un nuevo movimiento de izquierda en construcción sobre la base de la amplia participación popular. Porque uno empieza a pensar que la participación popular, valor supremo de la izquierda revolucionaria y clave de Podemos, se presenta también como un elemento sospechoso y carente de credibilidad. Como si esa amplia participación fuera un elemento, más que garantista de lo que se supone un proceso democrático, un elemento de sospecha carente de poca cordura. Como si la amplia ciudadanía que representa Podemos fuera menor de edad y no supiera autogestionar este proceso al que se le exige concreción inmediata. Me cabe pensar que las críticas de no pocas izquierdas a Podemos se instalan en el vertiginoso vértigo a que  ven sometidas sus actuaciones, a las estrategias inmediatas de gestión de las ideas.
 Podemos no es tanto Podemos como lo que puede hacer la gente. Y si esto no lo percibe la izquierda, me preocupa. ¿No quedamos en que el pueblo, con sus herramientas de decisión, participación y acción, eran la base de todo proceso democrático? Hay algo que Podemos debe hacer. Concretar sus propuestas políticas y discursivas no significa que digan lo que van a hacer ya, que lo cumplan al pie de la letra, significa que expliquen muy bien las ideas y cómo abordarlas, así como los procesos que requieren su ejecución. La inmediatez y el cortoplacismo de la posmodernidad también puede con  la izquierda. Y esa izquierda ha sucumbido a la respuesta rápida y al hecho concreto en un ejercicio de sistematización inmediata. Y los procesos no son concluyentes de un día para otro. Y menos los procesos de este tipo que tratan de desmontar todo un régimen político absolutamente contaminado en sus principales estructuras de gestión y ejecución pública. Finalmente, creo que la izquierda, o parte de ella, así como no pocos medios mediáticos afines a ella, tienen miedo a que el efecto Podemos sea solo un tsunami de emociones y deseos. Muchos piensan que todo esto quedará  en el vacío ante el desinflamiento tras el choque con la realidad. Que eso lo diga la derecha, vale. Que lo diga la izquierda me preocupa. Porque entonces no habrá entendido nada. No tanto por lo que diga o deje de decir Podemos, sino por lo que la gente que cree en Podemos como vehiculo catalizador de sus indignaciones, está haciendo y está dispuesta a hacer.  En todo caso, servidor prefiere vivir entusiasmado a vivir eternamente convencido de que la realidad es inmutable.