miércoles, 22 de noviembre de 2017

Esas series que nos atrapan


La vida, la puta vida, la buena vida, la arrastrada, la indeseada, la querida y valorada, la temida, la inevitable como los últimos besos antes de morir, está aquí. En las series que nos atrapan. En todas las series de éxito que podemos disfrutar tras un día sin fin. Porque "algunas de las magnificas series occidentales  no solo reflejan la realidad política que vivimos, no sólo profetizan la que podríamos vivir, si no que su influencia es tal, (...) que están contribuyendo a definir y construir esa realidad "

Ego, las trampas del juego capitalista



"Es hora de pensar en una vía de salida, de nuevos modelos altruistas y de colaboración que no conviertan cada uno de los aspectos de nuestra vida en una ecuación matemática". Porque la codicia y el juego son estímulos suficientes para el juego d ella vida. 
Conjuguen esta lectura con la serie, Juego de Tronos y verán como lo que nos mueve, en una u otra dirección es el miedo. Como dice Jesús Aller "Nadie entiende lo que ocurre y los políticos que están a cargo del asunto se refugian en clichés: “No hay alternativa”“Si fracasa el euro, fracasa Europa”. La realidad es que han perdido el control, porque lo que se despliega son simplemente las estrategias de una guerra no declarada entre los estados y las entidades globalizadas del mercado financiero, que actúan simbióticamente con el gobierno de Estados Unidos. La última crisis no fue en este sentido una situación excepcional, sino una batalla más del conflicto. Los políticos aceptan que en este enfrentamiento el mercado encarna la “sabiduría” y los estados han de plegarse a él.
Insisto, convinen esta lectura con Juego de Tronos. Encontrarán las claves de esta terrible subsistencia.


lunes, 20 de noviembre de 2017

La vena insumisa



Soñé que yacía en una camilla, desnudo y cubierto por una sábana blanca. Unas correas me fijaban aún más a la sentencia del jurista. La camilla estaba anclada en el centro de un patio a cielo abierto. Era el patio de una cárcel. Abrí los ojos. Tras los barrotes de las ventanas que daban a ese patio, vi algunos presos que  lloraban lágrimas de sangre. Presenciaban mi propia ejecución. De una puerta metálica vi salir a un enfermero que portaba un maletín. Se acercó a mi. En su retina llevaba grabada la imagen de un caballo muerto.  Me preguntó si sabía mi nombre. Le dije que llevaba veinte años delirando por un corredor sin destino. Me preguntó si recordaba el delito por el que me iban a inyectar Tiopental sódico. No, respondí; lo he olvidado. Entonces me examinó como un chacal en medio de la noche. Me cerró los ojos con un masaje que agradecí. Y sentí que cogía mi brazo con fuerza.  Buscaba una vena como se busca el ultimo amor. Pero no halló nada. Solo un rumor que llegaba del infierno. Por aquellas venas insumisas no corría sangre, solo temblores de remordimiento.
            Pasaron varios minutos en los que creí navegar por el río blanco de la muerte. Y sentí que mi alma sesteaba en un lugar bello e incierto. Entonces oí como los presos gritaban mi nombre. Pero el verdugo seguía buscando aquella vena insurrecta con una aguja inflamada de venganza. Noté un mareo prolongado. Pensé que después de tantos años esperando morir, ni siquiera había aprendido a sufrir.
Entonces, el enfermero se retiró llorando y me dijo que toda severidad es inhumana. Ahora estaba solo, en la escena de un crimen premeditado pero de una delicadeza salvaje. Y soñé.

Este hombre se llama Alva Campbel, tiene 69 años. Fue condenado a muerte mediante inyección letal  el pasado miércoles, en Ohio (USA). Los verdugos trataron en vano de encontrar esa vena rebelde que acabara con su vida. No pudieron y Campbell volvió a su celda para seguir muriendo a plazos.

Articulo publicado en Noticias de Navarra el 20N. Hace 42 años murió Franco sin necesidad de inyección letal. Cosas de la historia. 

martes, 14 de noviembre de 2017

No es vivir, es cómo vivir

Agencia Magnum
¿Hay vida más allá de Catalunya? Tal vez sí. Lo dicen los informes de la OCDE. Porque España, después de Japón, es el segundo país con más esperanza de vida después. Aquí la gente puede vivir encabronada, pero llegar hasta los 83 años. Otra cosa es cómo llegamos. Porque como decía Thomas Mann, la vejez es la peor de todas las corrupciones. Pero que a tus 60 te recuerden que llegarás a los 83, te reconcilia con la vida. 
Decía que no es llegar, sino cómo llegar. Porque vivir de prestado es más agobiante que sestear en un sanatorio. Por eso,  la ONG Help Age International decidió crear en 2013 el Índice Global de Envejecimiento aplicado a personas de más de 60 años. Este índice mide la calidad de vida que un país puede ofrecer a sus mayores. Utiliza cuatro indicadores: las pensiones, la salud, la inversión en políticas públicas de dependencia y la libertad de elección para vivir de manera autosuficiente.
La cosa va del 1 al 96. El puesto 96 sería para el país que peor trata a sus  adultos. En 2016, España ocupó el puesto 25 empeorando respecto al año anterior y situándose en un nivel medio en facilitar a sus mayores un final más pleno y feliz. 
Y es que España cuida mal a su gente grande. Viven más porque sus familias, a falta de recursos y prestaciones públicas de calidad, los cuidan y protegen. Viven más porque están muy medicalizados. Y eso resta calidad de vida saludable. Viven más; pero por eso mismo se exponen a vivir en soledad. Y esto es muy jodido. Y sí, viven más, pero su capacidad para decidir está condicionada por sus ingresos. La pensión media ronda los 950 euros. No está mal. Pero casi dos millones de mayores de 65 años viven con 15 euros diarios. A ellos la vejez no les brinda reposo alguno. Ya ven.
 Vivan hasta los 83 si pueden. Pero no se obsesionen con ir más allá a cualquier precio. El Estado los quiere vivos, pero sus familias felices.


Articulo publicado en Noticias de Navarra 

lunes, 6 de noviembre de 2017

Ruido



Ahí fuera hay mucho ruido. Pareciera que todos viviéramos acelerados en busca de una nostalgia insatisfecha. Y a plena luz, solo queremos que llegue la noche. Para sentir la paz de los ahogados. Ahí fuera, el ruido nos inflama y obliga a despejar mil ecuaciones imposibles. Algunos incluso han perdido la voz y no pocos la  cabeza. Otros proclaman  un inconfesable agotamiento. Y en otros lugares, donde se mece un mar de azules balcánicos, mucha gente se imagina muriendo de la enfermedad más noble y romántica. Pero también les diré que mientras tanto, muchos menesterosos siguen sosteniendo sus vidas buceando en los contenedores de basura.
Y sí. Esto tiene que ver con Catalunya. Y  con el golpe de Estado travestido de constitucionalismo de saldo. Me dirán que están cansados, hartos. Que, salvo los iluminados, desconocen cómo resolver este endiablado jeroglífico político. Porque los medios han convertido a las víctimas en verdugos y viceversa. Porque se ha performatizado un conflicto político en un circo informativo muy rentable.
            Llevo cuatro columnas escribiendo de lo mismo. Haciendo filigranas para evitar el desasosiego. Podría haber hablado del nuevo Parlamento Joven de Navarra, una experiencia pionera en el Estado que empieza mal. Porque incumple la representación paritaria de sus miembros. De treinta personas solo ocho son mujeres. Y esa disparidad me lleva a pensar en la ausencia real de mujeres en el procés. No me digan que ya están Colau y Gabriel. Ellas son concebidas como anomalías y por ello han sido estigmatizadas y  excepcionalizadas. Y es que el género, como categoría social de relación y poder, está ausente del procés. Porque el feminismo catalán, líder de tantas  aspiraciones, no ha tenido arte y parte en la construcción de esta frágil Republica. Y eso demuestra que los proyectos políticos patriarcalizados abusan del ruido pero ignoran los sueños de las mujeres.

 Este articulo se ha publicado en Diario de Noticias



viernes, 3 de noviembre de 2017

La hitlerización del gobierno de Rajoy

Companys, Tarradellas, Xirau y otros representantes de ERC, encarcelados tras la intentona de 1934. Después de 83 años, la historia escupe dosis de realidad

El encarcelamiento de los Consellers y Junqueras es un salto represivo cualitativo de gran envergadura. Y sitúa a todos los partidos de izquierda y a la ciudadanía española ante un holocausto político. Con esta decisión política más que judicial, por mucho que el stabilisment mediático se empeñe en tecnocratizar, el gobierno entra en fase de reconquista.  Inicia un proceso de ensañamiento en Catalunya y olvida toda tentación negociacionista si alguna vez la tuvo. La hitlerización del gobierno de Rajoy en Catalunya es una realidad que pretende aniquilar todo vestigio independentista. Y se demuestra que Rajoy ha desempolvado la táctica represiva que durante años puso en marcha la derecha política y judicial en Euskadi.
Si tras las elecciones del 21D el bloque independentista vuelve a ser hegemónico, el bucle nos volverá a atrapar. Y quienes confíen en la mirada o el rescate judicial de Europa ante el bloqueo español, ignoran que se la juegan con una Europa neofascista, derechizada, ultra liberal y antinacionalista.
Y queda la ciudadanía. Sumida en el desconcierto, agotada y desnortada frente a una situación desconocida para esa nueva ciudadanía  que no han vivido ni 23Fs ni posfranquismos de candado sin echar. Una ciudadanía obligada por la fuerza de los hechos a reconstruirse a cada instante, a entender cada movimiento sin tiempo para procesar consecuencias. Un tiempo vertiginoso desacompasado ante el  enorme peso de la historia que se quiere escribir.

Euskadi ha vivido estos tiempos. Ha tenido a sus líderes, algunos, en prisión por defender ideas políticas. ETA justificaba entonces  todos los movimientos de un poder encaramado en la venganza constante. El resultado del proceso final, a mi juicio, es una desafección enorme por y para  reconstruir la política. Un descreimiento brutal que bloquea todo movimiento utópico y de resistencia. Así las cosas, procuremos no repetir procesos sin salida. O con salida en falso. Esos que anulan toda vocación utópica y revolucionaria. ¿O esto suena muy raro? 

miércoles, 1 de noviembre de 2017

El poder de la víctima


Vivimos rodeados de victimismos, de gente que se viste cada día con la a piel de un cordero degollado. De gente victimizada por la vida y la muerte, la pena y la alegría, la pobreza y la enfermedad, de gente que ha hecho de su rol de víctima una bandera de la existencia, de gente de  todo tipo y condición que usa el victimismo como arma de poder. En el trabajo, en la familia, en las cuadrillas de amigos y amigas, en la política, en los grupos, en los partidos. En cualquier sitio levantas una piedra y aparece una víctima de algo.
Este libro destroza a las víctimas y las pone en su sitio. Y las evidencia, las ubica en ese lugar que se merecen que no es otro que la deconstrucción de su poder. Un poder tóxico y contaminado por la incontinencia de una personalidad carente de autonomía e inmune a cualquier crítica.