lunes, 15 de enero de 2018

Politizaciones del malestar



Llegas a una librería, como ya la conoces, la quieres recorrer en el mismo sentido que lo vienes haciendo cada día que te pierdes por allí. Pero esta vez, un libro, este que ven ahí arriba, te lleva por otro pasillo. Y te empiezas a leer la primera página, la contraportada no la suelo leer nunca. Y descubres en la página 17 unas líneas que dicen: "No creo en nada/pero si no creo en nada/entonces puedo creer en lo que me hace vivir". Y me dije, ya está, otro libro de autoayuda enmascarado, aunque de sobra sabía que no lo era. Pero esos primeros apuntes me hicieron abrir otra página. Por ejemplo, la 42, en concreto el segundo párrafo, donde dice "Desorden: me refiero al gozo de dar una patada al consenso que, con buenos modales y bonitos discursos, nos ha traído la ruina". Entonces sí, me empiezo a dar cuenta que allí hay materia muy atractiva, novedosa y con un tono experimental muy envolvente. Porque hacer emerger la idea de dar una patada al consenso es abrir las puertas a la crítica necesaria ante  este buenrrollismo y buenísimo que nos invade tan propio del nuevo ciudadanismo participado que no participativo que en muchas ciudades del cambio padecemos. Pero en la página 43 encuentro una frase: "la desconfiguración de la izquierda". Y no es que yo vote a Ciudadanos, pero ese concepto y la suma de lo anterior encontrado en las anteriores  43 páginas, me hizo comprar este libro necesario.  Ver más

A toda pastilla

La extracción de la piedra de la locura

Alprazolam, Loracepam, Diacepam, no son una banda de hermanos, tampoco apellidos raros. Son arte y parte de nuestras biografías hechas girones. Nos  esperan ahí, en medio de la noche, cuando los demonios bailan en medio del sueño. O cuando al salir de casa sentimos  que la vida es un montón de chatarra acumulada. Y es que sin esas partículas de benzodiacepinas de alta potencia, muchos no arrancaríamos el día. Porque pareciera que vivimos extraviados en nuestros propios laberintos. Y es que según datos del Observatorio de Salud Comunitaria de Navarra, nos dopamos mucho. O eso parece. Las mujeres navarras el doble que los hombres. De ellas, casi un 18% recurre a ansiolíticos  mientras los hombres lo hacemos  un 8%. Por otro lado, casi un 25% de las mujeres navarras sufre trastornos mentales en algún momento de su biografía. Dicho así, pareciera que esto es cosa de cada cual, de su desajuste privado, de sus neuras. Como si las relaciones sociales, de producción o de género; como si el paro, la precariedad,  la exigente individualización de los deseos,  las expectativas ante los proyectos de vida, los horarios salvajes, la inseguridad vital, la dualización social, la costosa conciliación, la autoresponsabilización o la autoinculpación por cada gesto involuntario fueran ajenos a ese malestar social y político pero individualizado y desocializado. Como si nuestras vidas, a veces muy jodidas,  medicalizadas y psiquiatrizadas por orden de las multinacionales farmacéuticas y los discursos clínicos hegemónicos, fueran ajenas a la dominación poscapitalista que encuentra en la medicalización un excelente aliado para privatizar  y despolitizar tanto dolor social.

Una vez le pregunté muy  preocupado a mi psiquiatra por mi largo tiempo en el paro. Tu de momento, me dijo,  sigue con los antidepresivos. Más  adelante ya veremos. Pero yo no entendí aquel consuelo para un malestar tan común.

Artículo publicado en noticiasdenavarra.com el 15 de enero de 2018. Este mismo día, en 1831, Victor Hugo terminó de escribir Nuestra Señora de París.

lunes, 8 de enero de 2018

Felices



En aquel país en bancarrota, su presidente, un yonki de la posverdad,  había convertido  la mentira en un acto honorable y la estafa en una actitud subvencionada. Pese a ello, aquel país era feliz. Los jubilados morían en invierno al calor  de estufas congeladas, muchas camareras a precario celebraban a diario su despido, algunos banqueros cerraban tratos con atracadores y la policía, los jueces y hasta la abogacía del Estado ya no se regían por la Constitución  sino por los guiones de las series de TV más populares. Aquel país era feliz así, con sus parados varados en un consumo apocalíptico, sus millones de turistas alimentando una economía falaz y depredadora y sus miles de jóvenes desempleados huyendo a otras tierras prometidas. Aquel país, donde unos tenían desgracias y otros obsesiones, era feliz así. Sonriendo a la adversidad santificada como un mal necesario. Por poner un ejemplo tonto; en 2017 hubo 45.495 desalojos forzados de viviendas donde vivían 40.000 niños o adolescentes. Aquello sonaba mal, sí, pero la gente era feliz mirando para otro lado. Aunque casi cinco millones de trabajadores no hubieran tenido subida salarial en los últimos diez años y otros dos millones de desempleados no cobraran ninguna prestación del paro. Pero era igual, seguirían apoyando a ese presidente venal que  siempre tenía a mano  un chivo expiatorio: "la única sombra que se cierne sobre la economía española es la inestabilidad catalana”. Porque allí la gente había olvidado que vivir es indignarse y era feliz mientras los telediarios solo hablaran de gilipolleces propias de una reunión de vecinos malencarados. Porque en aquel país, del que muchos querían huir, la  gente sabía  que la realidad no se ajustaba siempre a un orden alfabético. En estas, llegaron las rebajas y la gente se atrincheró en las barricadas del consumo. Había que hacer frente a tanta bobada. 

Articulo publicado el 8 de enero de 2018 en Noticias de Navarra 


viernes, 22 de diciembre de 2017

La primera noche de invierno





Dijo Italo Calvino que tuvo que escribir el inicio de esta novela diez veces. No porque no se inspirase, sino porque el guión mental que exigía la estructura de su obra requería de un lector de novelas imaginario que "por vicisitudes ajenas a su voluntad, no consigue acabar".
Suelo empezar esta novela la primera noche del invierno. Lo llevo haciendo años.  No la acabo de leer nunca para  empezarla de nuevo  cada primera noche del invierno que se estrena. Y la sensación es la de empezar un nuevo viaje cada 21 de diciembre. Cada año recuerdo las sospechas, las sensaciones, las manías, los miedos o las reservas al comenzar, otra vez, Si una noche de invierno un viajero. Porque cada año el mantra del inicio es purificador: "estás a punto de empezar a leer la nueva  novela de Italo Calvino, relájate. Concéntrate. Aleja de ti cualquier otra idea. Deja que el mundo que te rodea se esfume en lo indistinto. La puerta es mejor cerrarla; al otro lado siempre está la televisión encendida..."
Cada año, la noche del 21 de diciembre Italo Calvino nos ofrece la oportunidad de cumplir años como si el tiempo no hubiera hecho mella en tu rostro.

lunes, 18 de diciembre de 2017

¿Procés 2.0?

Fotografia: Fernando Capdepón

El jueves la ciudadanía catalana vuelve a las urnas. Ya sé que les cansa. Eso también dicen los vecinos de al lado en el último sociómetro elaborado en Euskadi. Preguntados sobre qué sentimientos les produce el procés, mayoritariamente contestan que  incertidumbre y aburrimiento. Porque no ver resultados decepciona. Y es que si el 1-O se planteó como un referéndum épico, el 22-D puede amanecer distópico. Todo apunta a un gobierno imposible polarizado entre unionistas e independentistas. Algo por lo que el PP brindará con cava. Porque en esa tensión le va la vida. ERC ganará, pero  los Comuns serán decisivos. Y cualquier decisión les pasará factura y fractura.
Pero lo más importante es analizar los escenarios que se configurarán. Una victoria del independentismo inaugurará el Procés 2.0. Y entraríamos así en la segunda versión del bucle. De ese bucle, los independentistas creen que se sale airoso si: Europa se harta del recorte de derechos políticos a la ciudadanía catalana o, si el impacto económico de esa segunda intentona independentista afecta a las estrategias de acumulación económica europea. Es decir, muchos independentistas creen que la solución catalana está en Europa.
Por otro lado, si el unionismo gana el escenario será aterrador. Porque el PP no negociará jamás. Porque el PP, Cs y PSC restaurarán un autonomismo de saldo con la guillotina del 155. Y eso se exportará al resto de España.
Por eso creo que ninguno de estos escenarios desbloqueará el conflicto. Porque el desenlace de este conflicto político, no solo está en Cataluña, que también, sino en el resto del Estado. Catalunya no se irá de España, con garantías, sin el apoyo de las clases populares del resto de autonomías y nacionalidades. Sin el apoyo de un frente de lucha plurinacional que fuerce un escenario para articular  nuevos estatus políticos y jurídicos.
La izquierda aceptó de derrota de la Comuna de París y eso posibilitó la Revolución Rusa. No digo más.

 Artículo publicado en Noticas de Navarra el 18 de diciembre de 2017 

lunes, 11 de diciembre de 2017

La otra desconexión


¿Qué extraña pulsión nos hace contestar un email o un whatsapp a las cinco de la madrugada, en medio de la noche? ¿Qué nos hace estar en permanente tensión y contacto, en pie de guerra, sin tregua, a todas horas, sea de día  o de noche, en el cielo o el infierno, en las cimas, en medio de una cena, mientras nos besamos, sea aquí o en el Kalahari? ¿ Qué nos ha pasado que la vida es imposible sin estar conectados, sin sentir el fogonazo vibrante de nuestro móvil, sin responder de inmediato a las órdenes que nos llegan cada cinco minutos? ¿Qué nos ha pasado a gentes que nos creímos dueños de cada acto sublime y cotidiano  de nuestras vidas?  ¿Qué nos ha ocurrido para sucumbir ante el imperativo digital, ese que ya sólo pregunta dónde estás en vez de cómo estás?
Sé que esto se lo plantean, porque es abrumador. Que lo han pensado, dado vueltas y más vueltas. Quizás hayan pensado en la insumisión digital. O quizás lo hayan dejado por imposible. Como una derrota merecida de nuestro tiempo. Pero esta nueva forma de movilización total y gratuita, porque de esto va la cuestión, tiene su cosa.
 Maurizio Ferraris, ha escrito un librito cargado de ideas para identificar nuestra dependencia digital. Se titula “Movilización total” y es pura dinamita contra esta nueva dominación y  responsabilización permanente a que nos obligan los dispositivos móviles. Un libro que se pregunta por qué lo hacemos: escribir, contestar convulsivo, llamar, decir dónde estamos, preguntar dónde están los otros, mandar fotos estúpidas y hasta enfadarnos si no hay respuesta.  Por qué exhibimos impunemente nuestro narcisismo. Y es que cada día mandamos sesenta y cuatro mil millones de mensajes. ¿Qué nos decimos?. Poco importa el contenido. Pero sí lo que supone esa  movilización que generan los aparatos de dominación de la intencionalidad. Así los llama Ferraris. Léanlo y atrévanse a desconectar. Ahí empieza una nueva insumisión.




jueves, 7 de diciembre de 2017

¿Tornarem?



El alcalde convocó a los socios de gobierno municipal. Llevaba tiempo con un extraño run run. No sabía identificarlo pero silbaba en cada conversación, en cada pasillo. Como un eco inquietante. Él era especialista en echar la vista atrás y sabía cómo se comportaba el tiempo. No en vano era historiador. Por eso quiso situar a la ciudad en el centro de la narración. Pero a veces, las ciudades se convierten en abstractas u hostiles. De esa ecuación nacía aquel run run.
Él había renunciado a muchas cosas. Y caído en no pocas contradicciones. De palabra, obra y omisión. Como un servidor. Sabía que gobernar una ciudad requiere no solo de ideología, que también, sino de un plan y mucha habilidad de gestión. Y esa gestión, en aquel postcapitalismo estético y compulsivo, exigía cintura. Para sortear las trampas del capital del que, en principio, él renegaba. Lo sabía, sí, pero el tiempo se comportaba de otra manera. Porque gobernar la ciudad no consiste solo en arreglar las grietas del asfalto, sino las grietas de la gente. Y exige saber qué tipo de ciudad quieres y estar libre de cargas. No deber nada a nadie. Y allí, donde él gobernaba, se había sellado un pacto de sangre, casi una omertà con el conflicto. Y eso tenía sus riesgos. Porque a veces se  abrían las venas de la responsabilidad contraída. Por eso, de un tiempo a esta parte, pensaba que las  cosas se hacían  “por si acaso”. Yo le entendía. Y quizás aquel run run tenía que ver con todo ello. Porque últimamente se preguntaba  si seguiría gobernado la ciudad en 2019. Él y los suyos, que eran los de muchos.  Y eso también se rumiaba en aquella muy noble y gloriosa ciudad. Porque ese era el  postre de toda cena que se preciara.
Aquella noche, en su libro de cabecera encontró esta cita: "Podemos estar orgullosos de lo que hemos hecho, pero jamás de lo que hemos dejado de hacer. Ese orgullo está por inventar”. Aquella noche despejó el run run.

Artículo publicado en noticiasdenavarra.com